Good Don’t Sleep Good Don’t Sleep

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Egyptian Hip Hop Egyptian Hip HopGood Don’t Sleep

6.7 / 10

Veinte añitos, modernos hasta decir basta y con ganas de apartarse de sus coetáneos con un sonido matemático que retoma los ochentas como punto de partida después de ese ataque de los clones que fue el brit-pop. Egyptian Hip Hop ya vienen dándonos la lata desde 2009, concretamente desde que los siempre papistas medios musicales ingleses se dieran cuenta de su extraño potencial al escuchar “Rad Pitt”. Sin embargo, tras aquel EP titulado “Some Reptiles Grew Wings” para el que los de Manchester llamaron a Hudson Mohawke en 2010, no ha sido hasta ahora que han decidido escapar de las garras del hype y editar su debut en largo. Sí, ellos son de los que prefieren tomárselo todo con calma. Pero también ha contribuido a esta tardanza su voz cantante, Alex Hewett, quien durante el proceso de gestación de este “Good Don’t Sleep” no ha podido aguantar la tentación de montárselo por su cuenta acompañando a la hijísima de Serge Gainsbourg o a Connan Mockasin. Allá cada uno con sus prioridades.

Valiéndose de un prog-rock de intenciones minimalistas (si es que eso es posible), ambiental y muy sesudo, la banda consigue afianzar un sonido propio que en momentos como la inicial “Tobago”, el juguetón patrón malí perpetrado en “Yoro Diallo” o el dance-punk marciano de “SYH”, encuentra sus mayores puntas de lanza. Si algún día Tame Impala se dejara seducir por Rustie saldría algo semejante, lo cual siempre es digno de admirar. Pero lo que ocurre en el resto de cortes se aleja lamentablemente de estas buenas sensaciones.

Por momentos el minutaje se le va de las manos (los más de seis minutos de “One Eyed Thing” no dejan de ser un ejercicio pretencioso de insustancialidad que podría haberse rematado mejor en la mitad de tiempo); las melodías se acoplan de una canción a otra imposibilitándonos discernir qué estamos escuchando y, además, ese filtro shoegaze que Hewett tiene impreso en sus cuerdas vocales (si alguien es capaz de entender qué canta en cada momento sin la necesidad de recurrir al libreto, desde ya es nuestro héroe) se hace algo cansino, repetitivo y sin sorpresas cuando se llega a la mitad del disco. Quieren ser una versión intelectual, al estilo hipster, de Cocteau Twins, pero en este álbum de estreno se han quedado a medio gas. A veces con un buen puñado de buenas intenciones no es suficiente.

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