Harbored Mantras Harbored Mantras

Álbumes

Water Borders Water BordersHarbored Mantras

8 / 10

TRI ANGLE

Tal y como se apuntaba en estas páginas en la reciente crítica del EP de Ayshay, cuando uno se acerca a las transmisiones de Tri Angle el intento de categorización genérica resulta francamente inútil. Existe, sin embargo, un adjetivo que permite una cierta delimitación de la producción global del celebrado sello de Robin Carolan. Y es que, si hay algo que comparten oOOoO, Balam Acab, Holy Other et ál, es el gusto por la nebulosidad. Una bruma noctámbula y enrarecida que encuentra el regocijo en la melancolía narcótica y que parece querer indicarnos que en los rincones más oscuros del alma también hay espacio para la belleza más sobrecogedora. Es esta manera de entender la creación de identidad sonora, más como un continuum de un determinado estado de animo que en base a determinadas leyes estilísticas, lo que permite que el sello de Brooklyn incorpore propuestas cada vez más dispares sin que su hoja de ruta conceptual se resienta. Water Borders son, sin embargo, la excepción que confirma la regla de este desierto referencial.

Y es que la música de este joven dúo de San Francisco está, tal y como ellos mismos admiten, fuertemente enraizada en el período de principios de los ochenta en el que bandas británicas como Clock DVA, Psychic TV o, sobre todo, Coil, convirtieron las digresiones industriales en punta de lanza de la experimentación electrónica. Especialmente pronunciada es la influencia del mítico dúo fundado por Jhon Balance y Peter “Sleazy” Christopherson, tanto en la construcción de ambientes angustiosos y perversamente sexuales como en los elementos que se utilizan para confeccionarlos, en especial el uso de instrumentos percusivos de origen exótico. Pero no sólo del recuerdo vive “Harbored Mantras”, el excelente álbum de debut de la pareja formada por Amitai Heller y Loric Sih. Así pues, a estos cimientos tan concretos se le unen ciertas dinámicas del underground bass británico y un barniz del componente etéreo de propuestas como las de su amiga y colaboradora Glasser (quién, además, ha diseñado el artwork del disco) para dar con un trabajo que se cuela directamente entre los más estremecedores del año, tanto por la vía de la zozobra tenebrosa como por la de una extraña belleza de aires depravados.

El ascendiente Coil queda de lo más patente ya en los dos primeros cortes del álbum, “Tread On Them” y “What Wiwant”, en el que patrones prestados del house más descarnado abrazan obsesivos ritmos africanos sobre los que las vocales emergen bajo el influjo del espíritu del añorado Jhon Balance. En “Waldenpond.com” el factor liviano (vocales beatíficas incluidas) adquiere todo el protagonismo hasta que, a medio camino, hacen acto de presencia un giro melódico y una línea de bajo más propios del UK Funky que se llevan la canción a terrenos mucho más viscosos. Es en composiciones como “Bad Ethos” , “Even In The Dark” o “Feasting On Mongoose”, donde Water Borders consiguen sublimar la aleación de tres de los conceptos esenciales en su propuesta; las formas industriales heredadas, la deconstrucción de géneros asociados al hardcore continuum y la idea de nebulosidad y aletargamiento inherente en todos los lanzamientos de Tri Angle. La recta final del disco se inicia con “Seed Bank”, una ceremoniosa composición que busca invocar fantasmas afables en medio de tanto ritual siniestro. Pero la ilusión de luminosidad se evapora con los dos últimos tracks del disco, “Miners” y “Antechamber”. En ellos volvemos a ser partícipes de la capacidad del dúo para dar con pasajes lóbregos y sórdidos de pulsión obsesiva y efecto tormentoso para luego articularlos en canciones que son, en definitiva, la traducción sonora de las más oscuras angustias vitales.

Franc Sayol

“What Wiwant”

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