Hearts Hearts

Álbumes

I Break Horses I Break HorsesHearts

7.5 / 10

I Break Horses  Hearts BELLA UNION

Una portada como la que preside “Hearts”, pintada en colores cálidos y vivos por Vaughan Oliver, puede dar una impresión muy alejada de la imagen oscura e intimista con la que se ha venido vinculando hasta el momento a I Break Horses. No obstante, el debut de este dúo sueco no va por ese camino: no hay nada de ese pop edulcorado y alegre marca de la casa en Suecia. Ellos prefieren las brumas shoegaze, y en este álbum, uno de los debuts de 2011 a los que hay que prestar más atención, dan buena cuenta de su defensa.

La voz de Maria Lindén seduce desde un primer momento. Rodeada de capas y más capas de ese sonido habitual en el género –especiada con una buena dosis de lejanía–, se deja hundir, sin ahogarse, en el mantra de feedback y atmósferas que Fredrik Balck, su compañero de fatigas, le construye alrededor. En estas oleadas hipnóticas no sólo tenemos que hablar del shoegaze de los 80 –y los artistas de siempre, esos que siempre aparecen en listas del tipo “mejores artistas para no levantarse de la cama”–, sino que también podemos mirar de paso a M83, a Fever Ray e incluso a artistas de la escena americana psicodélica alrededor del sello Not Not Fun, allí donde la música electrónica sigue sustituyendo a las guitarras (habría que pensar en las desaparecidas Pocahaunted, pero con menos psicodelia o en LA Vampires / Amanda Brown saludando a Zola Jesus). En términos actuales, “Hearts” también está justo al lado de la llamada chillwave, ese estilo donde caben tantos otros estilos.

A mí me es inevitable pensar en el trance más depresivo al escuchar canciones como “I Kill Love, Baby!”, donde los teclados van cubriendo ese ascenso triste con tonos agudos que se cruzan sobre una base insistente, como si fuera el bombeo constante de therémin; un ascenso que nos prepara para un mazazo final que, cómo no, se desvanece yéndose por donde vino, dejando tras de sí un paisaje roto, destruido, en el que cualquier obra de creación acaba desapareciendo. La vida a través de un filtro color sepia.

Esta sensación es habitual en el shoegaze, y en “Hearts” lo impregna casi todo. Cuando no tratan sobre el amor, lo hacen sobre la muerte, y si no sobre la vida. Ahí están “Pulse” y “Cancer”, dos ejemplos evidentes que merecen una escucha a fondo. También hay que destacar los breaks de este último tema, un buen contrapunto a las subidas de intensidad casi imperceptibles de la primera pieza, y que recuerdan tanto a Cocteau Twins y en la que Lindén canta como Liz Fraser. Al fondo, la recurrente línea de bajos, para no perder el hilo conductor. Quizá no sea casualidad que I Break Horses hayan publicado este disco con Bella Union, el sello fundado por Simon Raymonde y Robin Guthrie, ambos ex miembros del mítico grupo británico.

Hay más referencias. En “Empty Bottles”, por ejemplo, la veo como una Kylie Minogue a 33 rpm, como si fuera la balada de una cara B que nunca se hubiera llegado a publicar por escaso potencial comercial. Es justo con esta imagen con la que me quedo: la de una película estadounidense con su escena de baile de instituto, bañada en la más profunda oscuridad, y con I Break Horses tocando las canciones o bien entre la multitud pero ajenos al mundo que les rodea, o deprimiendo a los demás. Los momentos de intensidad están en “Winter Beats”, en la distorsión de “Hearts” y el bucle de “Wired”. No hay más, ni tampoco menos. No es la fiesta de los maniquíes, que cantarían Golpes Bajos, pero la sensación de baile estático que transmite “Hearts” se acerca a ese tipo de imagen. Seguro que en los próximos festivales de 2012 tendremos la ocasión de descubrir cómo se lleva esa imagen al directo.

Natxo Sobrado

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