Happy To You Happy To You

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Miike Snow Miike SnowHappy To You

7.7 / 10

Llegados a su segundo disco, “Happy To You”, queda claro que a Miike Snow les ponen las raves, o por lo menos, la música que sonaba en algunas de ellas. Pero como por edad no pudieron asistir a ninguna, a menos que sus padres fueran muy malos educadores, se han tenido que crear una imagen propia. Y claro, como vienen de la fría y sobria Suecia, su idea de estas fiestas parece muy distinta a la original, a juzgar por sus producciones. Las juergas veraniegas que ellos evocan están dotadas de todos los servicios indispensables. Por ejemplo, los asistentes no mean entre los matorrales del bosque, sino que hay unos limpios utilitarios. Los ravers no van con chándales de colores llamativos, visten bien, algunos incluso con esmoquin, como cabría esperar de gente de bien como ellos. Y, aquí viene lo más importante, el soundsystem no es una mierda, es de última generación.

Esto es lo que me viene a la cabeza cada vez que escucho esa colosal “Paddling Out”, que es desde ya su mejor canción (sí, supera a “Animal” y “Sylvia”). Es un demencial festín de beats veraniegos, destila un buen rollo alucinante y hace que te entren ganas de largarte de la oficina y entrar en la primera discoteca que encuentres. La receta es más bien sencilla y no se aleja del sonido de bandas contemporáneas a las que también les excitan los 90s como Friendly Fires: unos pianos hiperactivos que dictan cada uno de tus pasos, más subidones que el Dragon Khan y un estribillo simple y efectivo para que toda la muchachada reviente el local de turno al son de: “And you say isn’t it hard paddling out?”. La única pega es que dura poco más de tres minutos y medio, así que estás condenado a darle al repeat hasta el fin de los días (las remezclas, pese a que una de ellas viene firmada por Jacques Lu Cont, no le hacen justicia).

“Paddling Out” es una de las canciones que mejor ejemplifican el modus operandi de los suecos. Ellos te montan la fiesta del siglo, pero se lo manejan para que sus flequillos no se mueven ni un segundo y no necesitan meter beats sucios, ni silbatos horteras ni nada por el estilo para que la noche no decaiga. Aunque se rebajan las pulsaciones, en parecidas aguas se mueve “Devil’s Work”, un lujoso despliegue de instrumentos impensable en 1988 (y en muchos grupos actuales de su onda). Los pianos no desaparecen, pero aquí añaden cuerdas y un banquete de vientos que incluye trompeta, trombón, corneta francesa y fiscorno, entre otros (participan un buen número de artistas invitados). El actual sencillo, “The Wave”, es otra de las canciones más barrocas de “Happy To You”, pero el trío sabe controlarse para no llegar nunca a saturarte (su percusión es deliciosamente atronadora). Exuberante también es la preciosa y cristalina “God Help This Divorce”, donde se atreven con el folk, pero donde mejor suenan cuando se ponen calmaditos es en “Black Tin Box”, una suerte de sueño húmedo para todo fan del indie pop sueco. La canción tiene esos ecos oscuros tan The Knife y cuenta con la voz de Lykke Li, que siempre supone un plus.

Aunque el trío sólo lleve dos discos queda claro aquí que tienen el pulso firme para manufacturar himnos pop con insultante facilidad (aún no hemos mencionado, no porque no lo merezcan, el piano house de “Pretender” y “Bavarian #1 (Say You Will)” y sus silbidos). Pero esto tiene más que ver con el hecho de que antes de Miike Snow participaron en otros proyectos. Andrew Wyatt ha estado en mil y una bandas y Christian Karlsson y Pontus Winnberg se labraron una carrera hace unos años como reputados productores mainstream trabajando para artistas como Madonna, Kylie Minogue y Britney Spears, con quien ganaron el Grammy a Mejor Grabación Dance gracias a ese indiscutible trallazo que es “Toxic”. Aunque esto no les resta mérito, es de agradecidos decir que los chicos se han sacado de la chistera otro álbum tremendamente entretenido y pegadizo.

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