History Of Modern History Of Modern

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Orchestral Manoeuvres in the Dark Orchestral Manoeuvres in the DarkHistory Of Modern

7.6 / 10

Orchestral Manoeuvres in the Dark History Of Modern

100% RECORDS

Orchestral Manoeuvres In The Dark quisieron ser una versión romántica, sobrada de alma, del pop electrónico de Kraftwerk. Empezaron fulgurantes, con singles de altura, pero poco a poco se les apagó la llama sin que llegaran a alcanzar la consistencia y la trascendencia de su modelo alemán. Sin embargo, tienen en su cuenta varios momentos inmortales, el mayor de todos el de haber compuesto “Enola Gay”, himno generacional que ha sobrevivido al paso del tiempo y que resume en poco más de tres minutos el papel fundamental que el synth-pop de los ochenta desempeñó en la humanización de la música electrónica: pop para la eternidad. Catorce años han pasado desde que OMD –o mejor dicho, lo que quedaba de ellos– publicaran aquel “Universal” que no hizo ninguna justicia a su legado, algo que hay que hacer extensible a toda su discografía de los noventa. También han pasado veinticuatro años desde que la formación clásica del conjunto de Liverpool lanzara “The Pacific Age”, LP que les situó en la cumbre de su fama, justo en el momento de mayor efervescencia populista.

“History Of Modern”, obviamente, no puede hacer frente a una obra capital como “Architecture & Morality” –la que incluye “Joan Of Arc” y “Souvenir”, otras dos piezas que se han ganado la inmortalidad por méritos propios–. Tampoco se atreve con este disco de regreso a aproximarse a los devaneos experimentales que tan caros les salieron –como ellos mismos confesaron en su día– cuando hicieron “Dazzle Ships”. Aunque pueden estar tranquilos, en el fondo: el regreso de OMD a nuestras vidas es un viraje al pasado, al suyo y al nuestro propio, sin excentricidades. Como si no hubiera transcurrido el tiempo, y con todas las consecuencias –positivas y negativas– que conlleva esta decisión.

Andy McCluskey, Paul Humphreys, Martin Cooper y Malcom Holmes podrán salir con la cabeza bien alta al escenario cuando comiencen su nueva gira. Podrían vivir de las rentas, de los ecos de su intachable y creativa etapa dorada, pero este “History Of Modern” quiere ofrecer algo más, nuevas canciones que buscan encontrar un lugar al lado de las antiguas. Es un poco cajón de sastre, eso sí: si tenemos que hacer una valoración de estos trece temas a partir de la escucha del primer single, “If You Want It” –que retoma la inmediatez de aquel “Walking On The Milky Way”–, la desilusión puede ser fuerte: se nota demasiado que McCluskey ha desempeñado en los últimos años la función de productor a sueldo para grupos de pop prefabricado como Atomic Kitten y que ese bagaje tenía que aflorar por algún lado (ocurre lo mismo con “Pulse”, que aún contando con un demoledor estribillo R&B de corte erótico, desentona del conjunto). Pero el resto de lo que encontrarán en el disco, señoras y señores, es absolutamente diferente.

Muestra de ese regreso a las esencias y a la perfección del electro-pop clásico son las dos partes de “History Of Modern”, en las que OMD retoman los baños sintéticos de sus mejores trabajos, los primeros, y también “Sister Marie Says”, una canción que ha venido pillando polvo desde la publicación de “Universal” porque su parecido con el patrón melódico de “Enola Gay” era demasiado sospechoso. Se puede decir lo mismo de uno de los mejores cortes, “New Holy Ground” –única participación como co-letrista de Humphreys junto a “Green”– que, aunque recuerda a la cara B de “Locomotion” ( “The Avenue”)–, es en realidad una aplicada masterclass de balada synth-pop.

También es un disco fuertemente nostálgico, plagado de tributos. En “New Babies: New Toys” diseñan un sonido electro similar al de los mejores momentos de New Order –también es ácida la letra, una crítica feroz contra Simon Cowell y la contaminación moral que este hombre ha introducido en el mundo del pop de consumo–, y en “Bondage Of Fate” retoman el modelo de canción desolada que tan bien les salió en los ochenta (a lo "International", original de "Dazzle Ships"). Pero son los tributos a Kraftwerk, sus héroes robotizados, los que llevan mayor carga retro en la motorizada “RFWK” –que imaginamos que viene a significar “Ralf, Florian, Wolfgang y Karl”– y “The Right Side”, la última del disco, una golosina de ocho minutos que concluye con un sample de “Europe Endless”. Y eso es todo. Podríamos darles un rapapolvo por no haber experimentado un poco más o por no dejar que el bueno de Humphreys haya abierto la boca en ningún momento –el que parte el bacalao en OMD es McCluskey, por mucho que lo quieran negar–, pero nadie podrá poner en entredicho que el grupo, completamente restaurado, nos está entregando hoy un álbum que podría catapultarlos nuevamente a la cabeza del pelotón del pop con teclados. Hace años nadie hubiera apostado por ellos. Ahora, OMD pueden callar muchas bocas maliciosas. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Sergio del Amo

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