Heavy Ghost Heavy Ghost

Álbumes

DM Stith DM StithHeavy Ghost

8.5 / 10

DM Stith  Heavy Ghost

ASHTMATIC KITTY

David Michael Stith creció en el seno de una familia tan religiosa -protestantismo estricto- como musical. Su padre es director de un ensemble de vientos; su abuelo profesor emérito en el departamento de música de la Cornell University; su madre es docta en materia de teclas; y sus hermanas cantan ópera y tocan el piano y el timpani. Desde una edad temprana, David Michael se vio obligado a cantar con su familia, a obedecer el dictado de unos progenitores que consideraban la música grabada poco menos que un subproducto de segunda categoría, una desviación de lo que para ellos era el hecho musical primigenio y puro: la ejecución musical en directo. Aún así, o quizás por eso, el joven David tardó más de dos décadas en sentir la llamada de lo sonoro.

Antes de decidirse a garabatear canciones, el pequeño Stith, desde siempre portador del título de oveja negra de la familia -en una reciente entrevista confesaba sentir aún miedo al recordar como sus padres llegaron a querer exorcizarle cuando era niño-, se dedicó a dibujar y a escribir poesía como lo hace un adolescente pendiente de decidir con qué ojos ha de mirar al mundo. No fue hasta mediada la veintena, después de mudarse a Blooklyn y llegar a conocer a Shara Worden (David le facilitó a Sarah algunos de sus medios técnicos -un ordenador con Protools, un espacio donde trabajar en sus demos- para la grabación de " Bring Me The Workhorse", su primer disco como My Brightest Diamond, y en parte debido a su implicación en ese proceso, él mismo comenzó a grabar sus primeros bosquejos acústicos) que en la cabeza de un joven Stith dedicado al diseño gráfico se instaló la necesidad de probar a escribir canciones. El resultado: doce sorprendentes momentos de folk-pop sinuoso empapado en gospel y tensado a base de orquestaciones disonantes y discretos gestos de electrónica de alboba.

Las criaturas musicales de DM Stith sorprenden desde la primera escucha. Impresiona cruzarse con un músico debutante capaz de dotar a su música de la riqueza armónica, la imaginación arreglística, la madurez y la sofisticación que exudan las mejores canciones de este "Heavy Ghost".

Además de como mago del detalle instrumental y del estudio de grabación -el propio David toca guitarras y pianos, produce y firma arreglos para cuerdas, metales y vientos-, el joven Stith se revela como una voz hiperdotada, poseedora de una flexibilidad cercana a la de Jeff Buckley, y una expresividad -su forma de enunciar hace que quieras prestarle atención a las palabras- que puede hacerte pensar, con distancia, en Nick Drake, Dominique A, Robert Wyatt o Matt Elliott (en los coros sobrios pero dolientes, con aroma a tradición europea, de algunas canciones) dependiendo de la tensión que esté imprimiendo a su música en cada momento.

Isaac Song” nos introduce a base de pianos secos (golpeados más que tocados), percusiones de trazo libre y remolinos de voces (el mismo Stith, doblado en múltiples pistas) a medio camino entre la presencia espectral y el grito extático en un mundo inflamado de hechizo, el mismo que ulula en el fondo de la imaginista “Pity Dance”, una canción fascinadora en la que Stith parece cantar (“ I’m leaving out the parts I don’t like”, dice) rodeado de espítitus silbantes en medio de un escenario encantado. “Creekmouth” se empapa de blues y acentos rítmicos tribales, dejándole a la voz la responsabilidad de jugar con dinámicas e intensidades mientras el fondo se agita, se enturbia, se congestiona y se aclara hasta quedar reducido a su esqueleto rítmico. “Pigs” suena a viejo espiritual negro, a canción de ocaso y plantación filtrada por la voz blanca de un joven y sereno Jeff Buckley (el de “Mojo Pin” o “Lilac Wine”) envuelto en coros que se debaten entre el dulzor más perezoso y el aullido a media voz, mientras “Spirit Parade” avanza de espaldas, llevándote a fantasear con lo que resultaría de poner en manos de The Third Eye Foundation a los Radiohead más aventureros.

“BMB” comienza impregnándose de clasicismo crooner y aromas de piano bar antes de acabar disolviéndose en un breve climax de teclas repetitivas, vientos sostenidos, cuerdas tensas y voces más cercanas a las piezas corales de György Ligeti que a cualquier ejercicio de folk o pop contemporáneo. La atmósfera se ventila con “Thanksgiving Moon”, un número más o menos folk envuelto en volutas de gospel, y se llena de alba en “Fire of Birds”, una gema de folk-pop barroco y con regusto ácido que puede hacer pensar, por este orden, en el Tim Buckley más elástico, el Nick Garrie de " The Nightmare of J.B. Stanislas", o el Elvis Perkins menos solemne y perezoso. “Braid Of Voices”, críptica en sus palabras ( “When the ghosts of me refuse to speak”), se eleva tranquila como lo hacían los más tardíos Talk Talk antes de que “Wig” cierre el disco a base de cuerdas dronicas y voces susurrantes.

No hay un sólo momento del álbum que no resulte interesante, seductor en mayor o menor medida, pero son canciones como “Pitty Dance”, “Morning Glory Cloud”, “Pigs” o “Fire of Birds” las que más sorprenden. A lo largo de los cuatro, cinco minutos, que duran esas canciones parecen pasar más cosas que en muchos otros álbumes enteros. Son canciones sutiles, cargadas de modestas pero constantes dosis de sorpresa; canciones abiertas, insinuantes, elusivas, con un punto informe, que se muestran ante uno como entidades vivas capaces de tomar cualquier dirección en cualquier momento. Sólo por regalarnos esa sensación de imprevisibilidad (sin llegar a abandonar nunca el más canónico formato de canción), este disco inusual, que ni apela a la redondez pop de enganche inmediato ni a la invención por la vía de lo abiertamente experimental, se merece un puesto de honor entre los debuts más ambiciosos y sugerentes que uno haya tenido ocasión de echarse a la cara en los últimos años. Dale una oportunidad.

Luis M. Rguez

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