Holkham Drones Holkham Drones

Álbumes

Luke Abbott Luke AbbottHolkham Drones

8.1 / 10

Luke Abbott Holkham Drones BORDER COMMUNITY

Por la portada, podría ser un disco hipnagógico de los de la última hornada, con la ya habitual gama de colores emborronados, casi en relieve –para producir, por supuesto, el efecto psicodélico de rigor– y con la imprecisión del recuerdo de un sueño. Pero Luke Abbott nunca ha sido un viajero onírico ni está obsesionado especialmente con la música pop de los ochenta. La imagen de la portada, ni siquiera es de aquella década de laca y gobiernos conservadores (se adelantó por un año): corresponde a “The Magic Sea”, cortometraje de arte dirigido por J. Ron Chapman en 1979 en el que tres mismas tomas de las orillas de la playa de Marsden Bay son pasadas por diferentes filtros de color. La banda sonora de aquel corto, por lo que se explica, era electrónica, analógica, primitiva, ingenua y deliciosa, que es lo que intenta recrear ahora Luke Abbott en un “Holkham Drones” que ya se distancia de la primera impresión de su bella portada y nos enseña su verdadera realidad: como su ex compañero de sello Four Tet –Abbott debutó en Output antes de ser rescatado por Border Community con su “Tuesday Ep” (2008)– y también como su jefe James Holden, él está interesado –y quizá hasta obsesionado– con las posibilidades del sintetizador analógico, de las técnicas de grabación de los alemanes kosmische de los años 70, de la hipnosis que era capaz de generar un buen disco del sello Brain. Y quizá sí que sea, finalmente, este primer álbum de Luke Abbott una pieza importante del actual mapa hipnagógico –pues no difiere mucho de Oneohtrix Point Never, en el fondo–, pero con la distinción de que, si el primero está sustancialmente cerca de Klaus Schulze, el segundo lo está más de Michael Rother y Harmonia. Hay un pequeño matiz de distinción.

En realidad, “Holkham Drones” es un disco producto del interés de ex productores de baile –además de renegados del minimal y auteurs house con afición por el pop– por la música espacial, no tanto por la escena antigua en sí, sino en cómo se podría acoplar a su discurso convencional. “Triangle Folds” de James Holden –que late como el grandioso corazón de su reciente “DJ Kicks”–, sigue sonando a Holden, a trance con detalles microscópicos y melodías barrocas, pero tiene el poder de succión de un agujero negro kraut como los de Harmonia (recordemos que Holden pinchó un tema de Harmonia, para pasmo de mucha gente, en su mix “At The Controls”). Éste es el tipo de producción que se ha asentado en la familia Border Community, desde el último single de Avus ( “Poppy Ep”) a las últimas miniaturas que ya había entregado Abbott, avisando de lo que venía, en “Whitebox Stereo Ep” (2009), y que aquí alcanza un punto de madurez estética revelador. Es un tipo de sonido que funciona por sí mismo, como una colmena, alejado prudentemente de otros centros de creación. Volviendo a lo dicho antes, aunque parezca hipnagógico y por momentos incluso lo sea, en el fondo no lo es. Está más cerca del revival que de la recreación sonámbula; Luke Abbott no recrea sonidos del pasado desde el recuerdo vago, sino que lo hace desde el conocimiento profundo: él y sus colegas han escuchado muy bien aquellos discos, han buscado las máquinas –o los emuladores– para hacerlos, los han mezclado con su método y les han dado la compresión y la mano de pintura digital que los presenta modernos, limpios. Y también quieren que funcionen en el club, no sólo como fondo para una tarde de opio.

“Holkham Drones” bascula entre dos polos de actividad sonora. Están los momentos horizontales, los que, si tienen un ritmo, es un pulso como de contador Geiger, como una onda estirada y multiplicada: “Dumb”, por ejemplo, que cierra el álbum con un leve punto de desasosiego, o como “2nd 5th Heavy”, que lo abre dejando claro desde el primer momento que aquí hay un culto fanático a los sintetizadores modulares, los secuenciadores vintage y la música espacial primitiva. Luego están los otros momentos que ejercen de contrapunto, los que, de igual manera que la cabra tira al monte, tiran al club para ser pinchados (y resignándose felizmente a ocupar los minutos de la primera hora). Son piezas con percusión redoblada marca de la casa, como si prolongaran hasta el infinito el tamborileo patentado por James Holden en su remix de “The Sky Was Pink” o en los mejores momentos de “The Idiots Are Winning”: todo eso se resume en “Whitebox”. Y entre un extremo y otro, el disco trota en sendas direcciones, unas veces más hacia un polo, otras veces en el punto medio ( “More Room” es como un funambulista que se pasea por la cuerda sin nunca caerse, y tiene una melodía casi infantil, a lo Isan, que le sienta muy bien), asentando con solidez un programa estético que Luke sabe presentar correctamente y desarrollar con solvencia. Es, por tanto, y al final, un disco hermano de otro momento importante del año, “There Is Love In You” (Four Tet): el avance de lo pastoral (de lo terrenal, o sea) a lo lejano y astronómico. Es un disco que empieza pequeñito y se expande hasta donde se pierde la vista.

Javier Blánquez

Luke Abbott - Whitebox Luke Abbott - Soft Attacks

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