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Álbumes

Loney Dear Loney DearHall Music

7.8 / 10

POLYVINYL RECORDS

“Dear John”, quinto disco de Loney Dear y el primero con el que se les empezó a conocer más allá de los círculos habituales, supuso toda una sorpresa para los seguidores de este proyecto comandado por el sueco Emil Svanängen: canciones como “Under A Silent Sea” o la célebre “Airport Surroundings” apelaban a una suerte de pop melancólico bailable, agitado, de fulminante dinamismo que contrastaba con la idea original que teníamos de su discurso, de corte más apagado. En realidad, todo el disco estaba envuelto de una magia especial, gracias a un laborioso, chispeante y atrevido trabajo de producción que emparentaba el indie-pop ortodoxo con la mecánica de “808s & Heartbreak” de Kanye West, magnífico ejercicio de madurez y ambición creativa que permitía redescubrir a un autor con ganas de desvincularse de un sonido concreto y delimitado.

Ese fulgor y esas ganas de animar el tempo de sus composiciones ha desaparecido por completo en “Hall Music”, un nuevo álbum que parece el reverso deprimido y anticlimático de su predecesor. El resultado, sin embargo, se mantiene espléndido, cien por cien vigente en su manera de exponer pequeños pero universales dramas sentimentales, ahora si cabe con mayor profundidad emocional. De intensidad lenta y contemplativa, aquí no encontraremos ni una sola salida de tono rítmica, ni un solo intento de acelerar las pulsaciones e invitar a un tímido baile, este regreso centra sus intereses en la voz de Svanängen y en una maravillosa serie de arreglos de cuerda que acompañan con sutileza y explosividad melódica sus historias de distanciamiento y crisis, emocional y también creativa, material hecho a medida para paladares refinados y exigentes.

Olvidémonos, pues, de singles efectivos e incontestables del calibre de “Airport Surroundings”. Aquí solo encontraremos medios tiempos desesperados, de belleza demoledora, en los que el cantante sueco consigue acoplar su voz templada a los chorros orquestales, que además de ejercer de complemento indispensable en la coreografía emocional de las canciones también tienen la responsabilidad de asumir el rol de base rítmica de éstas. Nótese la ausencia de batería o ritmos pregrabados en buena parte del recorrido –memorables “Young Hearts” o “Durmoll”– y en cómo son las notas que surgen de la orquesta que le acompaña en el estudio las que acaban acarreando con la labor de darle ímpetu y fuerza al contenido. Ejercicio fascinante de interiorización expresiva y creativa, “Hall Music” apela a conceptos como la épica, la grandeur y la monumentalidad desde una óptica modesta, sutil y contenida, una delicatessen en forma de pop melancólico que ratifica el envidiable estado de forma de Emil Svanängen en la actualidad.

Julio Pardo

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