Half Of Where You Live Half Of Where You Live

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Gold Panda Gold PandaHalf Of Where You Live

7.6 / 10

Desde su eclosión hace tres años con “Lucky Shiner”, la vida de Gold Panda se ha convertido, como la de cualquier productor que asciende a la primera división de la electrónica indie, en una sucesión de aeropuertos, clubes y festivales esparcidos por el mundo. Aunque esta espiral de nomadismo fragmentado no parece ser la mejor manera de absorber las particularidades locales, es del todo comprensible que el productor de Essex haya querido aprovechar los residuos sensoriales que le han dejado sus viajes por el globo como punto de partida para “Half Of Where You Live” –un título que, probablemente, hace referencia a la experiencia de viaje parcial que tienen tantos músicos en gira–. Esto no supone un cambio radical en el tono, sino un pequeño desplazamiento de la perspectiva; la melancolía sigue dominando, pero esta vez está más enfocada a capturar los sentimientos de extrañeza y nostalgia que acechan a uno cuando se encuentra en tierra extraña que no en poner banda sonora a las pequeñas desventuras emocionales del día a día.

Es innegable que, ya desde esa seminal “Quitters Raga”, el componente exótico siempre ha estado presente en la paleta de Derwin Schlecker, pero esta vez es más prominente que nunca. En “Junk City II” o “My Father In Hong Kong 1961”, prevalecen los tonos orientales y las melodías de marimbas, “Community” evoca a bailes rituales en el Amazonas y “We Work Nights” hace pensar en noches de clubbing en Mumbai con su sample de sitar. Este factor cosmopolita no solo adquiere mayor protagonismo en el plano sonoro, sino también en el conceptual; “Community”, por ejemplo, busca reflejar la miscelánea de culturas que cohabitan en Londres mientras que “Brazil” es un relato sonoro de la llegada del productor a São Paulo. Precisamente estos dos tracks también sirven por poner de manifiesto un mayor interés en la rítmica de ascendencia house, aunque, como siempre ocurre en su música, sea como un simple colchón para las atmósferas y evoluciones melódicas. El uso de sonidos de cajas de ritmo analógicas, también presentes en cortes como “An English House” o “We Work Nights”, es otro de los principales matices respecto a su debut, aportando un refrescante contrapunto descarnado a su habitual orfebrería glitch adornada con grabaciones de campo –que sí reaparece en cortes como “Flinton” o “The Most Liveable City”–. También llama la atención la prácticamente total ausencia de vocales troceadas, una de sus señas de identidad hasta la fecha. El esquivar lo formulaico es encomiable, pero en ciertos momentos se echa de menos el suplemento de humanidad que podrían aportar a sus collages crepitantes, sobre todo escuchando los conmovedores resultados de la conclusiva “Reprise”.

Las connotaciones emocionales de un disco facturado entre aviones, promotores, hoteles y escenarios nunca podrán ser las mismas que las de un trabajo gestado en la intimidad de un dormitorio. Aunque es innegable que Gold Panda ha vuelto a apostar por un espectro sentimental similar al de su debut, las sensaciones finales no tan inmediatamente embriagadoras como las que desprendía aquél, resultando, incluso, artificiosas en algunos pasajes. Sigue sonando bonito, y está facturado con el mismo amor por el detalle, pero se ha perdido algo de magia por el camino.

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