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8 / 10

Dels  Gob BIG DADA

Hacia la mitad de mi adolescencia, en Londres había dos tipos de hip hop: el hip hop británico y lo que la gente escuchaba de verdad (Eminem, 2Pac y ese rollo). El UK Hip Hop, además, estaba dividido en dos clases. Estaba la onda literaria con un montón de samples, caracterizada por unas letras creativas y beats gordos –artistas como Jehst, Foreign Beggars y Task Force–, y luego estaba el material que en mi clase de música en el colegio siempre nos tiraban por tierra. Estábamos educados por profesores que ni siquiera entendían la música que querían hacer, y en clase nos faltaba material de primera necesidad como samplers y equipo para grabar, así que los alumnos estábamos limitados a una dinámica improvisada de prueba-y-error con secuenciadores. Los resultados a veces eran básicos (y a menudo, para decir la verdad, una enorme mierda), pero siempre había una excitación audible que surgía al darte cuenta de lo fácilmente que puede salir la música si la haces con un ordenador.

A pesar de que singles como “Witness (1 Hope)”, de Roots Manuva, amenazaron con colarse de vez en cuando en las listas de éxitos, el hip hop británico nunca se ganó de verdad el reconocimiento que se merecía más allá de su propia comunidad, a la que nunca le faltó el entusiasmo. Se me viene a la memoria un texto escrito por un idiota en el NME, en una reseña de un concierto de Skinnyman, en la que venía a decir que había demasiados tipos blancos entre el público como para que la escena pudiera aspirar a ser creíble, cuando en realidad era algo tan sencillo como que las letras tenían casi siempre un sesgo político y la música no era lo suficientemente pegadiza como para atraer a una audiencia más amplia.

Eso no fue lo que sucedió con el grime. Aquí los beats eran abrasivos, los estribillos eran memorables y las letras estaban plagadas de un hiperrealismo que seguía bien la línea de los rapppers americanos. Dizzee se convirtió en una estrella, se pasó al pop, y allanó el camino para que luego pasaran Chipmunk y el resto de la pesca. Aquellos tracks, ocasionalmente crudos pero siempre enérgicos, me recordaban a lo escuchábamos en clase, y aún así echaba en falta algo del refinamiento del hip hop británico original como complemento de la explosividad de su hermano pequeño sucio.

Big Dada, un sello que lleva tiempo buscando gente que pueda combinar unos ideales progresivos de sonido con el éxito comercial, confía en que DELS pueda ser la respuesta. Su single del año pasado, el espectacular y acuoso “Shapeshift”, es el matrimonio perfecto entre el “Pass Out” de Tinie Tempah y “Witness...”, e incluso aquí aparece Manuva en persona para dar cuenta con su carisma de la marcha militar amenazante que es “Capsize”. Y aunque el enfoque de ese tema es político abiertamente (“ Cameron better steer clear of my arse!”), sabe apartarse de capullos con gorro de lana com N-Dubz, a la vez que la estruendosa “Violina”, producida por la reputada entusiasta del grime Micachu, le debe muchísimo a las últimas hordas del rap inglés.

E incluso así, “Violina” concluye con una coda tranquila con sonidos de xilófino: hay algo impredecible, en cuanto a sonido, que impregna el disco de principio a fin. El tema de apertura, “Hyrdronenburg”, cambia de forma: de una arenga en contra del desempleo dirigida por líneas de sinte pasa a ser una meditación introspectiva y minimalista con campanillas delicadas, mientras que el último track dibuja una transcición de los temas depresivis de las canciones precedentes – “DLR” va sobre la gente sin techno; “Droogs” trata sobre la violación– para acabar transmitiendo un esperanzador mensaje de autoprotección: “I won't be swallowed by the gob / swallowed by the darkness / swallowed by the fog”.

De todos modos, el fuerte de DELS no es la destreza verbal, sino su gusto depurado y ejemplar. Mientras por una parte sabe rapear con elegancia, las letras no suelen ser memorables. Pero por el simple hecho de escoger a Micachu, Kwes y Joe Goddard (de Hot Chip) como ayudantes en la producción de la música, DELS se ha asegurado tener un debut de impresionante amplitud musical e imaginación. Personalmente, habría reducido las aparciones vocales de Goddard (su manera de cantar, lacónica y grave, pone en riesgo la energía del disco), pero nunca dudaré de su habilidad tras la mesa de mezclas. En lo que se refiere a Kwes, su aportación es igual de buena que la de sus trabajos previos para The xx y Damon Albarn. No hay un duelo de egos que juegue a la contra del disco, así que éste siempre suena como dirigido por una misma mano, sin que se perciba un choque de personalidades conflictivas que demandan su cuota de atención.

El resultado es un álbum que conecta de manera exitosa los dos extremos del rap británico, y es lo suficienentemente experimental, atractivo y consistente como para resistir la mirada de la mayoría del hip hop contemporáneo venga de donde venga (aunque hay que tener en cuenta que un Ford Coupé de 1932 con un neumático pinchado suele ser más consistente que la mayoría de discos de hip hop). ¿Tendrá DELS una oportunidad para sumarse a Tinchy Stryder y compañía en las listas de éxitos? Probablemente no. Pero mientras “Shapeshift” siga sonando constantemente en la radio mainstream y cuente con un equipo bueno y talentoso, siempre habrá una esperanza de que sea el hombre que satisfaga las necesidades de los verdaderos aficionados al hip hop británico.

Kier Wiater Carnihan

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