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Wiley WileyGrimewave

7 / 10

ESKIBEAT RECORDINGS

Por culpa de su beef legendario y prolongado con Dizee Rascal, hay quien a Wiley le toma más en consideración por sus reproches que por sus versos, siempre alerta a ver por dónde sale la nueva puñalada: “eres un vendido”, “yo te saqué del arroyo cuando eras un lobezno destetado”, “negro desagradecido”, ese rollo. Y Wiley es, a diferencia del resto de veteranos del grime, quien más viva mantiene la esencia del sonido fundamental de esta corriente rave inglesa. Otros, como JME o Kano, aun conservando el chorizo en la boca y la mala leche urbana, llevan años escorados hacia el lado más hip hop –personalista, materialista y en busca de la fama, aunque se les resista– de la cosa. Y de Rascal qué decir, petando los charts con su Dance wiv me asistido por la hortera de Calvin Harris. De todos modos, con “Wearing my rolex”, single tempranero de este año en el que Wiley se acercaba al sonido agresivo-comercial del bassline, ni siquiera el guardián de las esencias puede presumir de integridad. Eso sí, el que menos ha puesto el ojete es él –eso es evidente–, y tanto en las recopilaciones Tunnel vision como en este “Grime wave” Wiley se esfuerza en dejar claro que desde Treddin’ on thin ice él sigue siendo el mismo artesano de la línea de bajo minimalista y ondulante, el adorno de apoyo –que puede ser un banjo en “Anything is possible”, musiquilla china en “If you’re going out I’m going out too”, o un gorgorito soul más propio de las grimettes que de los machotes en “Sky is falling”– y los rapeados mecánicos, sin expresión, propios de un Terminator del East London. Problema de “Grimewave”: pese a su acierto formal, apesta a 2005, al mismo discurso inmovilista que hizo sucumbir al otrora excitante grime ante la mayor exhibición de matices del gélido dubstep. Es por eso por lo que seguimos prefiriendo al más colorista e irónico Trim. Sin rencores, que conste.

Javier Blánquez

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