Green & Grey Green & Grey

Álbumes

Julia Kent Julia KentGreen & Grey

8 / 10

Julia Kent  Green & Grey IMPORTANT RECORDS

Estuvo en los Johnsons de Antony y formó parte del grupo Rasputina, pioneros del abuso –más que del uso– del chelo como instrumento en un contexto indie, si no fuera porque antes ya habían existido Rachel’s. Ahora opera sola, libre, y por segunda vez está demostrando, tras la edición en 2007 del álbum “Delay”, que ella no necesita a nadie para dejar huella y que los juegos de dependencias van a la inversa: quien desee dejar una marca clasicista y desolada en sus canciones, necesita urgentemente el tacto de sus manos sobre el arco y las cuerdas. Julia Kent transforma el violonchelo en un instrumento mágico, arrebatador, y lo consigue con poco esfuerzo y sin transgredir las normas de uso convenidas durante siglos: lo suyo es sólo –que no es poco– talento e intuición.

La cualidad de su música es cinematográfica, a veces, e impresionista casi siempre: la canadiense (y afincada en Nueva York) parte de fuentes tan conocidas –el barroco, los minimalistas ingleses– que sus partituras corren el riesgo de caer irremediablemente en el cliché, en esa plástica mil veces escuchada en discos de Michael Nyman ( “Drowning By Numbers”, sobre todo, aunque aquella banda sonora para Peter Greenaway estaba inspirada particularmente en Mozart), Gavin Bryars y Max Richter, y sugerida en las infinitas escuchas repetidas de las suites de Bach. A ese armazón, Julia Kent añade procedimientos actuales fáciles de registrar en un home studio como la inclusión de field recordings, la grabación de loops y la superposición de capas de chelo para conseguir, a la vez, un efecto de glissando y pizzicatto que hacen que la música fluya alegre y gentil. Por momentos, “Green & Grey” parecería la versión luminosa del tétrico “Without Sinking” (Type, 2009) de la islandesa Hildur Gudnadóttir.

Lo auténticamente sorprendente de esta colección de viñetas, que son como mirar al jardín por la ventana tras la salida del sol en un día de lluvia, es cómo consigue tanto con tan poco. Ni Julia Kent es una virtuosa con una digitación infernal ni tampoco una renovadora del chelo –la aportación electrónica es discreta y no interfiere apenas–, y su solfeo responde punto por punto al que se puede escuchar en mucho cine de autor que confía en conseguir espectadores contritos y al borde de la lágrima (volviendo a Nyman, también es fácil encontrar el rastro que lleva a sus soundtracks, en especial “The Claim” y “Wonderland”, para Michael Winterbottom). Y, sin embargo, le sale todo medido, perfecto: las piezas –favoritas: “Overlook”, “The Toll”, el amago de arrebato furioso de “Wake Low”, la honda huella de Bach en “Acquario”– emocionan sin artificios, iluminan el espacio con luz tibia, se dejan escuchar de fondo sin interrumpir y, cuando te acercas a ellas, detectas una pureza virginal que, escucha a escucha, se va haciendo más notoria y adictiva. Sin ser una obra maestra, es el típico disco al que acudes de forma periódica, sin pensarlo, porque las manos –guiadas por una emoción franca– te dirigen allí por simple instinto para quedar atrapado, como una vulgar mosca en la red de una araña.

Javier Blánquez

Julia Kent - A Spire

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar