Guilt Trips Guilt Trips

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Ryan Hemsworth Ryan HemsworthGuilt Trips

7.4 / 10

Sin ser el más listo de la clase, Ryan Hemsworth está situando su intelecto musical a la altura de los grandes recurriendo a la sensibilidad. Curtido a base de remixes y producciones para la escena cloud rap, criado al amparo del colectivo Wedidit, poseedor de un par de EPs altamente recomendables en la chepa, el cachorrillo de 23 años ha apostado por inflar sus exploraciones electrónicas de downtempo futurista con melancolía y finura emocional. Un rasgo que se ha mantenido desde el principio de sus aventuras en solitario, aunque su espectro de sonidos se haya ampliado con el paso del tiempo. El disco que nos ocupa, de hecho, sigue el camino iniciado en su anterior trabajo, el magnífico EP “Still Awake”. El canadiense es capaz de salvaguardar su particular universo, expandiendo sobremanera su campo de visión, sin miedo a picotear de una variedad de estilos actuales mucho más amplia.

La raíz de su cocina es clara y nos remite a su pasado –si es que un crío de 23 años puede tener pasado–: básicamente Ryan parte de una base hip hop para levantar castillos digitales de electrónica epidérmica. Como si el espacio de un LP le permitiera una mayor maniobrabilidad en la conducción por diferentes estilos, el beatmaker rocía el cuadro con manchurrones abstractos de synth-pop, R&B futurista, trap, psicodelia californiana, post-dubstep y lo que Dios disponga. El álbum se despliega en dos direcciones: por una parte, Hemsworth se vacía en instrumentales de un acabado inmaculado; por la otra, se acompaña de voces que fluctúan del pop emocional cibernético al hip hop codeínico con sabor a Clams Casino.

La influencia de Clams es evidente, sobre todo en piezas como “Weird Life”, una sinfonía druggie con juegos de voces hipnagógicas, beats acuosos, graves envolventes y mucho teclado flipante. Lo mismo puede decirse de “Avec Vous” o “Yaeko Mitamura Is Lonely”, tracks cubistas de hip hop instrumental nebuloso que estiran sus beats para después encogerlos de nuevo o describir extrañas curvas de percusión alienígena. El suyo es un universo con personalidad, mucho más pop, melódico y traslúcido que el de Clams Casino, y a aunque todavía le falte pulir sus constructos, cuando surge la magia de piezas como “Ryan Must Be Destroyed”, uno sabe que está ante un ilusionista de los buenos.

Los tracks con featurings muestran a un Hemsworth más servil, más preocupado por el brillo de sus invitados que por hacer encaje de bolillos barrocos en sus instrumentales. Y no le sale mal la jugada. No extraña ver a Baths poniendo sus melodías lacrimógenas en la delicada “Still Cold”. Hay una conexión evidente entre su música y la de Hemsworth. Lofty 305 (Metro Zu) rapea/canta sobre una sucesión de beats líquidos a medio camino entre el R&B lloroso de Drake y el jarabe sonoro made by Clams. Y también hay minutos pop: Tinashee aplica su tratamiento de gorgoritos oníricos a un ejercicio de R&B elegantísimo, brumoso, casi amniótico, irresistible. Es quizás uno de los cortes más conseguidos, la demostración del potencial de un excelente productor que necesita un disco más para consolidarse en la crema. De modo que aferraos a este álbum álbum una semanita, escuchadlo atentamente con auriculares y de noche: sólo así, cuando Hemsworth juegue en las Grandes Ligas en breve, podréis decir que estuvisteis ahí los primeros.

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