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Pan Sonic Pan SonicGravitoni

9 / 10

Pan Sonic  Gravitoni BLAST FIRST PETITE

“Gravitoni” es el último disco de Pan Sonic. Literalmente. Tras dieciséis años de empresa común, Ilpo Väisänen y Mika Vainio –¿alguien se acuerda de Sami Salo?– han decidido finiquitar la marca Pan Sonic. Con “Gravitoni” concluye, pues, uno de los capítulos más brillantes de la música electrónica contemporánea. Y lo hace como tiene que ser. Sin aspavientos. Es el último, sí, pero también es otro más. Quienes esperen de “Gravitoni” un manifiesto testamentario, un (auto)homenaje a un estilo tan propio como inconfundible, se llevarán un buen chasco. Vainio y Väisänen no bajan el telón. No se van. Simplemente, dejan de estar. Como el que sale a por tabaco y no vuelve nunca más. Un único guiño a los fans: “Pan Finale”, cerrando el álbum y el círculo con la recuperación de “Alku”, el tema que abría “Vakio” (Blast First, 1995), el primer álbum de unos por aquel entonces llamados Panasonic. Nada más. Genio y figura.

Visto con perspectiva, no se les puede negar a los finlandeses que legan un hermoso cadáver. Han sabido exprimir con imaginación una fórmula que en principio parecía limitada y que supieron volver a enunciar cuando fue necesario. En este sentido, y pese a sus excesos, “Kesto” (2004) se revela hoy como el trabajo más importante de su carrera, el punto de inflexión donde Pan Sonic se reinventan a sí mismos y emprenden un camino hacia la desintegración total de sus modos iniciales sin posibilidad de vuelta atrás. Repetir la jugada a estas alturas, con todas las posibles variantes abordables ya desarrolladas por sus miembros a título individual –Vaino como ø y bajo su propio nombre, Väisänen con Angel– habría sido redundante, cuando no directamente absurdo. Así pues, mejor matar a la bestia que dejarla morir.

Y la bestia muere sin domesticar. “Gravitoni” es la única secuela posible de “Katodivaihe” (2007) y su hijo no reconocido, “Kuvaputki” (2008). Un paso más. Siempre adelante. Ahora sabemos que hacia un final que nadie podía anticipar. Tan en forma estaban Pan Sonic. Corrijo: tan en forma están. Porque “Gravitoni” es, ante todo, una obra viva. Nerviosa y fiera. Como todas las suyas. “Voltos Bolt”, abriendo, ya pone al oyente en su lugar: un aplastante martillo pilón de ritmo y ruido. Mucho ruido. Y de ese grado de paroxismo no bajan hasta el séptimo corte, la ambiental –todo lo ambientales que Pan Sonic pueden ser– “Vainamoisen Uni”, que actúa de bisagra entre dos partes bien distintas. En la primera, decantaciones dubstep en sintonía con lo ya avanzado en “Katodivaihe” – “Wanyugo”–, deslumbrantes ejercicios genéricos –porque a estas alturas Pan Sonic son un género en sí mismos–, apocalípticas aproximaciones al black metal – “Trepanointi”– y el corte más bruto que se les ha oído en años: “Corona”. No podían haberlo titulado mejor.

La segunda secuencia, más reflexiva pero también mucho más oscura, quizá más consciente del carácter fúnebre de los últimos minutos de “Gravitoni”, ahonda en estructuras abiertas y sujetas a giros imprevisibles, anteponiendo lo atmosférico al ataque directo. Es éste un paseo incómodo por los lugares menos conocidos del sonido Pan Sonic, rayano en el cripticismo y sin duda el más valioso del disco, por distinto a cuanto le precede y, en definitiva, por nuevo. Morir matando, decía. Al final de tan tortuosa senda, “Pan Finale”. Ya les echo de menos.

Oriol Rosell* Escucha y compra aquí

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