Hawk Hawk

Álbumes

Isobel Campbell & Mark Lanegan Isobel Campbell & Mark LaneganHawk

7.5 / 10

Isobel Campbell & Mark Lanegan  Hawk V2 RECORDS

Desde que abandonó Belle & Sebastian, Isobel Campbell ha intentado hacerse un hueco en el siempre abarrotado (y a punto para el codazo) panorama de las chicas que escriben canciones tristes de oscuras intenciones. Primero probó suerte tras The Gentle Waves y obró dos disparos ( “The Green Fields Forever” y “Swansong For You”) que pusieron a prueba su pop de susurros y encrucijadas. Luego, ya en 2003, se quitó la máscara y debutó como Isobel Campbell con el irregular “Amorino”, al que siguió el tenebroso y totalmente prescindible “Milkwhite Sheets”. Por entonces estábamos a punto de descubrir que el auténtico talento de Campbell exigía un cruce con su amada América profunda (aquella que toma un café tras otro en el dinner de una carretera polvorienta que seguramente no lleva a ninguna parte). Cómo se conocieron y cómo llegaron a la conclusión de que podían convertir el género que Nick Cave parió (a medias con Kylie Minogue y PJ Harvey) en el imprescindible “Murder Ballads” en una provechosa carrera discográfica sigue siendo un misterio, pero el caso es que Campbell y Mark Lanegan (el tipo con el que Kurt Cobain se compró la escopeta que acabó con su vida) estaban condenados a entenderse. Más bien las canciones de Campbell pedían a gritos convertirse en lo que Lanegan (ex Screaming Trees y experto colaborador: ha militado en Queens Of The Stone Age, en The Gutter Twins con Greg Dully y le ha puesto voz a Soulsavers) llama raunchy songs, algo así como canciones de porche de casucha en mitad de la nada (norteamericana). De ahí que, sin duda, y tras la escucha del cierre de la trilogía, el muy recomendable (y más flexible) “Hawk”, Campbell haya encontrado definitivamente su lugar en el mundo (musicalmente hablando).

Porque como en las dos anteriores ocasiones (en los dos excelentes predecesores de “Hawk”, el muy motel room “Ballad Of The Broken Seas” y el más para una tarde de domingo maldito “Sunday At Devil Dirt”), Campbell lleva el peso del álbum: es ella quien compone y quien produce, lo que Lanegan hace es limitarse a prestar su voz de lija y, a ratos, su guitarra. Si la primera vez, en “Ballad Of The Broken Seas”, la chica compuso y se encargó de hacerle llegar a Lanegan los temas a Los Ángeles para que él acabara el trabajo, y para el segundo largo compartieron micro durante poco más de una semana (parieron el magnífico y oscuro “Sunday At Devil Dirt” en tan sólo nueve días), lo que ocurrió en este tercero fue que Campbell hizo lo propio, componer y decidir, y luego intercambió un montón de correos electrónicos con archivos adjuntos (que eran canciones o pedazos de canciones) con Lanegan, que le devolvía esos correos acompañándolos de otros tantos archivos adjuntos (de sus voces y todo lo demás). Así que puede decirse que “Hawk” se gestó entre California, Texas, Lousiana, Dinamarca, Edimburgo y Glasgow. Vía mail.

¿Y qué es “Hawk”? Otro puñado de perfectas murder ballads, o lo que es lo mismo, venenosas baladas de chicas que susurran y tipos que se calan el sombrero más de la cuenta mientras mascan tabaco y se preguntan por qué el mundo es un lugar horrible. Pero esta vez se permiten concesiones (atentos al cuarto corte, “Come Undone”, que recuerda como nunca al cruce Minogue-Cave), como el fantástico cierre, puro gospel a un ritmo dylaniano, “Lately”, o los violines de la infantil “The Eyes of Green”. Y versiones, dos, de Townes Van Zandt, versión vaquero versus chica de voz tremendamente atractiva (eso es “Snake Song”) y “No Place To Fall”, en la que Willy Mason toma el relevo de Lanegan. Se atreven con un par de cortes rock ‘n’ roll (el más clásico “Get Behind Me”, Lanegan al mando, pidiéndole a Isobel que no le ponga nervioso; y el ruidoso y muy rockabilly “Hawk”, pieza instrumental de apenas dos minutos que suena a declaración de intenciones) y, por supuesto, disparan raunchy songs inolvidables como “You Won’t Let Me Down Again” (muy en la línea de “Bubblegum”, el último disco de Lanegan) o “Sunrise”, prácticamente una nana vampírica. Agradable es la sorpresa que sirve de arranque al álbum: “We Die And See Beauty Reign”, una delicada (tan delicada que por momentos parece una oscura chanson) y sugerente manera de dejar claro que, después de todo esto, hay algo más y que ese algo más no tiene por qué ser malo. En definitiva, un paso más (y el más experimental y notable de todos) en la polvorienta senda que la chica de Glasgow y el tipo de las espuelas han decidido recorrer juntos.

Laura Fernández

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