Good Evening Good Evening

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Nite Jewel Nite JewelGood Evening

7.1 / 10

Nite Jewel  Good Evening NO PAIN IN POP

Existe otra cara de la moda synth-girl: no todas se pintan como puertas, no todas son tan glossy ni disponen de un alto presupuesto para contratar productores –o cargar el cesto de la compra de laca– y recursos con los que grabar un disco que suene profesional y en tres dimensiones. Sin ir más lejos, “Good Evening” se resiente de una ecualización torpe, de unos bajos que saturan y de una voz que se escucha en un plano lejano. A maqueta, dicho llanamente. En su primera versión era lógico que fuera así: es un disco autoeditado en 2008 que fue llegando a las manos adecuadas –los jefes del sello Italians Do It Better, a Gloriette Records y finalmente a No Pain In Pop, minúsculo pero rampante label neoyorquino en el que ya han estampado su firma desde Telepathe a HEALTH–, y que ahora gana una nueva portada, una mejor distribución y una proyección mundial menos subterránea. Lo único que no ha cambiado es el sonido: Nite Jewel no quiere un nuevo mastering, no le apetece corregir ni el nivel de ruido ni los defectos de grabación. Porque considera que la primera toma que aparece grabada en su ocho pistas es la que vale. Los demás pueden decir misa. Incluso la nueva portada tiene textura de fotocopia.

Quizá porque viene de las artes plásticas, que son más intuitivas y exigen un trabajo de un primer trazo –¿cómo se retoca un dibujo? O se lanza a la papelera, o se empieza de nuevo–, disciplina que eventualmente le ha terminado llevando también al videoarte, la californiana Ramona González también practica un disco-pop en el que no hay apenas añadidos ni correcciones, que apuesta por la primera idea y la primera impresión. De la cabeza a la máquina, y de la máquina a la fábrica: pura lógica y economía del lo-fi que, en su caso, no tiene nada en común con la actual ola de dejadez en cierto indie, sino que se aleja hasta finales de la década de los setenta, cuando la música disco era experimental. No sería adecuado sugerir la etiqueta ‘balearic’ para ella porque las orillas que bañan sus melodías felices y su electrónica de cacharro de segunda mano son las del océano Pacífico, bastante más hippys y vestidas de margaritas que las de Ibiza en los ochenta. Pero lo que sí demuestra es un conocimiento de la música disco lenta que sonaba en el Paradise Garage –primeras horas de la noche– o en los clubes marginales de punta a punta de Estados Unidos que hicieron sobrevivir al disco en la clandestinidad cuando el género cayó en desgracia.

Nite Jewel cita influencias de Lisa Lisa & Cult Jam y Debbie Deb, aunque también hay que sacarle a referir a Roxy Music, de los que versiona “Lover”. “Good Evening” es, también, el álbum que le grabaría Prins Thomas a Cocteau Twins en caso de que hoy pudiera producirse ese encuentro: vaporoso pero con esas guitarras tan 4AD, y esa percusión electrónica que se golpeaba con baqueta, y esos sintetizadores que planean y saturan un espacio cargado de smog por el que ella asoma pálida y borrosa. Por supuesto, Prins Thomas –o Todd Terje, o Metro Area, o Daniel Wang– produciendo al vuelo, ocupando pocas horas de su tiempo. Habría que ver cómo hubiera quedado el disco de haberse trabajado con más medios, con una inyección de dinero más grande –que es lo que hubiera ocurrido en caso de que Italians Do It Better, después de sacarle dos maxis, finalmente se hubiera atrevido con el álbum entero–. Posiblemente habría quedado como una versión más humana y retrorromántica del actual “II” de Desire, pero en ningún caso como una versión made in L.A. de Sally Shapiro, pues en Nite Jewel no hay italo que valga: hay más aproximación a la new age, o al sonido cosmic americano de los ochenta, que a la opulencia pop. Disco con defectos formales, “Good Evening” es, sin embargo, una tarjeta de presentación interesante para una autora con notables virtudes estructurales. No hay que perderle el rastro.

Juan Pablo Forner

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