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7.8 / 10

Acuoso, gatuno, noctámbulo, el nuevo álbum de Nosaj Thing es un guante de silicio con interior de terciopelo, un laúd futurista que escupe melodías epidérmicas y adorna los viscosos contornos de un discurso que se escurre entre los dedos del diccionario underground: si hablamos de nuevos beats abstractos nos quedamos cortos; si vamos a lo fácil y apostamos por los de siempre, el señor Bass y el señor Dubstep, somos unos insinceros, que diría el más farlopero de los Martínez Bordiú; si optamos por echar mano del comodín IDM pecamos de simplistas. ¿Entonces? ¿Hip hop espiritual? ¿Synth pop feérico? Es inútil contener los mundos de ciencia ficción de este productor afincado en Los Ángeles. Lo que resultaba más fácil en su magnífico debut “Drift” –esto es: verle las costuras a sus creaciones– se antoja del todo imposible ahora, merced a una escritura mucho más íntima y padentro, a un trabajo maduro, pulido, cuidado hasta la extenuación en los detalles. ‘Fairy Funk’ para los amigos.

Jason Chung se doctora, pues, con un paseo invernal por páramos de electrónica que reconfortan, alimentan el alma del oyente. Las expectativas ardían, pues Chung ha conseguido labrarse una reputación intachable de cirujano preciosista, tanto en sus propias creaciones como en las operaciones a corazón abierto que ha realizado sobre el trabajo de otros, como en sus remezclas para The xx, Flying Lotus o Portishead (la de “Wandering Star” es digna de escucharse). Pero el beatmaker ha estado a la altura. No sólo ha encontrado una voz propia explorando sus adentros, también ha conseguido dar continuidad y expandir sus fabulaciones musicales, dejando su debut en una simple guía intuitiva. Porque también ha enriquecido su librería estilística, acompañándose esta vez de algunos vocalistas. Kazu Mikuno (Blonde Redhead) aplica su terapia de susurros felinos a los paisajes cambiantes de “Eclipse/Blue” –uno de los grandes temas del LP–, y Chazwick Bundick (Toro y Moi) se pone tontorrón en los cuatro minutos de ambient emocional de la magnífica “Try”.

En las partituras, el espinazo instrumental del disco se revela fascinante. Nosaj Thing explota entramados de hip hop dillaísta narcotizados, contrastes de percusión reducidos a bosquejos minimalistas, bajos gomosos que envuelven el cerebro del oyente, sintetizadores mágicos, colchones de ambient e IDM, melodías vaporosas. Y todo ello con un sustrato de pop intimista que se puede sentir desde la primera hasta la última nota del álbum. Los juegos vocales estilo Rivendel de “Phase III” son como ingerir un suave opiáceo. El funk amorfo y tristón de “Glue” arrebata cosa fina. “Snap”, con sus teclados sinusoidales, es un homenaje embriagador a Boards of Canada. Los placenteros graves de “Distance” parecen hechos para poner a prueba los clítoris de la concurrencia femenina. Ambrosía electrónica para el frío invierno: me temo que estamos ante uno de los primeros triunfos del 2013.

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