Holograms Holograms

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7.4 / 10

El punk escandinavo se encuentra en un estado de forma admirable. El año pasado ya se demostró con los rematadamente jóvenes ICEAGE, venidos de Dinamarca, y ahora toca hablar de Holograms, cuarteto de Estocolmo que apenas hace un año que se formó después de que sus cuatro miembros se conociesen en la fábrica donde trabajaban. Cantan en un inglés de flema británica, pero con un acento bastante difícil de identificar. Es una de esas bandas que te tienes que creer que son de Suecia porque lo pone en sus DNIs, pero todo en su música recuerda a Inglaterra. Sin ir más lejos, su contexto podría ser el de tantos grupos de finales de los 70s y principios de los 80s del movimiento punk británico. Se les ha comparado acertadamente con cualquiera desde Gang Of Four hasta Suicide pasando por Joy Division o Buzzcocks. Y lo que realmente hace interesante a su propuesta, aunque tengan trallazos efectivos por un tubo, es el inteligente uso que hacen de los sintetizadores, algo poco usual en la escena sueca.

Este instrumento es el maestro de ceremonias a la hora de empezar el juego de los contrastes. Porque Holograms, por lo general, son tan grises (no aburridos, por supuesto) como esa portada de su debut homónimo en Captured Tracks, pero a menudo el sintetizador se encarga de poner el punto de color. La cosa empieza con “Monolith”, una colosal pieza de punk crudo que hace justicia a su título, con una línea de bajo agresiva, que casi podría pasar por ser ruido blanco, la amenazadora voz de Anton Spetze y un inicio lento hasta que desatan las guitarras para infligir daño. En algún punto intermedio encontramos “Memories Of Sweet”, tan agresiva como sugerente. Pero el cambio de tercio más marcado se encuentra en la buenrollera “Chasing My Mind”. La culpa de su espíritu festivo la tienen un juguetón sinte y unos marciales redobles de batería de un Anton Strandberg que rinde a un enorme nivel a lo largo de todo el disco. El corte demuestra que aún se puede hacer post-punk (aunque aquí haya algunos elementos de garage) sin quedarse en una burda copia de los maestros. Porque, admitámoslo, esa línea de sinte no pegaría ni con cola en los temas de Joy Division o Suicide. Y ésa es una de las grandes virtudes de este álbum. Aunque recoja la herencia de una música hecha hace tres décadas, también suena actual ( “Apostate”, muy Gang Of Four ella, recuerda a las aproximaciones post-punk contemporáneas que han realizado Bloc Party o Foals).

Aunque se mantiene un cierto aroma garage y esos redobles de tambores tan característicos, en “Transform” desaparece el sinte. Aquí Holograms cogen esa vertiente más bulliciosa, más de tugurio chungo de, pongamos, Newcastle, y se miran en el espejo de los Buzzcocks o The Undertones. Material de ni siquiera dos minutos hecho expresamente para repartir hostias como panes en pogos de sangre, sudor y lágrimas (de alegría). Más gamberrismo hay en la sencilla “ABC City”, sostenida por una línea de sintetizador repetitiva que recordará a los oyentes españoles a todo el rollo Movida Madrileña. Es éste el momento más pop junto a la mencionada “Chasing My Mind” y “Stress”.

Holograms han venido para quedarse con una música en la que el cuarteto canaliza bien ese desasosiego urbano proveniente de unos trabajos insulsos con sueldos de mierda. Aportan la frescura suficiente para que se les haga caso por sus canciones y no sólo por el sello donde editan. Esperemos que esto les sirva para que la música les dé de comer. Pero, por Dios, que no pierdan ni un ápice de esa rabia que llevan dentro.

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