Great Western Layment Great Western Layment

Álbumes

Rudi Zygadlo Rudi ZygadloGreat Western Layment

7.8 / 10

Rudi Zygadlo  Great Western Layment PLANET MU

No hay una manera lógica de describir el sonido que saca Rudi Zygadlo del intestino de su ordenador. Lo mejor es acudir a una enumeración interminable de pequeños detalles que acaban resultando significativos una vez se advierten como parte del conjunto. Por ejemplo: arpegios, muchos arpegios, dedos simulados que corretean por los trastes de una guitarra virtual trazando escalas delirantes, voz de jilguero forzada en un falsete que está entre Prince y Thom Yorke, latigazos de bajos eléctricos que ora son funk –como George Clinton– ora son dubstep –como Benga–, estructuras cubistas que rompen líneas de armonía y desafían las leyes de la arquitectura de líneas mentales, sonidos como de trastornos gástricos que intentan escapar del cuerpo escalando las paredes del esófago –o del recto– y coros de niños con algo de chiptune. Podriamos continuar con la retahíla de impresiones freaks que la escucha de “Great Western Layment” produce, pero no sería necesario: con esto ya basta para entender que estamos ante algo diferente, que desafía, si bien no lo racional, sí lo habitual. Porque en el fondo, este debut de Rudi Zygadlo –nueva figura, tras la estela de Rustie, Hudson Mohawke y los responsables de los sellos Wireblock y stuffrecords, en emerger de la polivalente escena electrónica de Glasgow– lo que quiere es ser un disco de pop. Lo es porque prácticamente todo arranca con una voz, su voz, que está entre el timbre agudo de pito –por momentos incluso de helio– y la plasticidad sexy de los vocalistas masculinos de R&B, y todo lo demás es añadirle tonelaje de ruido, dubstep, abstracción e IDM para que esas canciones que empiezan normales acaben siendo canciones extraordinarias.

Afirman en Planet Mu que Zygadlo hace pop como nadie. En el fondo es cierto: ningún otro disco que haya en circulación se parece a éste en conjunto, a pesar de que analizado minuto a minuto recuerda a infinidad de influencias que comienzan con Skream –el segmento instrumental de “Magic In The Afternoon”, con bajo wobble de factura poco imaginativa– y acaban en Frank Zappa, por confiar mucho en la caricatura, el sentido del humor grueso y la incrustación de motivos de la música progresiva en un tipo de canción que de manera natural no admitiría tanto recargamiento. Lo que hacía Zappa con el rock, además de mofarse de su simplicidad –él siempre se sintió un compositor contemporáneo–, era vestirlo de exageraciones técnicas, de solos y de voces burlonas, de influencias dispares. Zygadlo traslada esa manera de hacer al pop, a la canción, con la sobreexposición de información y detalles. Por ejemplo, podemos fijarnos en “Stop / Reject”: en cierto modo, es el trasplante del universo “Discovery” (Daft Punk) al dubstep, con arpas, acordes progresivos, notas de banda sonora de película erótica, y sin embargo nadie negaría que pertenece al género de la IDM. O si no, “Missa Per Brevis”, que por el título en latín podría ser música sacra, pero cobra forma a partir de notas de saxo, soft-rock y gordura analógica que roza el kitsch. Entre la ironía y la seriedad, Rudi Zygadlo trabaja los temas queriendo restarles carga solemne, por una parte, y a la vez sin renunciar a una indiscriminada avalancha experimental. De hecho, y teniendo en cuenta que un “Oversteps” sale muy de vez en cuando, lo más inteligente en la música electrónica (ejem) “inteligente” es olvidarse de los lugares comunes del género –o sea, la melodía vaporosa y el rompecabezas de sonidos y ritmos abstractos– e intentar refundarla a partir de otros géneros.

Rudi Zygadlo ha aterrizado como un ovni en la actualidad de la música angulosa: es diferente, aunque por otra parte nos recuerde mucho –en cuanto a concepto, no tanto en resultados– al detroitiano Jimmy Edgar. La diferencia es evidente: Edgar partía del electro y el R&B para aportar un nuevo swing a la IDM; él era como Aphex Twin queriendo ser Timbaland, y su voluntad era la de sonar intrincado, roto, pero a la vez muy sexy. Zygadlo parte del prog-rock, del AOR de los ochenta y, en cierto modo, del electrofunk de bandas como Cameo y Zapp, para retorcer los cimientos del dubstep, a veces con un deseo de sonar rico, panorámico, nítido –incluso cósmico: tiene algo “Something About Faith” que me recuerda a Boxcutter, aunque no tengan nada que ver–, y otras veces sin miedo a caer en el ridículo de lo hortera, como ese “Layman’s Requiem” que, con su hiperproducción ochentas, podría ser un tema perfecto para el sello Citinite.

Todo esto sólo puede llevar a dos lecturas: o Rudi Zygadlo es un genio o es una especie de esquizofrénico incapaz de detenerse en un solo género y profundizar en él. La realidad es que no es ni lo primero ni lo segundo. Tiene talento, por supuesto, pero no reinventa nada; sólo tiene la habilidad para encontrar permutaciones inéditas –algunas descabelladas– y conseguir que todo funcione. También parece loco, pero todo su diseño sonoro está muy bien estudiado, no deja nada a la improvisación, y consigue que todo cobre una coherencia necesaria. Pero “Great Western Layment” –el título del disco hace referencia a la zona de Glasgow en la que vive– es torrencial, a veces caótico, ambiguo en sus intenciones –no parece irónico, pero ¿seguro que no lo es?– y el primero paso para un segundo LP que será aún mejor y más sorprendente. Eso sí, esperemos que el sello lo venda con aspirinas.

Javier Blánquez

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