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Álbumes

Holy Other Holy OtherHeld

8.8 / 10

Hay música fácil de atrapar –en la memoria– y música que se escapa como si estuviera hecha de una materia entre líquida y gaseosa, escurriéndose entre los dedos. Un consejo: no intentéis entrar en “Held” escuchando por encima o dejándolo sonar al fondo como si fuera un mueble decorativo, porque a pesar de organizarse a partir de los preceptos del ambient su composición no es únicamente vaporosa, se puede atrapar, pero sólo si se le presta una profunda atención. Profundísima, más bien. Por encima, a primera escucha, el álbum de estreno del enigmático –y, se dice, andrógino– Holy Other tras aquel EP prodigioso que le abrió las puertas de Tri Angle, “With U” (2011), parece un tejido de seda que te rodea en un suave abrazo, pero si se examina con atención –con lupa, cuentahílos, microscopio o a ojo/oído desnudo– no dejan de aparecer cosas. Muchas. Líneas de bajo de distinta densidad, voces moduladas –afinadas– en niveles de agudo muy distinto, beats que entran y salen con sigilo, ondulaciones sibilinas en la curvatura de las texturas ambient. Si lo escuchas sin interés, la música sencillamente se va y no vuelve, como el curso de un río. Si tu atención es intermitente, verás pasar diferentes partes del río. Sólo escuchando con todos los sentidos, conteniendo el aliento, quizá, con suerte, puedas comprender el río. “Held” es agua.

En “With U” la fórmula de Holy Other era tan fascinante como lógica: tomar los rasgos del primer Burial –con las voces afiladas, agudas, y los beats mullidos– y darles un barniz más R&B, premiando las texturas de azúcar en lugar de los beats rotos que, en el caso de Burial, provenían del garage y el drum’n’bass. Ahora que Holy Other ha perfeccionado su técnica, la dependencia de la joya de Hyperdub ha dejado de ser tan marcada y ha podido adentrarse en solitario –supuestamente con escafandra y bombona de oxígeno– hacia territorios desconocidos. Ya no es sólo por las capas de sonido que, en un arrebato sinestésico diríamos azules profundo o de un verde marino, sino por el tipo de suspensión que el propio sonido sugiere: flotando en un mar amplio y entrando y saliendo del agua, con los consiguientes reflejos, variaciones ópticas y adaptaciones al medio. Cortes como “Tense Past” o “Impouring” se mueven como un anfibio entre una textura espesa, sumergida y limpia y una variación más ligera, aireada y respirable. Si hay una obsesión manifiesta por el agua en Tri Angle –ahí están “Rainforest”, de Clams Casino, el dúo Water Borders y, por supuesto, el también fluvial “Wander/Wonder” de Balam Acab–, Holy Other viene a ampliarla añadiendo, en un solo disco, lo líquido, lo evaporado y, por momentos, lo mercurial –tenemos “Love Some1”, un corte en el que el bajo se espesa y se inmoviliza, o “U Now”, donde las voces que suspiran se vuelven más graves.

Lo que se quiere decir es que no se puede escuchar a Holy Other como se escucha un disco de ambient –con despreocupación a veces, sabiendo que hay cosas que se repiten y que vuelven, y que se puede distraer la atención momentáneamente sin miedo a perder el hilo– ni tampoco como un disco de pop, según el guión de una melodía y unas canción. Está en un territorio intermedio e inexplorado en el que todo sucede de manera muy concentrada –hay cortes de dos minutos que contienen más substancia que discos enteros de ambient nebuloso– y donde no hay una boya a la que agarrarse: las voces, porque no hay melodías o palabras, sino sólo vocales alargadas, sin consonantes, son como el viento que sopla. “(W)here” es un comienzo en tensión, una zambullida seguida de una cabezada para tomar aire y volver a explorar un fondo rocoso y de coral, e “Impouring” suena como si Burial hubiera utilizado fragmentos de una canción diamantina de Annie Lennox –últimamente se habla mucho de Annie Lennox, por algo será– para darle a sus piezas un reflejo art-pop de los 80. Hacia el final, todo sigue igual, pero cambiando, matizando: “In Difference” suena desoladora, pero te arropa como un abrazo, “Past Tension” es breve, pero contiene en su miniatura R&B bien perfumado, “Held” varía los ritmos hasta concluir en calma, con la voz andrógina apagada, y “Nothing Here” avanza hacia el silencio, en una conclusión que reduce el disco entero a poesía.

A “Held” le falta el factor sorpresa que tenía el 12” del año pasado, como le ocurría al debut de Balam Acab, que exigía volver a comenzar, sin ningún conocimiento previo, para poder apreciar la música en su pureza. Quizá suene más limpio que los temas primeros –mejor producción, más profesional, más cuidada–, pero esa pulcritud no le resta ninguna de sus virtudes, que están todas: el lirismo, la evanescencia, la belleza reducida a un solo segundo mágico, la calidez, la profundidad. En este mundo donde se busca desesperadamente la velocidad y el déficit de atención es tan alto, un disco así será incomprendido entre muchas personas, incluso desestimado como realmente importante. Pero sólo hay que tener la paciencia y la voluntad de pararse, de respirar, de hundirse en él, de aguantar ahí dentro todo lo que se pueda, y admirar su interior. Y en su interior todo es bello y singular, casi irreal por su luz distorsionada, un lugar secreto en el que encontrar refugio.

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