Here Lies Love Here Lies Love

Álbumes

David Byrne & Fatboy Slim David Byrne & Fatboy SlimHere Lies Love

5.4 / 10

David Byrne & Fatboy Slim  Here Lies Love

NONESUCH / WARNER

Mobutu Sese Seko. Nicolae Ceausescu. Jean-Bédel Bokassa. Radovan Karadžić. Negros abyectos. Abuelos malvados. Caníbales estilo Tintín En El Congo. Genocidas canosos… tiranos todos ellos. Y muchos más que me dejo en el tintero. Cabezas de cartel, qué duda cabe, del festival de totalitarismo y saqueo de arcas que hemos vivido en los últimos tiempos. Si nos fijamos en la historia de estos simpáticos dictadores, apreciaremos que son poquísimos los casos en que se conoce la identidad de sus medias naranjas y juraría que, jamás de los jamases, hemos visto algo remotamente parecido al prodigio filipino, esto es: que la mujer del emperador sea más conocida que su marido. Que sea ella la que pase a la posteridad, oscureciendo el entregado trabajo de corrupción, engaño y evasión de capitales de la auténtica estrella del tinglado.

Imelda Marcos es puro rock’n’roll, qué duda cabe. Papada de cachalote, moño fosilizado, dedos morcillones, joyarras colgando de su pescuezo bovino, ojos achinadísimos y miles, millones de zapatos reunidos en una marea imposible de calzado ultra exclusivo que deja la colección de sneakers de DJ Clark Kent en una simple tienducha de espardeñas sardanistas. Ferdinand Marcos, su marido y sátrapa filipino, hizo todo lo que pudo para dejar huella en la historia: joder, el tipo se esforzó, fue un dictador old school, pero cometió el error de casarse con una fuerza de la naturaleza tan arrebatadora y rechoncha que nada podía eclipsarla, ni siquiera una evasión de impuestos de libro o una preciosa manta de corrupción que haría aplaudir emocionado al once inicial de la Trama Gürtel. Tal era el poder de atracción de la gorda, que hasta el mítico boxeador Joe Frazier intentó ligar con ella, como la propia Imelda explica en el ultrarecomendable documental “Combate En Manila”. Nos parece normal, pues, que David Byrne y Norman Cook hayan desempolvado sus monos de lucha grecorromana, hayan sacado el aceite corporal Silkience y le hayan rendido un merecido tributo a la filipina más punk y "gay friendly" que ha surgido en la Tierra y el más allá.Lo primero que sorprende de este despliegue de canciones y colaboraciones –hay más invitados que en la boda de Lolita– es su freakismo conceptual, una paja mental del cagarse con Imelda Marcos como hilo conductor e inspirador (sería algo así como un recorrido por su filipina vida canción a canción), doble CD y libreto de 100 páginas. Suerte que no han decidido poner unos Manolos con marcas de los juanetes de la perra filipina en cada pack, porque el precio se habría disparado. Que nadie se engañe ante semejante chorreo de aceite neuronal: básicamente, esto es una mariconada de arriba a abajo cortesía de un David Byrne que parece haber encontrado acomodo pulmonar en la marihuana más psicodélica que ha parido el cultivo hipodrónico y al que parece importarle un rábano que la gente lo mire como el loco del pueblo. Al tipo le mola Imelda y olé. El viejo Fatboy y el ex líder de Talking Heads vuelven a juntar pantorrilla después de colaborar en el tema “Toe Jam” de The Brighton Port Authority, pero pocos podían esperar que el dúo se sacara de la bragueta este homenaje conceptual con pluma y una cohorte de voces invitadas cuya presencia sólo puede explicarse por tres razones: a) son fans de Imelda y sus tribulaciones; b) no saben quién es la gorda y sencillamente han figurado por hambre de share, favores o dinero; o c) Fatboy y David les engañaron y les dijeron que esto era un disco benéfico para salvar a una tribu del Kilimanjaro.

Lo impepinable aquí es que el desfile de iconos gáyers es de mascletá rabiosa: Tori Amos, Martha Wainwright, Cindy Lauper, Róisín Murphy, Santigold, Nicole Atkins, Natalie Merchant… Gargantas profundas al servicio de una maquinaria pop con lentejuelas y bata de cola de bajísima intensidad, a medio camino entre el lounge teatral – “Here Lies Love”–, el folk con gomina perfumada – “You’ll Be Taken Care Of”–, la canción ligera estilo “Sonrisas Y Lágrimas” –sonrojante “The Rose Of Tacloban”– o directamente el rock étnico con sobreproducción –el horror de “When She Passed By” es indescriptible–. Sólo temas como “How Are You”, con los clásicos sintetizadores Fatboy y un aroma a Freak Power que enrojece narices, “Wait Like A Woman”, con virus R&B altamente contagioso, o “Eleven Days”, con pulsaciones pisteras y bajos funk, presentan un poco de molleja electrónica. ¿Mejor corte? Premio para la jodía de Rósín Murphy, que incluso en una base disco del montoncente como la de “Don’t You Agree?” le saca gran partido a su increíble voz como si fuera una Diosa de moño, barrigón, ojos rasgados, cuentas fantasma en las Islas Caimán y un armario zapatero de las dimensiones de Terra Mítica.

Óscar Broc

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