A Good Understanding / I Drink The Air Before Me A Good Understanding / I Drink The Air Before Me

Álbumes

Nico Muhly Nico MuhlyA Good Understanding / I Drink The Air Before Me

8.3 / 10

Nico Muhly A Good Understanding / I Drink The Air Before Me DECCA / BEDROOM COMMUNITY

La primera noticia que se tuvo de Nico Muhly fue veinteañero y vestido de sport, en su papel de compositor de piezas para formación de cámara, y ése es –y seguirá siendo– su localización primera en el tablero de la música actual. Su condición a tiempo parcial de arreglista o productor, como cuando metió baza en lo último de Grizzly Bear y le dio su toque a la instrumentación, hay que entenderlo en Muhly según una doble necesidad: la primera, participar en la escena pop de alguna manera, porque le interesa –es joven, abierto de miras, no quiere ser un jubilado prematuro– y porque de ahí puede extraer experiencia y nuevos registros con los que pueda él luego jugar en sus propias partituras. Es ese hábito a salir de caza por cotos diferentes al del resto de compositores educados en conservatorio lo que añade un plus a Muhly, algo que en estos dos discos –uno editado en el poderoso sello clásico Decca; el otro en su casa de toda la vida, la islandesa Bedroom Community, nido de folkies y post-rockers– se nota a la perfección. Aquí tenemos a Muhly, el mismo chico que trabaja de assistant de Philip Glass y que se declara fan incondicional de la música sacra, pero también al muchacho cosmopolita que cuando puede se va a ver conciertos al Bowery Ballroom y toma nota de lo que ve.

Sin embargo, un disco como “A Good Understanding” dice mucho más aún del Nico Muhly que ha estudiado la historia de la música occidental y desea participar de su gran pasión por el Renacimiento y el Barroco con una pieza en la que se ha volcado por completo. La primera parte es, sorprendentemente, una misa ( “Bright Mass With Canons”), estructurada en cuatro partes litúrgicas –Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei– y en la que se conectan los extremos de un hilo místico en el que en un extremo están, por ejemplo, titanes de las capillas vaticanas como Gregorio Allegri y Giovani Pierluigi da Palestrina y en el otro feligreses vivos de la estatura de John Tavener y Arvo Pärt. Muhly trabaja más con el coro (Los Angeles Chorale, para ser precisos) que con los vientos y el órgano en esta parte, y aunque instintivamente le salen arreglos por los que pudiera haber optado Philip Glass –se nota en cómo las voces se atascan a veces en melodías punzantes de una nota y en cómo los teclados eléctricos reproducen bucles repetitivos–, esta misa acaba discurriendo de una manera grácil y personal, reuniendo a su paso influencias del pasado y de la reciente escuela minimalista.

El resto de composiciones incluidas en la primera intervención de Muhly en el gigante Decca están igualmente a la altura. Las más breves – “A Good Understanding”, “Senex Puerum Portabat”– distorsionan la música sacra canónica e incluso parecen querer admitir fases de ballet, con un ritmo abstruso que, por momentos, resalta tan en primer plano como la masa coral. Cuanto más avanza el desarrollo del disco, más se advierte que, en su aprendizaje, Muhly ha sabido ir distanciándose de la polifonía renacentista e incluso de modelos modernos que han alcanzado la excelencia en la disciplina sacra ( Gabriel Fauré sería un ejemplo) para imponer su personalidad. Está en el camino de ser un grande, de ocupar ese lugar –el del compositor erudito con actitud relajada que se gana la adhesión del público joven– que en su día ocupó (y abandonó) Michael Nyman.

El segundo disco editado simultáneamente por Muhly, “I Drink The Air Before Me”, es de una pasta diferente. Éste sí es de verdad un trabajo para danza contemporánea –composición comisionada por Stephen Petronio–, y el cuidado de Muhly está en crear fluidez en el curso del sonido y en exprimir las posibilidades tímbricas de la pequeña orquesta. No hay apenas voces (aparecen en “One Day Tells Its Tale To Another”) y, por lo tanto, la complejidad instrumental se incrementa con juegos continuos entre clarinetes, violines, metales y un piano que, la mayor parte de las ocasiones, hace la función de bajo continuo y sostiene la estructura de una partitura que nace de las obras para ballet de Ígor Stravinsky – “Historia De Un Soldado”, “El Pájaro De Fuego”– para, progresivamente, ir haciéndose más dulce y cinematográfica. Muhly entra más a fondo en la deconstrucción dodecafónica, se olvida de la mansedumbre y la paz de las otras piezas para orquesta y órgano –que parten de la sencillez de la música eclesiástica que acaba de desgajarse del primitivo canto gregoriano–, y se vuelca en dar lo mejor de sí. Los doce segmentos de “I Drink The Air Before Me” –más los dos bonus tracks: “A Long Line” y “Twitchy Organs”– permiten una escucha sin estrés e incluso gratificante, pero también exigen una escucha activa. No es música decorativa, hay gran densidad instrumental, así como cambios sin respiro de armonía y de tonalidad. De paso, y de manera testimonial, este ejercicio le permite establecer una competición amistosa con su compañero de sello Daníel Bjarnason, con el que comparte esa obsesión por difundir la rama abstrusa de la composición contemporánea, la que nunca ha podido llegar al gran público, sin traicionar sus principios de notación áspera pero buscando el resquicio y la coartada para aligerar su peso y su dificultad. Queda sobradamente probado que la madurez de Muhly es aplastante.

Javier Blánquez

Nico Muhly - Music Under Pressure 3 - Ensemble Nico Muhly - Music Under Pressure 1 - Flute

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar