Hash-Bar Loops Hash-Bar Loops

Álbumes

DeepChord DeepChordHash-Bar Loops

7.6 / 10

DeepChord  Hash-Bar Loops SOMA RECORDS

Del mismo modo en que no es lo mismo estar dormido que estár durmiendo –lo mismo se puede decir, como sabrán los amigos de lo soez, entre estar jodido y estar jodiendo–, tampoco es lo mismo hablar de DeepChord que de Echospace. Puede parecer que ambos proyectos calcan la misma estética y que sus discos son intercambiables, que daría lo mismo ponerle un alias u otro y empezar a sacarlos como quien hace churros, pero no, hay matices a pesar de que ambos discursos discurren –valga la redundancia– por el cauce del techno-dub borrascoso, de subgraves bombeantes y sumergidos, de largos minutajes y alto efecto disociador de la realidad. Para empezar, DeepChord estuvo mucho antes: el primer EP lo firmó Rod Modell en 2001, cuando todavía formaba dúo con Mike “quién sabe dónde” Schommer, cuando se les tachaba de vulgares imitadores de Maurizio y demás pioneros de la escuela berlinesa. Segundo, Echospace nace como un proceso paralelo a DeepChord, acogido bajo su ala cuando Stephen Hitchell llega desde Chicago para unirse al equipo, y es únicamente cuando Hitchell participa en la producción que se firma como DeepChord presents Echospace o cualquier otro alias tipo Cv313. DeepChord, a secas, ha quedado como un refugio, un nirvana personal, un reducto para el veterano Modell, y “Hash-Bar Loops” es un disco que ha parido él sólo. He ahí la diferencia, tan simple, tan profunda.

Tampoco hay que sorprenderse de que Modell haya hecho un disco sin su, en principio, inseparable Hitchell, un yang perfecto para tan alborotado yin. Modell hace mucha música a solas, únicamente que estos son CDs de ambient extremo, tendiendo a lo noir y a lo noise, estudios sobre la electricidad atmosférica, el sonido del vacío y las frecuencias secas, y casi nunca con una base techno. Éste, en cambio, sí la tiene, y en la larga secuencia de trabajos majestuosos de esta célula creativa del Midwest está más cerca de los vinilos “Grandbend” (2007) y “Vantage Island” (2007) que de los dos álbumes en Modern Love, “The Coldest Season” (2007) y “Liumin” (2010): el desarrollo de los minutos los marca, casi incesantemente, el bombo, un bombo que no se apaga (casi) nunca y que decide por dónde van las cosas, a diferencia de los LPs antes citados –en los que la mano de Echospace se nota por todas partes–, donde el hilo narrativo iba en función de las pausas, los silencios, la tensión previa al estallido de una tormenta de bombo.

Es curioso, porque Rod Modell es el fanático de los ambientes en suspenso y Hitchell el ultra del 4x4 –siempre con una dimensión espacial, pero batiente como el agua del río que mueve las aspas del molino–, pero en “Hash-Bar Loops” parece haber tenido un ataque de nostalgia que le ha llevado al punto de partida de su carrera, cuando el techno líquido empezó a rodearle y a entrar en su espíritu como si fuera una vasija de cerámica. El álbum es tan extenso e hipnótico como cualquiera de los de Echospace: 12 temas que se comen los prácticamente 80 minutos que caben en un CD, apurando hasta el último segundo; como las piezas van ligeramente mezcladas, la sensación de estar escuchando un único y eterno corte, que es como el río de Heráclito –ustedes ya saben, panta rei, todo fluye, parece el mismo río, o flujo de sonido, pero no lo es porque constantemente cambia–, hasta desembocar, ya por una simple cuestión estética, en un final manso, lacustre, nebuloso, en las dos últimas piezas – “Black Cavendish” y “Neon And Rain”– de un viaje que hemos hecho muchas veces, cuyos aledaños del paisaje ya conocemos, pero que, maldita sea, siempre apetece volver a recorrer.

Javier Blánquez

“Electromagnetic”

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