Harvest Festival Harvest Festival

Álbumes

Joe Goddard Joe GoddardHarvest Festival

7.4 / 10

Joe Goddard  Harvest Festival GRECO ROMAN

Soy fan de la fruta. De verdad, me encanta. Me puedo tirar mis buenos tres cuartos de hora en las tiendas Carmen Miranda estudiando melocotones, peras y manzanas. Palpando el género. Oliéndolo. Buscando el maná. A la caza de la sacarosa natural más dulzona e irresistible. Adoro los mangos, cada vez me gustan más, especialmente ahora que he aprendido a comérmelos a dados directamente, sin sacarles la piel y evitando con tan efectiva técnica la consiguiente pringada de manos. Los melones son una constante en mi dieta: cantaloop, galia, honey dew, piel de sapo… La sandía sin pepitas es mi mejor amiga cada verano. Las naranjas Tollupol me vuelven loco; puedo devorar tres en una sola noche. Los tomates raff me están arruinando. Los dedos siempre me huelen a mandarina. Nunca le digo que no a una papaya. Granini es mi palabra italiana favorita. Sí, soy fan de la fruta.

Esta disertación frutal viene a cuento porque por fin he encontrado a un alma gemela, otro adicto a la macedonia que ha trasladado su amor por las ciruelas, aguacates y piñas a su LP debut en solitario, dándole protagonismo en la portada e incluso en los títulos de cada canción, que llevan el nombre de una fruta distinta. Joe Goddard, prohombre de la recogida la fresa, paladín del durazno, defensor del maracuyá, ha destapado su mejor y más dulce mermelada jugando en equipo, en calidad de peso pesado del quinteto Hot Chip. Como muchos habían vaticinado, su música en solitario no se aleja en exceso del camino seguido por su grupo, y apela a una fórmula que no es dañina, no molesta e incluso te alegra más de una tarde de banda sonora incierta mientras estás espachurrado en la bañera, entre pompas de jabón Magno. Queda más patente que nunca, pues, que es Goddard quien aporta el sofrito electrónico al recetario de Hot Chip, para que luego Alexis Taylor añada sus tropezones de pop más delicados. Con el paso del tiempo, las cabriolas y palomitas de Goddard han ido cobrando una importancia cada vez más grande en el esquema de juego de la formación británica. Esa pasión irrefrenable por los sonidos analógicos, las cajas de ritmos y los sintetizadores inunda también (y esta vez más que nunca) su primer esfuerzo en solitario.

Hay en este frutal trabajo un “medio gas” que incluso parece hecho conciencia. A voluntad. Queriendo y pudiendo. El disco se mantiene en un terreno seguro, en un área totalmente desmilitarizada donde la electrónica, aún siendo más virgen y artesanal que nunca, sabe casi más a pop que a música de baile. Lejos de doblarse ante los retortijones fiesteros, lejos de dejarse tentar por los bpms del Maligno, Goddard se yergue firme en su percherón, mano alzada, catalejo hincado en la cavidad ocular, conteniendo el fervor de las tropas y regalándonos un sonido que no acaba de estallar, que tiene ramalazos bailables, sí, demonios, pero que no actúa sobre el cerebro reptiliano del clubber a base de descargas.

El sonido no sorprende, de hecho confirma por completo las previsiones de los más conservadores. Lo que hay aquí es housete tricotrón, electro casero de juguete, techno infantiloide, ambient melódico, incluso algún conato de dubstep-pop, y una actitud muy en consonancia con la concepción que todos tenemos de este entrañable gordito con barba. “Harvest Festival” es un curioso bodegón electrónico que, incluso en sus momentos más oscuros o arriesgados ( “Mango Chutney”), desprende buenas vibraciones. Los dos primeros temas, “Apple Bobbing” y “Tinned Apricot”, apelan a sonidos sintéticos que parecen puestos al tuntún pero terminan encajando en una base de bombo profundo. Tienen el espíritu bailable y a la sazón perezoso que define el disco. Incluso la nerviosa sobredosis de electro lo-fi de “Pear-Shaped”, más cerca de Boys Noize que de otra cosa, tiene el toque inconfundible de este Goddard despreocupado y zalamero.

Hay guiños que nos devuelven a Hot Chip, por supuesto, como el electro-R&B melancólico-gáyer de “Lemon & Lime (Home Time)”. De todos modos, donde más he disfrutado es en la cara oscura de este festival de pulpa, zumo y pepitas. Me fascina el electro-ambient-dusbtep acuoso de “Tropical Punch”, con una caja de ritmos de la Edad Victoriana y unos graves que te acarician la pepitilla cosa mala. “Coconut Shy” es otro logro, una suerte de homenaje al intelligent techno de los 90, con un minúsculo aunque perceptible punto de optimismo entre tanto marasmos de sonidos poligonales. También me decanto por el hip hop dubstepizado con mantón de sintetizadores de “Half Time Oranges”, con un sonido a medio camino entre la banda sonora de The Legend Of Zelda y Antipop Consortium. Acudiendo al tópico, y sin que sirva de precedente, cortes de esta envergadura ponen de manifiesto que el debut en solitario de Goddard bien podría considerarse un perfecto aperitivo mientras esperamos la llegada del nuevo LP de Patata Caliente. “Harvest Festival” es, en suma, un correctísimo entremés que, comido por el rabillo del ojo, degustado en diagonal, puede hasta tener el sabor de los más aterciopelados y jugosos albaricoques de Churriana: unos caen hoy y otros, mañana.

Óscar Broc

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