Hysterical Hysterical

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Clap Your Hands Say Yeah Clap Your Hands Say YeahHysterical

6.1 / 10

AUTOEDITADO

Como si se hubieran asustado de su propia y marcadísima identidad, Clap Your Hands Say Yeah parecen conformarse con meterse en el vagón de cola del indie internacional como una buena banda más, apostar por sonidos primos hermanos de The Killers, juguetear con los manidos ecos ochenteros post-punk revival y a así, sin demasiado más que aportar, silenciarse como gotas de lluvia que caen sobre el mar, vaya a ser que alguien les castigue por llamar la atención. “Hysterical” es un disco bien hecho con canciones evocadoras, nostálgicas y melodías dulces aderezadas con las cantidades necesarias de distorsión, de arpegios de guitarras brillantes y de algunos efectitos para hacerlo todo más variado, con la peculiaridad vocal de Alec Ounsworth siempre como elemento destacado. Pero, con una producción a manos de un John Congleton (Bill Callahan, Explosions In The Sky y The Walkmen, entre otros), que carga de capas el sonido y rebaja la voz a la altura de los instrumentos, no hay nada de exceso en este disco, que despertaba grandes expectativas tras cuatro años de silencio como banda y proyectos paralelos de sus miembros. Y el exceso, desnudo, eso sí, del primer disco había sido su gran fuerza.

En medio de una incontenible moda de cantar medio en falsete y con una voz aguda un poco de pito, el homónimo debut de CYHSY (Wichita, 2005) extremaba casi hasta la parodia esa tendencia vocal para dejarnos noqueados con una especie de patetismo amargo y circense, con atmósfera de juguete y sonajero, que conseguía aturdirnos y emocionarnos en cada tema sin necesidad de demasiados artilugios. En su irregular segundo disco, arriesgaban con temas más elaborados, tocando la tecla de los sentimientos sólo con algunos, y rebajando un poco esa especie de esquizofrenia vocal que sufría Alec Ounsworth.

Como si esa afortunada enfermedad se hubiera curado ya del todo, “Hysterical” es simplemente un disco más, eso sí, de buenas canciones. Un disco bien hecho y adecuado, que en este caso no acaba de ser una virtud. Desde el primer sonido de “Same Mistake”, se adivinan las intenciones evocadoras de los 80, en ese teclado agudo y épico de fondo tan propio de The Cure y otros tantos. Las melodías de voz, tiernas y emotivas, recuerdan desde el primer momento a los –casi– mejores The Killers. En la misma línea, “Hysterical” prosigue algo más acelerada y rockera, con similar estribillo, acariciando sentimientos parecidos, de esos que invitan a una huída en un coche descapotable con nostalgia y viento en la cara. Los efectos especiales e inflados (un poco The Flaming Lips) del single “Maniac” nos llevan a la pista de baile sin perder la cabeza, pero rebaja la emotividad con ritmos más divertidos. Es una excepción en un disco que busca por encima de todo tocar la fibra con melodías delicadas y ruidismo contenido, como seguirá consiguiendo con “Into Your Alien Arms”. Tras invitarnos “in a motel” a esa típica canción con guitarra acústica y sin percusiones que sirve de impasse, reaparece en “Yesterday, Never” el más que evidente parecido con The Killers (incluso con refrito de Muse en la potencia épica y un ukelele como el que tanto éxito les dio a sus primos segundos Spinto Band). Se trata del tema más irregular del disco, por momentos ridículo. En la recta final, Ounsworth intenta fallidamente retomar de una manera contenida su esquizofrenia vocal en “Ketamine Or Ecstasy”, pero nunca consigue sonar tan yonqui como en las canciones (realmente) histéricas de su debut.

Germán Aranda

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