Hooray! For Happiness Hooray! For Happiness

Álbumes

The Last Dinosaur The Last DinosaurHooray! For Happiness

7.5 / 10

The Last Dinosaur  Hooray! For Happyness DEARSTEREOFAN / POPSTOCK!

Quien trabaje con un ordenador (¿quién no?) sabe lo fáciles y ágiles que puede hacer las cosas. No se trata ya de tener fe en la tecnología y hacer de su uso una cuestión innegociable, sino de las facilidades que te da escribir sobre una pantalla –en vez de hacerlo a mano, con un bolígrafo– o utilizar el cacharro para cualquier otro asunto. Correo electrónico, la oficina portátil… podríamos vivir antes sin aire que sin ese privilegio. Y cuando se hace música, aunque lo tuyo sea canción de autor, siempre es más cómodo grabarlo todo directamente en un disco duro y manejar las pistas con un programa potente tipo ProTools. No es que suene mejor –no se trata de eso–, sino que pierdes menos horas que luego puedes dedicar a otras cosas. Pero los chicos de The Last Dinosaur, aparentemente, le encuentran la gracia a tirar el tiempo, y eso, en una época dictada por la velocidad y la prisa, es cuanto menos entrañable. No usan ordenadores para grabar su temas –y lo dicen bien claro en el CD–, sino un multipistas de 16 canales en el que van sumando audio, poco a poco, hasta darle forma final a su trabajo. Habría sido más rápido de otra manera, pero la artesanía también tiene su valor. The Last Dinosaur, pues, hacen artesanía.

“Hooray! For Happiness” es un disco que, de forma superficial, podíamos identificar como post-rock. Es principalmente instrumental, salvando un puñado de piezas en los que se oyen las voces lánguidas de Jamie Cameron y Luke Hayden, los dos ingleses que se esconden tras el nombre saurio. Y precisamente porque es más un disco de texturas que de canciones, o en el que predomina la forma abstracta sobre el lenguaje reconocible, es por lo que la etiqueta post-rock les sienta bien, bastante adecuada para lo que luego ofrecen desde su multipistas. Hay que precisar que ese post-rock al que se parecen The Last Dinosaur es el de interludios descriptivos y momentos de bajón que se encuentran, de vez en cuando, en discos de Mogwai ( “Fool”), Sigur Rós ( “Every Second Is A Second Chance”) o Broken Social Scene ( “Home”). Es también un post-rock con algún violín furtivo ( “Gusts Of Wind Blowing In Different Directions”), y cuando no es post-rock es un folk de cabaña de invierno. Tienen muy clara la sensación que quieren transmitir: una de recogimiento, intimidad y una épica controlada. No quieren dejar de parecer modestos. Se alienan cerca de un sonido que les gusta –el que va de Rachel’s, en el extremo más neoclásico, a Bon Iver ( “I Found My Voice”, “Maps”) cuando se ponen como cantautores desnudos, sólo con la guitarra y los ambientes de bosque nevado–, y se sienten cómodos ahí. No quieren conquistar el mundo pero, si te dejas, intentarán conquistar tu corazón.

The Last Dinosaur responden a un patrón que ha permanecido vigente durante décadas (al menos dos): son la clásica formación novel que no va a cambiar las reglas del juego, pero que comprende las reglas y las respeta, y que ayudan a reforzarlas, a darles vigencia y duración en el tiempo. Ellos quizá llegan un poco tarde –¿de cuándo son los primeros discos de Explosions In The Sky o múm?, ¿no es acaso algo ya muy visto lo de extrapolar el rasgueo relajado del folk intimista al bullicio de crescendos y ruidos del post-rock a la manera de Hood?–, pero llegan con la entereza suficiente como para satisfacer a ese pequeño sector de oyentes del indie que gusta de las texturas con voces, de las pequeñas cosas, de los discos que acompañan en secreto. Y, sobre todo, hay que reconocerles el esfuerzo de hacerlo todo poco a poco en un tiempo en el que la velocidad manda y se ha convertido en una tiranía. Contra las prisas, ellos deciden que se plantan y lo hacen mimando hasta los silencios. Contra la urgencia de las modas y la novedad, ellos se aferran a un post-rock poético con ciertos adornos de psicodelia y folk acústico y quien les quiera seguir que les siga, y quien no que siga a lo suyo. ¿Les quieres? Aquí están. The Last Dinosaur son puros.

Alberto Lista

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