808s & Heartbreak 808s & Heartbreak

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Kanye West Kanye West808s & Heartbreak

8.8 / 10

Kanye West  808s & Heartbreak ROC-A-FELLA / ISLAND DEF JAM

Malas noticias para quienes esperaran este álbum como el epílogo festivo y desbocado de su tetralogía universitaria. Que miren hacia otro lado. Tras el abandono de su pedazo de novia y la muerte de su madre de un paro cardíaco por culpa de la cirugía (de ahí su primera portada sin osito), Kanye West renuncia aquí al hedonismo solidario en pos de la soledad de pesadilla. Huyendo por completo del rap de maravilla de "The College Dropout" (2004) y virando hacia el electro-pop truncado que ya apuntara en "Graduation" (2007), Kanye ha vuelto a alcanzar el número uno en su país aunque eso no haya conseguido disipar las divisiones y la polémica generadas entorno a este morboso disco, al que se ha llegado a tachar de timo o ultraje. Lo que hay que oír...

"808s & Heartbreak" se apoya en dos elementos de estilo: las voces están grabadas en su totalidad con AutoTune (una especie de vocoder), y las bases y los poquísimos samples se disparan desde una Roland TR-808, caja de ritmos a la que devuelve su finalidad inicial: la de registrar demos. El disco suena a eso, a maqueta, a reflejo ajado en un espejo de lo que debería haber sido. Kanye se desdice de la pomposidad en composiciones por las que matarían los antipáticos Gnarls Barkley de “The Odd Couple" (2008), principales contrincantes junto a Hot Chip en esto del electro-soul. Pero eso no es malo, todo lo contrario. Aunque se abandona en las rimas (¿sus peores?), logra acercarse a la verdad como nunca. Es su más fría, pero también su más confesional, colección de canciones.El disco transpira un veneno que no tenían sus tres trabajos anteriores. La intermitencia sin aliento de la inicial “Say You Will”, las abismales cuerdas de “Welcome to Heartbreak” o los coros fantasmales de "Amazing", son la puerta de entrada a un palacio decadente. No hay luz arriba, en su habitación. Desde allí compone la trasnochada "Coldest Winter" y la implosiva "Street Lights", lamento dedicado a las calles que ya no transita. Destacan, sobre todo, cuatro canciones como cuatro lunas: una “Robocop” recién salida de quirófano, el puñetazo de “Love Lockdown”, el soul entraña(ble) de " Heartless” y ese gran baile de los sentidos que es "Paranoid". Todo acaba con la terrible “Pinnochio Story”, toma de un directo en Singapur en la que se escuchan los jaleos del público. Al final, "808s & Heartbreak" se perfila como un título corroído por la desolación y que nos indica que West ha estado escuchando -como bien se ha dicho- los aislacionistas manifiestos de John Lennon, Tears for Fears o Burial. Parece el gran alarido soul del año que acaba. Es un fin de curso pasado por agua. Un suspenso en el alma. Un hombre solo. Cristian Rodríguez

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