Here We Go Magic Here We Go Magic

Álbumes

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8.8 / 10

Here We Go Magic   Here We Go Magic WESTERN VINYL

Parece mentira, si preguntásemos a algunos artistas clave de la historia a qué les hubiese gustado dedicarse en realidad, optarían por disciplinas distintas a las suyas. Si fuera por Ingres le conoceríamos (o no) por músico y no por ser el pintor neoclásico por excelencia, David Lynch puso todo su empeño en ser un artista plástico antes de dedicarse a las imágenes en movimiento y, según la entrevista a Rolling Stone, Beyoncé buscaba tan solo un poco de estabilidad económica antes de convertirse en cantante ricachona a la cual le incomoda ver cómo sus ganancias no dejan de multiplicarse. Desconocemos si el nombre Luke Temple va a quedar grabado en tal honorable firmamento de estrellas en un futuro, lo que sí sabemos es que en un pasado no muy lejano se formó como pintor en Boston e hizo sus pinitos como artista visual en Nueva York antes de empezar a crear bellas canciones y editar dos largos, Hold a Match for a Gasoline World (2005), “Snowbeast” (2007), y dos epés, “Luke Temple” (2004), y “Brain” (2008). Después de ganarse la admiración de sus compañeros de gremio – “La voz de Temple es una de las mejores del universo pop”, afirma Sufjan Stevens- se esperaba con ansia el debut de su proyecto paralelo, del cual se ha desprendido un primer single, “Tunnelvision” que ya ha conseguido arrancar merecidos halagos.

El mantra “Only Pieces” abriendo el disco, se presenta como un viejo tren exhalando vapor en el andén. Éste emprende un viaje iniciático donde el cromatismo rítmico y las frágiles guitarras se amoldan a pads que surgen de sintetizadores analógicos, y el conjunto de elementos, piezas autónomas que forman un todo, acaban perfilando las paradas del recorrido. Dentro de uno de los vagones, el alboroto y excitación presente en el inicio de cualquier buen viaje que se precie queda plasmada en “Fangela”, himno sutil que brilla entre la fragilidad y un estribillo ascendente ( “you’ve gotta move!”) de esos que dan ganas de gritar bien fuerte. Poco más tarde, agotados tras la algarabía, caemos en un estado de duermevela y, acurrucados en la butaca, las imágenes del inconsciente nos revelan la historia de “Ahab”, el capitán que se enfrentó una y otra vez al monstruo, mientras fuera los exóticos paisajes se suceden y el tiempo se deshace. El fuerte traqueteo contra las vías nos despierta en “Tunnelvision”, adentrándonos en una segunda parte del recorrido.

En el interior del túnel se materializan el retrato de lo invisible y lo oscuro ( “Ghost list”) , el juego de espejos y las claves de lo experimentador (“ I just want to see you underwater”) hasta llegar a la consecuente catársis y extenuación de fuerzas (“Babyohbabyican’tstanditanymore”, “Nat’s Alien”). Y al final, la luz reaparece y cuando suena “Everything’s Big” los paisajes vuelven a ser reconocibles y familiares. Un final a ritmo de vals a la altura de un disco que, aunque en un primer momento parece otro fruto bajo la sombra de Paul Simon en “Graceland”, se desmarca sutilmente de la multitud, empezando un nuevo año como se merece: por todo lo alto.

Eli Úbeda

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