Habits And Contradictions Habits And Contradictions

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ScHoolboy Q ScHoolboy QHabits And Contradictions

8 / 10

Abran Google Streetview y sitúense en la esquina de Figueroa Street con la calle 51, en Los Ángeles Central. Dense un garbeo virtual por allá: una avenida de cinco carriles con raquíticas palmeras a ambos lados, surcada mayoritariamente por camiones y pickups. Grandes espacios descampados. Casas unifamiliares desvencijadas, una iglesia baptista, un videoclub y un salón de belleza. Automóviles de segunda mano expuestos a la intemperie. Ahora pónganle una banda sonora intimidatoria: “Nightmare On Figg St.”, uno de los temas emblema de este “Habits And Contradictions”. Imagínense este tinglado de noche, y grábense este estribillo psicopático en el córtex cerebral: “On Figg we see it / We need it / We want it / We get it / Its stormin', its snowin', its floodin' / And still out here thuggin'”. El rap de la Costa Oeste –y en especial el gangsta rap– siempre ha sido muy territorial, algo heredado de las escabechinas entre gangs angelinos por el control o la defensa de sus respectivas zonas. Con ScHoolboy Q la acción se traslada a Figg St.: ahí está su guarida y “Habits And Contradictions” son sus nuevas aventuras.

Quincy Matthew Hanley no ha salido de la nada ni tampoco anda solo por las calles: tiene en su haber un debut más que decente llamado “Setbacks” (Top Dawg Entertainment, 2011) y varias mixtapes; además le respalda el colectivo Black Hippy, del cual ya hablamos el año pasado con el excelente “Section.80” de Kendrick Lamar. No es extraño que la prensa angelina los compare con Odd Future, si bien Black Hippy nunca llegarán a ser un hype: aparte de tener un nombre poco apropiado –de hippies no tienen nada–, les falta esa actitud promocional tan épater le bourgeouis –o mejor dicho, épater les blacks– omnipresente en Tyler y sus amigos. Y mientras el escenario donde suceden las historias de Tyler es el interior de su mente enferma, en el caso de Q están situadas en un mapa real, aunque no por ello su música está menos cargada de rabia y nihilismo.

Y también de estilos: el sonido del álbum es crudo y directo, pero al mismo tiempo muy ecléctico. Diríamos que queda a medio camino entre el G-Funk californiano –puesto al día, eso sí– y los beats futuristas. Otro de los zénit de su álbum es “Hands On The Wheel”, a medias con A$AP Rocky, un tema en el que muestra su fino olfato para el público blanco alternativo: sample de Lissie –una cantante indie– versionando el “Man On The Moon” de Kid Cudi –un rapper emo–, guitarras destempladas sobre una Roland 808 trotona, y una letra que hace apología del botiquín, un auténtico tratado sobre todas las maneras posibles de acabar la noche con un morado de aúpa. No todo es hedonismo y narcóticos, claro, también existe el lado tenebroso: “Oxy Music” nos pinta un paisaje de pesadilla yonqui: “ Blood on the wall / Death in the air / Birds on the ground / Pistols everywhere / Devils in the eyes / Babies always cry / Papa never home / Fuck it we all alone ”. Con “oxy” se refiere a la oxicodona, un sucedáneo de la heroína que está haciendo estragos en los barrios negros. Y todas estas lindezas las narra con una voz cuyo timbre recuerda a Snoop Dogg en sus tiempos mozos –cuando se llamaba Doggy Dogg–, pero con espumarajos brotando de su boca. Un perro rabioso: los tiempos del swag son duros y no se permiten amaneramientos.

Es curioso que tanto aquí como en otros temas – “How We Feeling” o el interludio marciano “Tookie Knows”– el tempo baja y los beats se recrudecen, a la usanza del trip hop noventero. Sin ir más lejos, “Raymond 1969” concluye, en una bacanal de guitarras garageras sobre un sample de Portishead, lo que podía ser la primera historiografía gangsta, centrada en la figura de Raymond Washington, el fundador de los Crips en el año 69, gang al que pertenecieron Eazy-E y Snoop. La canción funciona como un flashback que lleva al oyente a aquel momento fundacional, inmerso en un soundtrack alucinógeno. No se esperen el más mínimo rigor histórico: no lo hay. La letra habla de atracos y armas de fuego, mientras que en aquella época, Raymond Washington medraba a puro puñetazo y los Crips tan solo robaban chupas de cuero. Pero situar 1969 como el inicio de una gran pesadilla –año del crimen de Charlie Manson y de los incidentes protagonizados por los Hell’s Angels en Altamont, que borraron de un chingazo el sueño hippie– le sumerge en una simbología muy recurrente en la historia del pop: Stooges, Sonic Youth y ¿ScHoolboy Q? ¡Por supuesto! Estos momentos de factura claramente gangsta se mezclan con temas de club como “Druggies With Hoes Again” o aproximaciones futuristas al R&B como “ Sex Drive” junto a Jhené Aiko –gran estribillo zodiacal estilo Rick James: “Scorpio: sex drive / Gemini: sex drive […] Let me be your sex drive”–. Sin faltar el momento womanizer marrano y suavecito junto a Curren$y en “Groovline pt. 1” o la producción estilo Cut Chemist en “Gangsta In Designer (No Concept)”, con ese loop irresistible de flauta y redobles de batería. En definitiva, si DJ Quik reverdeció el año pasado los laureles de la vieja guardia gangsta, ScHoolboy Q le da al estilo nuevos horizontes, con un flow muy personal y un estilo musical la mayor parte de las veces original, innovador y con mucha mala leche.

Nightmare On Figg St.”

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