Greco-Roman: From The Seat Of Mount Olympus Greco-Roman: From The Seat Of Mount Olympus

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Varios VariosGreco-Roman: From The Seat Of Mount Olympus

7.1 / 10

Varios  Greco-Roman: From The Seat Of Mount Olympus GRECO-ROMANMonos de licra. Musculatura de enano ligeramente desarrollado. Escrotos estilo nido de golondrina. Cascos de patinadora de los ochentas. Magnesia estropeando la manicura de peluquería coreana. Torso, piernas y antebrazos yermos, depilados, resbaladizos. Posturitas con el ojete boqueando. Aceite corporal, duchas calientes, vapor, bigotitos húmedos, dorsales tensados, coquilleras sucias en el suelo, toalla suave, gotitas de colonia, penachos recios. No estoy describiendo una fiesta de Freddy Mercury en el 87, sino evocando, cual ectoplasma saliendo por la boca de una médium, el imaginario gay que desprende una práctica deportiva como la l ucha grecorromana. Que nadie me malinterprete: estoy convencido de que en esta disciplina hay tantos homos como heteros, no digo que para apreciar dicho deporte tengas que perder óleo, pero creo que nadie se atrevería a discutir la carga homoerótica que desprende esta modalidad ancestral de combate cuerpo a cuerpo. Greco-Roman, el sello, pues, es aceite puro y virgen… y me gusta.Lo mejor es que Joe Hot Chip Goddard –principal ideólogo de este label berlinés-londinense junto con un puñado de colegas– no sólo no le tiene miedo al mariposeo grecorromano, sino que el tipo tensa todavía más la cuerda del vicio titulando la dichosa compilación que nos ocupa “From The Seat Of Mount Olympus”, lo que nos transmite imágenes mitológicas de deidades caprichosas, túnicas blancas, efebos esclavos, filósofos pederastas y bacanales de padre y muy señor mío. Vaya, que ya antes de abrirlo y escucharlo el disco huele a látex, culo, popper y sudor. Admito que tiene su gracia y te pone en situación en menos que canta un Vincent Gallo. Dicho esto, y asimiladas las vaharadas de vicio que emana este artefacto, a uno le queda por delante un atractivo recital de electrónica hedonista para flequillos con seborrea. El álbum contiene cinco maxis pertenecientes a la serie “International Sonic Wrestling Match”, editada, claro está, en los pastos grecorromanos. Así pues, el sello de Goddard y compañía adquiere en este CD más cuerpo y alma que nunca, merced a una manita de instantáneas previamente despachadas en vinilo (con sus correspondientes remixes y caras B) que reflejan el espíritu de elegante petardeo de tan aceitosa plataforma. Vamos por partes.En el primer maxi nos topamos con David E. Sugar, que según las palabras de la administración Boomkat está produciéndole un tema a Kylie Minogue. El tipo sabe lo que se hace y nos brinda el efectivo “Oi New York This Is London”, revientapistas digitalizado, vitaminado, sodomizado, alcoholizado y entrecortado, un apretón de subidones de los que le deja a uno la piñata erosionada de tanto apretar la mandíbula. Sensacional Skream en la mezcla, despojándose del hoodie negro y calzándose atuendo ibicenco (esto es túnica blanca, sandalias, cinta en el pelo y una pitillera llena de pastillas y gramos). Hot Chip y Ragga Twins apuestan por una suerte de electrohouse psicodélico ultrafiltrado que funciona con menos prestancia en la pista, pero tiene indudable calidad en parquets espolvoreados con ketamina. El viejo Jesse Rose prefiere algo más ortodoxo: housete líquido con subidotes en miniatura y a vivir que son dos días.El segundo maxi es para Grosvenor y su disco-funk con abrigo de chinchilla. Falsetes, pop homo, bases optimistas, palmas kitsch y sintetizadores a mansalva. “Drive Your Car” podría parecer a simple vista uno de los cortes más discretos del CD, pero cada vez que lo escucho me convenzo más de lo contrario. Además, la reconstrucción de Hot Chip en el remix consigue ofrecer otra perspectiva distinta de la canción, inyectándole funk a borbotones, aminorando los bpms y metiendo caña a los sintes en el estribillo. Buraka Som Sistema se encargan de dar nombre a la tercera galleta, aportando ese wegue-wegue que a mí personalmente me hace vomitar, sobre todo después de verlo convertido en el grito de guerra de los púberes danzantes de “Fama a Bailar”. Sí, sí, es el “Kalemba” de los huevos, y se ha convertido ya hasta en un politono del programa de Ana Rosa. No me gusta el kuduro, no me gusta el rollo portugués / brasileño, no me gusta nada de lo que representa esta banda, lo siento. Hot Chip le meten bounce por un tubo y se ponen nerviositos con una remezcla que hace mejor al original, pero poco más. Lo habéis adivinado: al pasar este disco a mi iPod sólo este maxi se ha perdido por el camino. Ni siquiera el magnífico trabajo de destrucción masiva con bajos nucleares en el gran remix de Reso ha impedido la quema.El cuarto maxi es mi favorito. Drums of Death me pone. Y me pone mucho. Es como si Modeselektor hiciera ahora electro booty industrial. Dios, los graves son tan exagerados que el perineo se te convierte en una tortillita, pierdes el dominio sobre los músculos del esfínter y, si has comido marisco o Domino’s Pizza, te lo haces todo encima. El remix de Drop The Lime es mucho más guerrillero, huele a after en el barrio chino, sabe a cristal churrupado con el dedo índice y potencia la cara más grime del hit a golpe de basslines mareantes: Luca Venezia hace tiempo que no falla. Y hay dos cortes más de los viejos Drums: “Cursed By Magic”, un zurcido de electro digitalizado realmente potito, y “Midnight Stalker”, una sucesión de subidones farloperos y descensos opiáceos en clave electrohouse que haría bailar hasta a uno de esos obesos mórbidos que han fusionado el pellejo con el cuero de su sofá (existen, al menos en la serie “Nip / Tuck”).Y la traca final, el último repecho electrónico, lo pedaleamos en compañía de un parque jurásico con lagartos beodos y tricerátops que esnifan de una llave. El EP “All In One Sixty Dancehalls” de Totally Enormous Extinct Dinosaurs es un magnífico regalo de despedida. A medio camino entre los desvaríos funk más Boys Noize, el bassline clitoriano y el electro pop más caramelizado, lo de esta chusma entra como cera caliente por la oreja. Los británicos han alcanzado un punto de sudoración óptimo, dando a luz a un mutante pistero que dejaría al Niño de las Estrellas de “V” en un cachorrillo adorable. “Borunemouth” tiene una irrupción de bajos que te disuelve la caja torácica como mantequilla entre las nalgas del barbudo de “Resacón En Las Vegas”. “Moon Hits The Mirrorball” es puro disco-funk para que lo pinche Erol Alkan y “Sickly Child” es, quizás, el corte más obvio, más desustanciado. Y cuando las luces ya se abren, tema final para observarnos los caretos como Dios manda antes de asomarnos por cualquier pajareo guarro en la periferia, la remezcla de los legendarios 2 Bad Mice, próceres del hardcore, con “Moon Hits…”: tan rave, tan noventas, tan breakbetera, que si fuera mujer dejaría de depilarme los sobacos, permitiría que la vegetación púbica me asomara por los límites de las bragas, adoptaría un perro enfermo, llamaría a cuatro amigos y dos camellos e iría, rauda y veloz en un coche robado, al festival de los Monegros. Óscar Broc

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