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Álbumes

Kreng KrengGrimoire

8.8 / 10

Kreng  Grimoire MIASMAH

Para los que vivimos en permanente adhesión al lado oscuro, la producción musical de los cuatro o cinco últimos años se ha convertido en un auténtico torbellino de lanzamientos estampados en riguroso negro, un sinfín de propuestas de talante pesimista y sonido opaco –incluidas en un amplio territorio formal que abarca la neoclásica, el nuevo ambient, la trama hauntology o todo el espectro doom– que apenas nos ha dejado respirar en todo este tiempo. Saturados ante semejante actividad y, sobre todo, ante semejante calidad, con una proliferación de grabaciones de altura a ritmo fuerte y constante, parece que ha llegado el momento de estrechar aún más el filtro y discernir la diferencia entre la excelencia y lo sublime. Un ejemplo recién salido del horno para ilustrarlo: “Grimoire”, segundo disco del proyecto Kreng, comandado por el belga Pepijn Caudron.

Si todavía hoy te preguntas cuándo fue la última vez que pasaste miedo escuchando un disco, ya puedes dejar de buscar, porque ha llegado el momento del relevo. En lo que llevamos de 2011 pocas referencias sonarán más tensas, inquietantes, evocadoras, tétricas y sombrías que este radical viaje al corazón de las tinieblas en el que, además, brilla hasta cotas insospechadas la precisión, amplitud de miras y profundidad del sonido, irreprochable paso adelante en la breve pero impresionante trayectoria del compositor. Cuadron utiliza todas las armas que tiene a su alcance para materializar un objetivo que se presumía complejo –oscurecer aún más si cabe su discurso y el de su debut, el también recomendable “L’Autopsie Phénoménale De Dieu”–, y lo hace con una meticulosidad y un rigor que le sirven para distinguirse y distanciarse de muchos otros referentes coetáneos con ideas similares pero con menos reservas de talento natural para esto.

En “Grimoire” confluyen rasgos del dark ambient, del aislacionismo, de la banda sonora, del noir, de la música concreta, de la neoclásica, del free jazz e incluso de la ópera, todos ellos perfectamente ordenados e integrados en una misma hoja de ruta, tratados con sigilo, contención y sentido orgánico, uno de los ejemplos más sólidos y rotundos de depuración expresiva que se recuerdan recientemente. La apuesta formal no deja lugar a dudas y se consolida ya mismo como una masterclass de referencia en la escena. Pero todavía más acongojante es su capacidad evocadora y su impacto sensorial y emocional. Es imposible volcar aquí todas las imágenes, visiones, ideas y sugestiones que genera el disco: la Europa de entreguerras, un nuevo cine noir, epidemias, virus apocalípticos, ciudades abandonadas, centros psiquiátricos sin control, cabarets clandestinos, ritos paganos, pasos fúnebres, cultos extraños e irreconocibles… “Grimoire” supera todas las expectativas no solo por la traducción musical que hace del miedo sino también por la manera que tiene de reflejar y captar en su máximo esplendor nuestra fascinación por el lado oscuro.

David Broc

Petit Grimoire + Wrak

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