Homeland Homeland

Álbumes

Laurie Anderson Laurie AndersonHomeland

7.9 / 10

Laurie Anderson  Homeland NONESUCH

Su ansiado “Homeland” le ha costado a Laurie Anderson casi un lustro de trabajo. La idea y algunos extractos los había venido presentando durante recientes shows por todo el mundo, pero hasta los dos últimos años no fue capaz ponerse a fondo con él. Filtrado selectivo de sus performances en vivo, la tarea se convirtió en un rompecabezas hasta el punto de casi hundirse como proyecto. A Laurie le superaba. Pero finalmente, con la ayuda de su inestimable Lou Reed, logró dar con el filtrado final de todo el material registrado en vivo para acabar seleccionando doce canciones finales de cuarenta y cinco recopiladas. Con estos antecedentes, y disparando inconscientemente en la cabeza el recuerdo del intragable “The Raven” de su marido, “Homeland” se presenta de antemano como un trabajo de pesado andamiaje y como todo un testimonio de la Laurie Anderson 2.0. Pero, del mismo modo, suena ligero como una pluma y, su coartada conceptual, susceptible de ser rebajada o readaptada al gusto sin problemas. Sólo hay que ponerse. Ahora puede ser un disco asequible y mañana una locura. Todavía es pronto, en realidad, para hablar de él...

Como ocurre en The Books o en Scott Walker, en Laurie Anderson es imposible separar arte y vida. Cuesta menos imaginar sus propuestas musicales en un museo que en una sala de conciertos. Pero que eso no les eche para atrás. Yo este tipo de manifiestos supra artísticos lo que hago es encararlos con tiempo y calma, con el rasero de prejuicios nivelado al máximo y olvidando por un momento la velocidad a la que gira el resto del mundo. Entregándome a él sin distracciones. Es entonces cuando su embrujo prende. En ese sentido, es todo un reflejo severo y sincero de una personalidad a prueba de bombas: la de la artista multimedia, como alguien dijo hace unos años, más importante del globo. Primer largo de estudio desde el lejano “Life On A String” (2001), “Homeland” compendia las últimas obsesiones de Anderson transformándose en un disco-alerta. En concreto, en un inventario de todas aquellas preocupaciones enraizadas en esta última década ya pasada, sobre las que la artista siente todavía tener algo que decir al respecto.

Pero Laurie es la misma de siempre. En el ámbito más estrictamente musical, hablamos prácticamente de las mismas coordenadas que siempre han tenido sus trabajos discográficos. Convertida en gran dama del avantgarde y disfrutando como nadie de unos dorados sesenta, nuestra protagonista sigue haciendo en el fondo la misma música que cuando empezó en esto del arte, con la diferencia de que ahora su madurez y majestuosidad le sientan como un guante de seda a la propuesta. El vasto trasfondo conceptual sobre el que orbita todo el proyecto –el tránsito de la era Bush a la era Obama– también le va como anillo al dedo, ofreciéndole el lienzo más abstracto y perfecto sobre el que pintar con sonidos. Se nota que es un disco cuajado y reposado durante varios años. Su dibujo del imperio norteamericano, cambiante y expresionista como el propio motivo, se concretiza en todo tipo de titulares y keywords: diferencias-religión, libertades-civiles, declive-media, crisis-economía, abusos-guerra, publicidad-obsesión, seguridad-sanidad; pero estos nunca suenan manidos ni gratuitamente provocadores sino, algo llamativo, amenazantemente bellos. Es lo más especial de “Homeland”: esa intriga tenebrosa y candente que nos impide discernir del todo qué pasará en la siguiente canción.

Disco de contrastes, revestido de un incógnito aural, como LP se torna difícil de categorizar dentro de su discografía. Pero lo que resulta innegable es pensar en un futuro para él tan excitante como aquel del que gozan hoy por hoy obras como “Big Science”, su gran opus “United States” o el resto de sus discos, casi todos alucinantemente frescos todavía en 2010. Erudita pero nunca complicada, infatigable y cautivadora, la vanguardia de Laurie Anderson aún conserva ese cariz sobrenatural que le ha mantenido siempre un palmo por encima de potenciales –pocas– contrincantes. Este es un año cargado de trabajo y ella sigue tiesa como nunca. Anfitriona del exquisito Vivid Festival, prepara ya las nuevas performances “Dellusion” e “Improvisations”, una retrospectiva en São Paulo para este agosto y un libro para 2011. Eso sí, su capacidad para sonar poderosa como el tañido de un gong sobre un silencio sigue impoluta. Humor exquisito, una pasmosa facilidad para distender tensiones y esas enigmáticas intromisiones de lo aterrador en místico, son las virtudes que Anderson más explota y las que hacen de este “Homeland” todo un amargo bombón con mirada de desafío. Desafío para ella, para nosotros y para los asistentes de dirección. Atención al listado: las vocecillas de Antony, un Reed seco como una uva pasa, el saxo loco de John Zorn, las teclas de Four Tet y varios destacados músicos de la escena jazz neoyorquina –está el ex-Weather Report Omar Hakim– están invitados al aquelarre. Todo con mucha enjundia arty, debatiéndose entre un planteamiento de escucha casi monástico o el pecado de osar hacerse carne en el club (satírico e incisivo “Only An Expert”, hit en el que Hebden se tira de los pelos con la venenosa guitarra de Reed). A Warhol le hubiera encantado.

Aunque pueda resultar frío (no diremos distante) por momentos, “Homeland” acaba cristalizando en una estatua bellísima y refinada, como un Lladró con pasado punk a olvidar. Así visualizo canciones de un refinadísimo minimal pop como “The Lake”, “Dark Time In The Revolution” o “Flow”. Como decíamos más arriba a raíz de la perennidad de su producción, este nuevo disco de Anderson encierra una música actual, monumental, tremendamente moderna. Llevárselo a tu terreno es mucho más fácil de lo que parece. Yo acepto que mi terreno de juego es el mismo que el suyo. Por eso, de igual forma que el año pasado me parecía escuchar ecos de Laurie en discos como “Bitte Orca”, hoy no puedo evitar imaginar a Charles Chaplin dentro del “Closer” de Plastikman a la hora de asignar una imagen a la espeluznante “Another Day In America”, narrada por el Fenway Bergamot de la portada. Como tampoco puedo dejar de pensar en Matt Elliott al escuchar “Strange Perfumes” o en las ilusiones reprimidas de Sufjan Stevens en cuanto suene la arrebatadora “Thinking Of You”. Gustará más o menos, pero todo en “Homeland” es seriedad y ejemplo. La verdad definitiva, ahí fuera.

Cristian Rodríguez

* Escucha y compra aquí

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar