Gossamer Gossamer

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Passion Pit Passion PitGossamer

7.7 / 10

No sabemos qué le ha ocurrido exactamente a Michael Angelakos durante estos últimos años. Pero escuchando “Gossamer” no cabe duda de que el pobre las ha pasado canutas y ha sufrido en sus carnes desquiciadas noches de insomnio en nombre del amor. Este es un disco de ni contigo ni sin ti, de mañanas de pasión incondicional y otras de llorera en las que te sientes como un perro abandonado. Ahora, más que nunca, el alma creativa de una de las mayores excentricidades del pop sintético reciente se muestra más vulnerable que nunca. Hasta que no se decida a contar realmente qué le ha llevado a escribir estos temas, seguiremos especulando acerca de su actual estado civil. Pero en lo que a lo estrictamente musical se refiere, la nueva criatura de los de Massachusetts da un paso al frente al dotar de una mayor épica los recursos que ya explotaron en aquel “Manners” (Frenchkiss, 2009) que enamoró y desquició por partes iguales a miles de personas (los filtros de coros infantiloides a lo “Alvin y las Ardillas” que tanto debate generaron se mantienen en “Cry Like A Ghost”).

Sus temas continúan siendo auténtica metralla para los oídos, que no quepa duda. No obstante, también hay momentos en los que el horror vacui lo domina todo y los temas se retuercen entre cientos de pistas que, lejos de haber sido desechadas por Chris Zane (quien ya trabajara con ellos en su LP de debut) en el estudio, se han preferido almacenar en el álbum. El resultado genera por momentos un auténtico vomito de estímulos sobreproducidos con los que resulta a primeras empatizar. Valga como ejemplo “Mirrored Sea”, que pese a ser un tema menor, hubiera ganado enteros con algo más de automoderación y menor nerviosismo.

Hiperactividad auditiva aparte, pocos discos pueden empezar mejor. El tridente formado por “Take A Walk” (desde ya, uno de los temas del año), “I’ll Be Alright” (lo que surgiría si Rustie con dos Red Bulls de más se pusiera a las órdenes de la banda) y “Carried Away” (una polícroma fantasía que podría perfectamente haber sido parida por Hot Chip) es adrenalina intravenosa. Passion Pit despegan con tres de sus mejores artimañas, las mismas que tienen todos los puntos para petarlo tanto en sus próximos directos como en las listas de éxitos. Y aun así, también hay espacio para rebajar las pulsaciones y dejarse llevar por el R&B marciano ( “Constant Conversations”, cuyos coros no tardará en emular How To Dress Well), el sarcasmo en clave buenrollista que podría colar en un capítulo de “Glee” ( “Love Is Greed”) o el melodrama impostado, con el bombo hinchadísimo, para la masa hambrienta ( “Hideaway”). “Gossamer” es frenesí, un nuevo delirio melódico al servicio del pop y una muestra más que fehaciente de que los estadounidenses ansían dominar los estadios de medio mundo. Poder pueden, por mucho que algunos se irriten.

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