Hospice Hospice

Álbumes

The Antlers The AntlersHospice

8.6 / 10

The Antlers  Hospice FRENCHKISS / POPSTOCK!

“Hospice” no es la primera grabación de The Antlers, pero sí puede considerarse como el debut en condiciones del grupo. El proyecto de folk de alcoba de su alma máter, Peter Silberman, ha ido creciendo hasta trascender y convertirse aquí en una banda desarmante, con Darby Cicci y Michael Lerner ya reclutados como miembros fijos. Hasta ahora y desde que se mudara a la efervescente Brooklyn, Silberman había dado sus primeros pasos en solitario en baja fidelidad. Ahí están algunas de sus aventuras discográficas como el disco-canción “In The Attic Of The Universe” (2007) o experimentos como “The February Tape”, un EP de 2007 grabado en una hora dentro de una bañera. Pero es este “gran disco enfermo” el primer trabajo en el que Silberman pone toda la carne en el asador recordándonos que a veces los discos pueden no ser divertidos ni fáciles de escuchar. También es el primero que no ha ofrecido como descarga gratuita desde su web.

Autoeditado el pasado marzo después de más de dos años de trabajo, su abatido autor declarada entonces al respecto: “por surreal que suene, no podría ser más feliz”. Deprimido, por fin había dado forma final a un álbum que acrisolaba toda su tristeza. Su gran acogida entre el público americano propició su relanzamiento este agosto a manos de Frenchkiss, la casa discográfica de The Dodos, Passion Pit y Les Savy Fav. Su autor veía así reforzado su talante y su credo en un disco desolador en el que volcó todas sus fuerzas. Y es que “Hospice” es una bomba de relojería a nivel emocional. Tirando de su obsesión por los hospitales, Silverman relata en forma de diario la historia de una enferma y su relación con la persona que la cuida. Adusto, desolador y presuntamente autobiográfico, el origen del mismo se sitúa en la desasosegante “Sylvia”, un tema aquí presente pero que data de 2006 y que ya fue incluido en el EP “New York Hospitals” del año pasado. A partir de ahí y estirando una serie de grabaciones caseras que tenía en la guantera, “Hospice” fue tomando forma hasta erguirse en un disco conceptual sobre la muerte y sus afueras. Un claustrofóbico catálogo de folk ahumado, pop en coma y arañazos de shoegaze atravesado por una narración de desoladoras pero bellísimas letras.

Disco de amarga digestión y estética grisácea, “Hospice” es un reto trágico por el que merece la pena dejarse flagelar. Catártico y desgastado, su tono de congoja envasada al vacío trae a la memoria inmediatamente a Ed Droste grabando en su habitación el que fuera su debut en solitario, aquel Horn Of Plenty sin asideros que significó para Grizzly Bear lo mismo que “Uprooted” (2006) para The Antlers: la génesis de una gran banda localizada en un aislado proyecto de folk de dormitorio. Por su parte, los volátiles arreglos y el aura de épica estancada que recorre todo el metraje conectan con las fatídicas aspiraciones del elegíaco “Funeral” de Arcade Fire, banda de la que parecen un reverso mucho menos histriónico, de un luto más discreto. Más conexiones: el expresionismo sombrío de sus admirados Neutral Milk Hotel, el tono fluido de Grandaddy en lo atmosférico de esas canciones-nebulosa y, sobre todo, el carácter marginal y polvoriento de bandas con peor suerte de la que merecen, como The Wrens y The Walkmen (Hamilton Leithauser está presente en “Sylvia” como un fantasma).

Mucho más que la suma de sus partes, “Hospice” es el exorcismo particular de un Silberman que, ante todo, necesitaba escribirlo y sacárselo de encima. Su tamizada voz parece morir de pena en cada verso de los diez dilatados temas, arrepentida de cosas que nunca dijo y acusadora con los amigos que dejaron a su paciente en la estacada cuando ésta más los necesitaba. A partir del tétrico prólogo instrumental comienzan a llover los mazazos, el primero en “Kettering”: “no les creí cuando me dijeron que no había cura para ti”. Desde ahí ya todo es cuesta abajo según el rasero de la esperanza, siempre basculando entre el amor y la muerte . En la maravillosa “Shiva” los teclados difusos resuenan como ambulancias a lo lejos, en “Sylvia” hay un intento de suicidio y en “Bear” se habla del aborto. Los seis minutos de implosivo despliegue instrumental de “Two” simbolizan la espina dorsal de un disco que cierra “Epilogue” (reprise de “Bear”) con unas cuerdas finales que ponen los pelos de punta. Así es “Hospice”, una pesadilla con la querer soñar cada noche. Oídos deprimidos: ¡ya está aquí el otoño!

Cristian Rodríguez

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