24 Hour Karate School Presents: Twilight 24 Hour Karate School Presents: Twilight

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Ski Beatz Ski Beatz24 Hour Karate School Presents: Twilight

7.3 / 10

Parece difícil que en un futuro lejano Ski Beatz facture un hit rompecuellos, un single redondo con larga vida en las listas o un himno de club que le haga millonario para el resto de sus días. Y parece más complicado aún que su firma acabe figurando en el encabezamiento de un álbum que pueda cambiar el destino del hip hop o, cuando menos, aspirar a ello. En su momento quizás pudo haberlo conseguido, cuando metió mano y tuvo parte de culpa en la confección de “Reasonable Doubt”, el debut de Jay-Z, y un futuro dorado se abría a su paso, pero fiel a su espíritu libre, imprevisible e informal, el productor de Carolina del Norte nunca quiso unirse a la rueda del éxito fácil y prefirió ceñirse a un objetivo tan o más lícito: dar con un sonido propio e inimitable. Lo ha conseguido ya en plena madurez, después de unos años de relativo silencio, y de la mano de Damon Dash, que además de propietario del sello DD172 ejerce de mecenas concienzudo y entregado de nuestro protagonista.

La saga “24 Hour Karate School”, iniciada a finales de 2010 con un primer episodio de absoluto redescubrimiento para viejos fans con memoria frágil, supuso una vuelta inesperada con la que nadie contaba, y no tanto por el mutismo con el que se había movido su trayectoria hasta la aparición, meses antes, del debut oficial de Curren$y producido por él mismo, como por la evolución creativa que mostraban sus canciones. Era otro Ski Beatz, más orgánico, sin miedo alguno a incorporar instrumentos en su rutina de estudio, menos impulsivo y, sobre todo, más abstracto e inclasificable. Dos episodios después, la trilogía alcanza una nueva dimensión con “24 Hour Karate School Presents: Twilight”, disco que estiliza y matiza ese hip hop cenagoso, tóxico y fumeta con el que ha sabido reinventarse y que aplica papel de lija para desembarazarse del tono más aguerrido y eléctrico de “24 Hour Karate School Pt. II”. Es otro cambio de tercio que ayuda a definir la vertiente más perfeccionista de su discurso.

En esta ocasión, las guitarras distorsionadas dejan paso a saxos noctámbulos, teclados melancólicos y sintetizadores juguetones. Y una vez más se activa el factor sorpresa en repetidas ocasiones: “Heaven Is” o “Living It Up”, con sus irresistibles ademanes de jazz noir; “Fly High”, y ese exultante perfume boom bap que remite a la época de “Reasonable Doubt”; “Time Goes”, con Mac Miller, de irreconocibles reminiscencias ochenteras; o “Do It For The Green”, fascinante balada fúnebre que se encuentra entre lo mejor que haya grabado nunca. Le acompañan en esta travesía clásicos compañeros de fumeteo –Curren$y o Smoke DZA–, nuevas estrellas del firmamento –Mac Miller, Mickey Rocks, de The Cool Kids, o Stalley– y veteranos que no necesitan carta de presentación –Murs, aunque en este caso con una canción ya incluida en su último álbum–, protagonistas todos ellos de una selección breve y concisa, once canciones, poco más de media hora, en la que el sonido Ski Beatz vuelve a rezumar personalidad.

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