New History Warfare Vol. 3: To See More Light New History Warfare Vol. 3: To See More Light Top

Álbumes

Colin Stetson Colin StetsonNew History Warfare Vol. 3: To See More Light

8.5 / 10

Construirte un espacio propio con un único instrumento implica saber diversificar con cuidado los hallazgos musicales, proponiendo dentro del arco sonoro la suficiente variedad de posibilidades expresivas. La cuestión es no acabar hartando al oyente, como ocurre, a mi entender, con “Impossible Truth”, el alabado último tratado de guitarra de William Tyler. Colin Stetson, nacido en Michigan pero afincado en Montreal, lo sabe bien y lucha por labrarse su particular parcela sonora con una dedicación obsesiva. Su arma para acotar dicho espacio es un saxo bajo, mayor aún que el saxo barítono y de tudel más retorcido, y su estrategia la de grabar en profundidad cada uno de los sonidos registrados al tocarlo. Stetson emplaza micrófonos en todos lados, colocándolos dentro del instrumento a fin de captar cada tecleo y también en su garganta para no dejar escapar cómo suena ni un sólo gramo del aire insuflado. Así viene grabando discos desde hace una década, llegando ahora a este “To See More Light” que nos ocupa, tercer volumen de su saga “New History Warfare”.

Además de las soberanas colaboraciones que aparecen en su currículum (Tom Waits, Arcade Fire, David Byrne, The National, GY!BE, LCD Soundsystem…), la fama que le ha reportado su salvaje singularidad se redimensionaba hace dos años con la segunda entrega de la trilogía. “Judges” fue un trabajo prodigioso que supuso la cima virtuosa de Stetson para el público entendido y que al mismo tiempo sirvió para presentarle con discreción a otro tipo de oyente, un oyente medio pero atrevido que quedaba gratamente sorprendido ante su impresionante estilo. Dada la violencia y el aislacionismo inherentes a la propuesta, será difícil que dejemos de ver a Stetson como un bicho raro del free jazz aunque “To See More Light” debería servir para derribar ciertos reparos y prejuicios respecto a su obra. Aún siendo un trabajo abrasivo, se trata de su álbum menos sesudo. Está mejor matizado que los anteriores, su escucha se hace más llevadera y denota con facilidad sensaciones costosas de proyectar anteriormente, como si se hubiese planteado una redistribución de la energía por nuevos circuitos, canalizándola ahora no sólo hacia el cerebro en ebullición sino también hacia las venas, hinchadísimas, más cercanas al corazón.

Gran parte de la culpa la tiene Bon Iver. Miembro habitual de su banda, Stetson lo invita a ser el único añadido sobre sus composiciones, registradas en tomas únicas. Y la voz de Vernon les sienta como un gran balón de oxígeno, generando maravillosas fugas sobre el material en bruto y dando la idea de que por los hidráulicos engranajes del sonido fluyese por momentos oro líquido. Alquimista como pocos, deslumbra en la litúrgica “And in Truth”, se oculta cual monstruo en la aterradora “Brute” y exorciza fantasmas en “Among the Sef” (evolución de un tema antiguo, “The Righteous Wrath of an Honorable Man”) y “Who the Waves are Roaring For” (continuación de la perfecta progresión de armonías que es “Hunted”, la cual, por cierto, suena como el parto de un elefante). Bon Iver se apropia igualmente del estándar gospel “What Are They Doing in Heaven Today?” (que también versionaran Mogwai recientemente para la banda sonora de “Les Revenants”), pero sin nunca sobrepasarse demasiado con el territorio sembrado por Stetson, generando más bien un contraste, entre brutalidad y deslumbramiento, entre lo tétrico y lo reluciente, que funciona como la gran acuarela del disco. Un recurso cromático que era exactamente lo que necesitaba el corpus musical de Stetson para epatar del todo.

Mención aparte merecen la producción de Mark Lawson, comandante del chamber-pop progresivo de Belle Orchestre, y la mezcla de un Ben Frost que, repitiendo tras “Judges”, se vuelve a antojar la figura ideal a la hora de traducir los impulsos temperamentales de la música de Stetson. Ambos ejercen la difícil tarea de perfumar levemente una obra que consiguen se mantenga seca en la memoria, como un trozo de carne expuesto a la intemperie durante días. Una obra que, tampoco podía dejar de mencionarse, se articula alrededor de un descomunal tema titular (quince minutos) en el que aparece condensado todo el ethos de la obra del norteamericano y que deja bien claro, sin Bon Iver de por medio esta vez, como Stetson ha aprendido a controlar del todo su volcánico registro. Hiperventilando sin descanso sobre una obra sobrenatural llamada a conquistar a cualquier amante del avantgarde y las músicas extremas. Una de las pocas verdaderamente inimitables de este 2013.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar