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Recondite ReconditeHinterland

7.8 / 10

Hace tiempo que Lawrence empezó a flaquear y ya no nos emocionaba como antes, y el último disco de Pantha du Prince, aunque tiene fecha de este año - ”Elements of Light”, a medias con The Bell Laboratory-, se publicó casi al principio de la temporada, en un 15 de enero que nos parece lejano, como si fuera de otra década. Sin embargo, la escena techno no puede permitirse una ausencia continuada de emociones y misterios. En un 2013 dominado por el regreso a lo retro -revival jungle, refuerzo de la posición de privilegio del deep house- o por la ausencia de memoria o respeto por la tradición -la EDM y todo el mainstream en su versión más eufórica-, la melancolía atemporal la han puesto sobre todo Boards of Canada, lo que viene a decirnos que, en lo que es exclusivamente techno, las emociones han ido a la baja. Se baila, pero no con lágrimas en los ojos.

Entonces, llegó Recondite. Lorenz Brunner no es de Hamburgo como Pantha du Prince -su región es Baviera, algo más montañosa y con menos bosque denso y negro-, pero su obsesión por la naturaleza salvaje y la intensidad que transmite un amanecer verde está igual de desarrollada. No lo parecía a tenor de sus lanzamientos planchados entre 2011 y comienzos de este año en su propio sello Plangent: ahí Recondite se decantaba por un techno más pulsante, más eficaz. Tampoco si tenemos en cuenta que su primer álbum propiamente dicho, del año pasado, era una descarga de house lisérgico a lomos de una TB-303 titulada, muy gráficamente, “On Acid”. Pero revisando la mayoría de sus portadas se localiza un patrón claro: cuando no son galletas genéricas, son imágenes de campos primaverales en blanco y negro, con filtros apagados, y “Hinterland”, que podría traducirse como ‘las afueras’, insiste en la descripción de una naturaleza próxima y languideciente, con la imagen de lo que parece un valle de lomas bajas y árboles tristes a punto de ser invadido por las excavadoras.

Brunner despliega en los diez temas de su álbum más personal todo el abanico de recursos que distinguen la estética de Recondite: primero, un techno que se apaga y se enciende según decide apretar el acelerador y trabajar en una estética próxima a la de músicos afines y paisanos como Marcel Dettmann o Shifted ( “Stems”), o dar un volantazo hacia un tipo de ambient-techno deudor de la gran escuela británica de los 90, como en la magnífica “Riant”, que recuerda a los Autechre de “Amber”. Es esta segunda posición la que domina: con la excepción de “Abscondence”, el otro track más fácilmente pinchable del álbum, todas las piezas se mueven a paso lento y cuidadoso, intentando que se realce su belleza antes que su musculatura. “Rise” y “Floe” no llegan a los tres minutos y forman una introducción y un interludio muy útiles para entrar en la sensibilidad del álbum, en su melancolía derivada -no se sabe bien- por la lejanía de la civilización o la pérdida de la naturaleza. “Leafs” y “Clouded” insisten en la misma orientación con un beat más enérgico, mientras que “Still” y “Fey” ponen el contrapeso perezoso, la pausa misteriosa.

Para llegar a emocionar al mismo nivel de perfección con el que Pantha du Prince o el primer Lawrence tocaban las teclas del espíritu, a Recondite todavía le falta un poco. Pero tiene el camino bien señalizado: consigue que su música sienta un frío interior y que la llegada de los beats y el confort de sus atmósferas le den una capa de abrigo. Y por momentos, de tanto misterio y emoción como conjura, podemos sentir un escalofrío.

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