Gurun Gurun Gurun Gurun

Álbumes

Gurun Gurun Gurun GurunGurun Gurun

7.5 / 10

Gurun Gurun Gurun Gurun HOME NORMAL

La primera vez que escuchas a Gurun Gurun, y sobre todo si previamente habías sabido de la existencia de proyectos como, por ejemplo, Piana, la reacción lógica es la de ponerse en situación y prepararse para disfrutar de un trabajo de j-pop electrónico y delicado como los que han publicado sellos como Noble, 12k y, ocasionalmente, Morr Music o Hobby Industries, ese tipo de música de una fragilidad notoria, de una delicadeza casi obscena, de una belleza resplandeciente y de ingenuidad encantadora. Música que suena como si un conjunto de niños virtuosos de no más de diez años hubieran aprendido a tocar instrumentos en un conservatorio a la que vez que han obtenido un doctorado en programación informática. “Gurun Gurun” suena a eso exactamente, sin añadir ni quitar un solo matiz, una nota o un efecto electrónico: fusión de lo orgánico y lo digital en una colección de canciones susurradas, decoradas con glitches, notas de clarinete y un toque infantil desde el primer hasta el último segundo. Exactamente igual como esos discos de importación que a veces tenemos la suerte de encontrar en tiendas especializadas tipo Other Music y que te animan a plantearte comprar un billete de ida para aterrizar cuanto antes en el aeropuerto de Narita.

La sorpresa mayúscula llega cuando se descubre que Gurun Gurun no han pisado Japón en su vida –y, por tanto, que no tienen ni un solo rasgo, un gen o un pariente lejano japonés–. Es la misma sorpresa que se llevó Ian Hawgood, el responsable del delicioso sello Home Normal, al recibir unas muestras del álbum por correo, descubrir que era exactamente el tipo de material j-pop que quería editar y caer después en la cuenta de que Jara Tarnovski y Tomas Knoflicek son ciudadanos de la República Checa –aunque plenamente empapados del sonido japonés que han venido depurando con los años artistas más o menos conocidos en occidente como Gutevolk, Kazumasa Hashimoto o Midori Hirano. Tarnovski y Knoflicek forman parte de Miou Miou, una banda que no es nipona pero sí edita en el sello japonés Rallye, y en Gurun Gurun, aprovechando contactos y un equipo de colaboradores checos entre los que se encuentran músicos de la esfera clásica, han querido llevar a cabo un homenaje honesto y modesto a un sonido que ya es reconocible en todo el mundo pero que creíamos que sólo podría llegar de Osaka, Tokio y, excepcionalmente, de la capital de Islandia, Reykjavik.

Este disco desmonta el estereotipo de que son los japoneses los que copian –y luego adaptan– las costumbres, la moda y la música de occidente. Gurun Gurun es todo lo contrario: la copia desde el corazón de Europa de un sonido identificable con la versión oriental del pop digital. No hay ningún matiz de diferenciación: podría ser un disco de Piana o cualquier otra de esas rarezas japonesas que Taylor Deupree publicó en el subsello de 12k para el j-pop, Happy. La sensación mimética incrementa cuando se observa la nómina de invitados para “Gurun Gurun”: además de los músicos de sesión, que añaden un toque de cámara o neoclásico, las tres voces invitadas para adornar las canciones son las de tres de las figuras principales de este milieu japonés, las que más han llegado al oído de los fans en Nueva York, Berlín y Barcelona. Por una parte, está Moskitoo, a quien tenemos fichada por sus discos en 12k y que aquí se encarga de ponerle un lazo de colores a “Fu” y “Ano Uta”. Por otra, la polivalente Sawako –también en 12k y Anticipate, a medio camino entre el pop infantil y el ambient cristalino–, que le pone el suspiro necesario a “Yume No Moi” y a “Yuki – Hawaiian Snowflake”, y también merece una mención Rurarakiss, responsable de que “Kúkó” y “Kodomo” parezca que se vayan a romper en cualquier momento.

“Gurun Gurun” es un disco coral, en el que se han participado muchas manos y que se completa con remixes de Kora Et Le Mechanix y el danés Opiate, pero que parece hecho por una sola persona, por una lolita japonesa enganchada al software y con una hipersensibilidad melódica afinada. Una pequeña joya, desconcertante a medida que se comprende su génesis, a la que su extraña procedencia le añade valor. No es el mejor disco de j-pop digital de todos los tiempos, eso está claro, pero como primera aportación europea a un género que le es ajeno, lo de Gurun Gurun supera cualquier previsión. Una falsificación que es mejor que muchos originales.

Tom Madsen

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