Helplessness Blues Helplessness Blues

Álbumes

Fleet Foxes Fleet FoxesHelplessness Blues

8.8 / 10

Fleet Foxes  Helplessness Blues SUB POP

Su primer álbum y el EP “Sun Giant” supusieron una experiencia casi religiosa. Fleet Foxes consiguieron casar éxito comercial (más de medio millón de discos vendidos) con reverencias de la crítica y convertirse prácticamente de la noche a la mañana en la mejor banda de folk del momento. El culto cuajó allá por 2008 y, desde entonces, el expediente de la banda que se desvió de la fiebre free-folk para retomar la senda de la pastoral americana pareció sumirse en un sacro silencio. Pocas noticias hemos tenido de ellos en los tres últimos años. Los detalles acerca de “Helplessness Blues” han ido llegando con cuentagotas. Según sus propias palabras, sabíamos por Robin Pecknold que este segundo disco sería menos pop y que incluso resultaría “aburrido para la mayoría de la gente”. También se había hablado de la influencia declarada, no tanto en lo sónico como en lo conceptual, del inolvidable “Astral Weeks” de Van Morrison. Pero apenas nada se había podido escuchar hasta hace dos meses de las esperadas nuevas composiciones.

El lanzamiento acabó retrasándose más de lo debido. Se esperaba para principios de 2009 pero, entre otros contratiempos como que las primeras sesiones de grabación acabaran al completo en la basura, los de Seattle prefirieron no forzar la máquina y hacer oídos sordos a una presión mediática de la que se dice acabaron un poco hartos. Finalmente, la buena nueva es que el magistral resultado plasmado en “Helplessness Blues” ha conseguido no verse afectado por ninguna de las dificultades que ha tenido que sortear. La factura final del disco es inmaculada. Pone de manifiesto la autoexigencia de un grupo que sabe tomarse las cosas con importancia y que es incapaz de entregar una canción medianamente fea. Como si fueran afanados buscadores en las minas de la vieja América, Pecknold y compañía no han cejado en su empeño hasta encontrar las más valiosas pepitas de oro que tenían que dar forma a este disco. Un disco tan completo y serio como su debut, en el que saben mantenerse fieles a su estilo reinventándose sólo lo justo. Basta escuchar el saxo loco que cierra “The Shrine / An Argument” –cruda y robusta como lo era “Oliver James”– para entender que las fugas hacia nuevos horizontes estilísticos podrían resultar, cuanto menos, espinosas.

En líneas generales, “Helplessness Blues” es menos inmediato pero destila formas igual de sacramentales. La música, el “blues de la impotencia”, rebosa de una honda sabiduría y transmite una liviana paz de espíritu. Cura de manera todopoderosa, trascendente. Se echa en falta el ímpetu de algunos temas antiguos como “While Winter Hymnal”, pero todo suena tan en su sitio, tan bonito, que es imposible no rendirse a la terapia. Lo que primero y mejor entra son los temas más suaves, como el vals tamizado por una flauta de “Lorelai”, el canto solidario de “Bedouin Dress” o la mística que “Blue Spotted Tail” envuelve en un susurro. El resto de ideas –que las hay complejas, como en “The Plains / Bitter Dancer”– van reposando y mejorando con el tiempo, como los buenos vinos. Las letras, bajo un componente fuertemente existencialista, reflexionan sobre la juventud y la vejez como caras opuestas de una misma moneda, y también sobre los cambios vitales vistos como obstáculos a superar. Algunos ejemplos del voltaje metafórico nos los dan el protagonista de “Battery Kinzie”, que se levanta una mañana para encontrarse envejecido de repente cual Benjamin Button, el de “Sim Sala Bim”, que talla las iniciales de su nombre en la corteza de un árbol, o imágenes como a la que se recurre en “The Shrine / An Argument”: niños tirando monedas a una fuente mientras proyectan deseos que aún no saben del todo en qué consisten.

Lo que más impresiona es cómo se presenta todo ese entramado lírico, cantado por un ángel de apenas veinticinco años que parece saberlo todo sobre la fraternidad y que cuenta las cosas con la delicada fuerza de los mejores poetas. Pecknold canta y calla el mundo. Si no lo era ya, se ha convertido en el gran protagonista de la banda. De hecho, al someter estas canciones a una expiación por separado, podría parecer que por momentos “Helplessness Blues” es más disco de cantautor solitario ( “Someone You’d Admire” y “Blue Spotted Tail” suenan casi invisibles) que de banda todoterreno (que también: hay joyas aplastantes como “Grown Ocean” y “Battery Kinzie”). En cualquier caso, queda claro que en Fleet Foxes todo está donde tiene que estar. El empuje de armonías y melodías tan bien aprovechado como en Beach Boys, los serenos colchones instrumentales en la línea de The Band, el candor vocal escuela Simon & Garfunkel. Los puntos fuertes siguen indestructibles y, cualitativamente, ellos como grupo se alejan cada vez más de estetas clasicistas tipo Vetiver y se tornan definitivamente inalcanzables para otros como los últimos Midlake, de quienes les diferencia su acierto a la hora de no hacer sonar todos los instrumentos a la vez y de dejar a la música respirar. Porque en Fleet Foxes la magia surge de lo puro, y la belleza es libre. No parece haber sido robada a nada ni a nadie.

Cristian Rodríguez

Fleet Foxes - Helplessness Blues

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar