Horehound Horehound

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The Dead Weather The Dead WeatherHorehound

8.1 / 10

The Dead Weather  Horehound THIRD MAN RECORDS

Que conste que, antes de escuchar “Horehound”, por mi cabeza pululaba la sospecha de que la puntuación final de esta reseña no iba a estar por encima del 6 pelado –y que conste, de paso, que el hecho de que utilice la primera persona aquí no debe entenderse como ego periodístico, sino que bien podría ser una treta de crítico para ficcionar una figura a la que va especialmente dirigida esta reseña: la gente que odia sistemáticamente todo lo que hace Jack White... que son legión–. Y es que The Dead Weather lo tienen todo para desagradar. En los últimos tiempos, el alma de The White Stripes ha pasado de ser un genio precoz a un culo de mal asiento con mil frentes abiertos en los que nunca parece ganar la guerra por mucho que salga victorioso de alguna que otra batalla. El siguiente paso en la apertura del caleidoscopio White es este súper grupo bajo el que se amparan la voz de Alison Mosshart ( The Kills), el bajo de Jack Lawrence ( The Raconteurs) y la guitarra de Dean Fertita ( Queens Of The Stone Age). El propio White, más allá de cantar testimonialmente en un par de temas, se reserva la batería... y aquí llega el primer alzamiento de ceja. ¿El genio egomaníaco cediendo el protagonismo de la primera línea? Esto se pone interesante.

Entonces llega la primera escucha. Como toda primera escucha que se precie, es mejor hacerla por la vía de la desmitificación. En esta ocasión, el calado inicial de “Horehound” se filtró en mis horas de trabajo, y aunque en esas circunstancias implicaba una atención intermitente, fue suficiente para vislumbrar un blues-rock gótico en el que brillan los destellos plateados de una ceremonia de vudú sureño a altas horas de la madrugada. Al chocar de frente con semejante definición, el 6 pelado empezaba a difuminarse... ¿Habíamos pasado del 7? Y es que, además, hay que tener en cuenta que White ha conseguido que The Dead Weather eche a andar en el tiempo en el que cualquier otro grupo aún estaría en su fase anal: el proyecto surgió tras la gira que compartieron The Raconteurs y The Kills y, al parecer, las 11 canciones de “Horehound” se grabaron en unas cuantas jam sessions. Ni rastro de prisas en el sonido final: incluso a través de las brumas de un trabajo de oficina, el disco te cae en el ánimo como un mazazo musical granítico, coherente y demoledor.

Sólo queda un paso, el definitivo: las escuchas de cerca, dejando que te empape el sudor de la banda. Y en “Horehound” hay sudor para dar y tomar, además de otros fluidos corporales (piensa mal y acertarás) que han quedado esparcidos por la pista de baile de madera de un antro de carretera del sur de Estados Unidos. El primer tema, “60 Feet Fall”, ignora cualquier tipo de pretensión comercial (esa pretensión que dice que la apertura de todo álbum ha de ser vendible) para remolonear en un arranque lento y pausado, como si las conversaciones del principio de “Death Proof”, en ese mismo entorno de coches y bares de carretera, se materializaran en un esqueleto desnudo de batería, una voz recién aterrizada de 1974 y una guitarra ebria de tequila. A partir de ahí, los temas se suceden como un greatest hits de unos Led Zeppelin venidos de una dimensión paralela en el que el culto al Diablo es la religión común: el cerdismo de sexo (musical) primitivo de “Hang You From The Heavens”, el rock de teclados triposos de “I Cut Like A Buffalo”, la guitarra de granito de “3 Birds”, la instrumentación hipnótica y casi chamánica de “Will There Be Enough Water?”, la versión de Bob Dylan empapada de cristal líquido que es “New Pony”... y, sobre todo, ese acto supremo, el culmen de la ceremonia pagana: “Treat Me Like Your Mother” y su lisérgica pero sublime fornicación transgenérica entre blues-rock y hip-hop. Insuperable. ¿Se estaba acercando el 7 a un 8?

Más escuchas. A cada nueva pasada, los horizontes sonoros de “Horehound” se van abriendo. La batería de White es, sin perder nunca los parámetros de John Bonham, una trinchera perfecta desde la que manejar a sus nuevas marionetas; mientras que la voz de Alison Mosshart, desencasillada del estilismo trendy-rockero de The Kills, se revela tremendamente versátil, como una rosa negra que se abre en múltiples pétalos que te hacen desear su aterciopelada textura sin obviar que no muy lejos crecen las pertinentes espinas. Pero si hay un verdadero protagonista en el debut de The Dead Weather son las sorprendentes guitarras de Dean Fertita, que no titubean a la hora de pasear por la pasarela que recorre todos los lugares comunes del blues monstruoso, el goticismo roots y el gorrineo rockero... Rendición total. Tanta que, al llegar al final de esta crítica (¿quién? ¿el que escribe? ¿el que escucha? ¿el que lee?), es inevitable alzar la bandera blanca por encima del 8. Hay que reconocer que, en la carrera de Jack White por exhumar el cadáver del rock setentero, “Horehound” es su mayor éxito cualitativo desde el lejano “Elephant” (V2, 2003) de The White Stripes; además de ser el bautizo de una banda que, a diferencia de los impostados The Raconteurs, tiene por delante un futuro halagüeño teñido de la sangre de aquellos pactos con el Diablo tan habituales en el panorama musical de los 70.

Raül De Tena

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