Hassan Hassan

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Professor Genius Professor GeniusHassan

7.2 / 10

En la escurridiza historia de Long Island Electrical Systems, “Hassan” tenía que haber sido el primer álbum del sello tras dos años de dedicación al vinilo protegido por escuetas fundas de papel y adornado, en su interior, por sucias maniobras lo-fi en el extrarradio del acid y el techno. De hecho, su número de catálogo es el 007 –como Bond–, aunque no ha sido hasta esta semana, tras largos meses figurando en los listados de pre-order de tiendas como Boomkat, cuando finalmente han empezado a salir los vinilos del almacén directamente a las casas de los coleccionistas. Mientras tanto, el sello del neoyorquino Ron Morelli no ha dejado de crecer ni de esparcir sus lanzamientos hasta llegar hasta a la referencia 017 –el muy apetecible maxi a tres bandas “American Noise”–, y eso sin contar los vinilos con referencia decimal o los de la serie limitada, a la vez que, en el ínterin, el estreno de Professor Genius se convertía en una especie de enigma que, de paso y sin desearlo, ha acabado siendo el segundo título extenso de la casa, avanzado por la derecha por el 2x12” “Unicursal Hexagram” de Jahiiliyya Fields. Por supuesto, toda esta historia sólo interesará a un pequeñísimo reducto de puristas que se dejan los ahorros semanas tras semana en las cubetas de vinilo underground, pero también sirve para explicar que “Hassan” no es exactamente un maxi de batalla, sino algo más que eso. Técnicamente un LP –con el complemento de un 12” de remezclas–, consiste en una incursión solvente del universo L.I.E.S. en el terreno de las bandas sonoras imaginarias.

Professor Genius es Jorge Velez, un productor de Jersey que previamente –desde 1997, según su biografía oficial en Soundcloud– había esparcido su trabajo por sellos bien asentados en lo retrofuturista como Thisisnotanexit, Italians Do It Better o Tropical Computer System, extraño enclave en el que se localiza su álbum anterior, sólo en CD-r y bajo el poco original título de “Professor Genius”. Y entre sus aficiones, además de los sintetizadores vintage y el cine de atmósfera perturbada, está –a tenor del programa del nuevo trabajo– la historia medieval, sangrienta y onírica, del Viejo de la Montaña y sus partidarios en la fortaleza de Alamut. La cosa va así (inciso histórico): en el siglo XII y en territorios conquistados por el Islam, el caudillo nizarí Hasan ibn Sabbah lideró una secta que fue conocida, en su nombre, como de los Hashsahshin, a los que supuestamente drogaba con una resina que turbaba el entendimiento –de ahí proviene, en primera instancia, la palabra ‘hachís’, y hasta hoy– y que les impelía a ejecutar órdenes que, básicamente, tenía que ver con la muerte de rivales –de ahí, también, que de ‘hashshahshin’ provenga la palabra ‘asesino’–, secta que sembró el terror en la zona alrededor de la fortaleza de Alamut, que correspondería hoy al norte de Irán. Estos hechos, que se dan por verídicos, sin embargo conservan un halo de misterio porque todo lo que se conoce es a través de fuentes secundarias, ya que Alamut fue conquistada –y toda su documentación destruida– tras la invasión de las hordas mongolas del Gran Khan, barrido que ha contribuido a que, con los siglos, la historia siga envuelta en un vaho de incerteza. A lo largo de los tiempos, obras de ficción y todo tipo de ensayos sobre sociedades secretas han canalizado su fascinación por el Viejo de la Montaña, los asesinos y la fortaleza; incluso en música se han dado casos de discos inspirados en los hechos de Alamut como el turbio “Hashiseen: The End Of Law”, proyecto colectivo coordinado por Bill Laswell en el que colaboraron desde Iggy Pop y Genesis P-Orridge a William S. Burroughs.

Professor Genius no llega a esos extremos de erudición ni lo pretende. Simplemente demuestra su fascinación por la (llamémosla así) leyenda y siembra los títulos de alusiones como “The Wise Of Man” (o sea, el propio Hassan), “Assassins”, “Alamut” y “The Valley Of Paradise”, mientras que la música se desprende de cualquier conexión con lo ácido, lo cósmico o la propia idea de house y bucea en un mar de sintetizadores analógicos con los que se crea una atmósfera de suspense, perturbada y como vista a través de cataratas en los ojos, y a la que Velez añade, en momentos como “Merciful And Blessed”, un acompañamiento de percusión oriental que sustituye cualquier amago de beat electrónico para enrarecer aún más el entorno. No se sabe si “Hassan” está creado bajo el efecto de los porros, pero muy posiblemente sí haya sido hecho con los discos de Dead Can Dance en mente: las ocho piezas del primer vinilo, los que conforman técnicamente el álbum y el programa sobre el Viejo de la Montaña, tienen esa textura orgánica y esa incitación al trance que sobrevuela buena parte de la obra del dúo australiano. Cuando no es así, Professor Green produce sonidos muy en consonancia con la actual escena influenciada por el giallo italiano –Xander Harris, Umberto, Steve Moore, el primer Gavin Russom, etc.–, aportando así una contribución valiosa a la avalancha cósmica de los últimos dos años.

El resultado final es más enigmático que embriagador, y más mental que físico: no es una música que impresione, pero su efecto en compañía de imágenes –también sirven las mentales– es poderoso. Lo que se escatima en beats, sin embargo, no cae en saco roto: el segundo vinilo incluye remixes de Steve Moore (“Time Of The Assassins”, que acaba circulando con la misma precisión expansiva que el material creado por Jonny Jewel para el proyecto Symmetry), Marcos Cabral (“Merciful And Blessed”, ésta más en la línea DFA de cosmic disco) y Steve Summers (“The Valley Of Paradise”, una especie de techno cósmico ralentizado al estilo Andy Stott) que añaden un giro argumental necesario a un álbum que ofrece la tensión y la distensión, el trance interior y la expansión eufórica exterior, y que encuentra sin problemas un lugar de privilegio entre el exigente catálogo de L.I.E.S., allí donde no entra la morralla.

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