Heliograms Heliograms

Álbumes

Jean Piché Jean PichéHeliograms

7.8 / 10

Hace tiempo que entramos en una densa época de exhumación de títulos olvidados, ignotos u ocultos de los primeros años de la música electrónica, un momento en el que los sellos dedicados a las reediciones –o que continúan una línea estética interrumpida en el pasado, como es el caso de Digitalis, casa de forajidos del sintetizador, del drone y de la huída cósmica– han dejado de saquear las tumbas del funk, el post-punk y el disco para acudir como gorrinos tras la trufa hacia viejos títulos de computer music, new age y exploraciones planeadoras de los años 70s. Los nuevos sellos dedicados al revival Kosmische –tanto activamente, como Spectrum Spools, como tangencialmente, como Finders Keepers, RVNG Intl. o Important– se han puesto manos a la obra para arrojar a la luz, de nuevo, títulos firmados por Harald Grosskopf, David Borden, Suzanne Ciani ( por partida doble) o Franco Falsini, y la reedición de “Heliograms” por parte de Digitalis se tiene que entender en la misma corriente de demanda de música espacial, o proto-new age incluso, que vaya más allá de los nombres conocidos de siempre.

La base de datos Discogs sólo indica dos obras firmadas por Jean Piché, compositor canadiense que empezó como guitarrista en un grupo de rock psicodélico a principios de los 70s –Agape– y que al cabo de unos años entró en el entorno académico y ha desarrollado su obra posterior en el circuito marginal de la música electroacústica a partir de becas en centros de investigación, y fue precisamente a caballo de dos universidades –la Simon Fraser University de Vancouver, Canadá, y la de Stamford en California– como se gestó este “Heliograms” que no sólo es el único álbum a título personal de Piché, sino una obra pionera, de las primeras en trabajarse (casi) exclusivamente a partir de sintetizadores digitales –dicho de otra forma, sin ayuda de los sintes modulares de válvulas, tipo Moog o Buchla, sino mediante los primeros sintetizadores integrados en sistemas de computación, el siguiente paso de esa computer music primitiva que se podía localizar en los oscuros y durísimos recopilatorios del sello Wergo–. Tanto en Stamford como en la SFU se habían construidos algunos de los primeros sintetizadores digitales y Piché tuvo acceso a ellos dentro de un programa de estudios del Center for Computer Research in Music and Acoustics, entre 1976 y 1980. Por supuesto, la creación de estas cuatro piezas fue paciente, intuitiva y sin saber a dónde le iban a llevar, pero el resultado, ahora que lo podemos escuchar con la ventaja que otorga el paso del tiempo, es realmente espectacular.

“Heliograms”, originalmente, se publicó en 1982 en el pequeño sello Melbourne, con base en Canadá y centrado en música clásica experimental, una especie de sello indie del avantgarde contemporáneo fundado en los años 60s que, al poco tiempo después de integrar a Piché en su catálogo, se fue a la bancarrota. “Heliograms”, por tanto ha permanecido oculto durante décadas, sólo a la vista de rastreadores en mercadillos y los bajos fondos del circuito second hand, y su recuperación por parte de Digitalis –sólo 700 copias en vinilo, más la edición digital para todos los bolsillos– es casi como un milagro. El sonido de Piché tiene esa textura áspera de la computer music de los 70s, sin la calidez que se podía encontrar en los sintes de Tangerine Dream o Klaus Schulze, por ejemplo –sobre todo en los 11 minutos de “La Mer À L’Aube”, el más antiguo de los cuatro ejercicios del disco–, pero igualmente tiene la cualidad planeadora, exploradora de la música cósmica, sólo que con un efecto más duro en el oído, menos abandonado al placer. Ocurre algo parecido en “Ange” –un desplazamiento deslizante, Kosmische, gracias sobre todo a la infiltración de texturas de voz procesadas vía computación por el propio Piché y Joanna Anonychuk–, aunque el momento verdaderamente revelador es “Rouge”, fechada en 1980, donde los sintetizadores digitales están trabajados como un recurso rítmico –a los que se le añade percusión real y tradicional de Paul Grant– y donde es fácil encontrar un precedente del uso, ya a una escala hiperpopular, del mismo instrumento por parte de Jean-Michel Jarre en su tercer álbum, “Magnetic Fields”. La última pieza, “Heliograms”, se aleja de las otras tres y, aunque integra piano (también sintetizado), acaba sonando más cerca de Stockhausen que de la escuela cósmica alemana a la que el propio Stockhausen influenció.

“Heliograms” es un disco condenado a repetir su historia, probablemente: recuperado hoy, volverá a dormir en la fosa del olvido dentro de un tiempo, cuando el momento actual de excitación y recuperación de viejos tesoros electrónicos primitivos se difumine y los canales de la memoria, la nostalgia y la arqueología discurran por otro lado. Sin embargo, no hay que despreciar la información que aporta esta recuperación de Jean Piché: un documento único sobre el sonido original de los primeros sintetizadores digitales, un pedazo de historia que es, a la música electrónica, como para un arqueólogo interesado en la Grecia arcaica, encontrar una vasija enterrada y en perfecto estado en las ruinas de Troya, y cuyo valor estético está emparejado con su valor histórico.

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