Go Go

Álbumes

Jónsi JónsiGo

8.8 / 10

Jónsi  Go

XL / EMI

“Hoppípolla” es el tipo de canción que le cambia la vida a un grupo. El hit, inapelable, longevo y de alcance popular –todavía hoy se utiliza con premeditación y alevosía en anuncios o montajes televisivos–, piedra angular del nunca suficientemente valorado “Takk...”, para quien esto escribe mejor disco de la carrera de Sigur Rós, no solamente reformuló el discurso musical de la banda islandesa y, de alguna forma, inauguró un periodo con nuevo oxígeno y de mayor ambición pop en el seno del grupo, ejemplificada en grado superlativo en “Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust”, sino que también es el germen y el origen de lo que ahora mismo podrá convertirse en uno de los álbumes de 2010, este alucinante debut en solitario de Jónsi, cantante, compositor y líder de la formación.

Comenta el vocalista que muchas de las canciones incluidas en “Go” fueron escritas en los últimos años, pero que ninguna de ellas acabó encontrando su sitio en la dinámica de Sigur Rós. De inspiración acústica en sus primeros pasos, cobraron vida propia y explosividad melódica a medida que avanzó el proceso de gestación y entraron en juego colaboradores externos, sobre todo Nico Muhly, el gran arreglista del circuito indie, todavía hoy promesa en ciernes del entorno neoclásico, que indudablemente ha añadido punch, fuerza y carácter exultante al resultado. Y analizado en conjunto, se entiende por qué estas nueve composiciones no encontraron sitio en los dos últimos discos del combo islandés. En Sigur Rós el tono es ambivalente, muy supeditado al crescendo y el desarrollo progresivo; en “Go” no hay tanta dependencia de la evolución y las canciones van directas al grano, casi todas ellas de cuatro minutos de media, incluso con su estructura más clásica de estrofa y estribillo, y en la gran mayoría con una sensación de euforia permanente que le da un aire notoriamente distinto al resultado.

Es decir: la diferencia básica entre el último disco del grupo y éste –en ningún caso contabilizamos la sólida aventura ambient de Jónsi con su compañero sentimental y artístico Alex, que come aparte– estriba en la idea de canción que tienen ambos y también en la forma que tienen de llegar a ella. “Go”, que ya desde su título vitalista, de puro fulgor vital, se posiciona con el oyente, persigue y abraza el concepto de himnos desde el minuto uno, sin transitar en ningún momento por el desarrollo instrumental, la sumisión atmosférica o la creación más o menos forzada de tensiones y distensiones. Incluso los dos o tres instantes más solemnes –“Tornado”, con probables reminiscencias de los Radiohead de “Amnesiac”, o “Hengilás”, dueto a cuerdas y voz que corta el aliento– no se obsesionan con el clímax ni la catarsis, están dotados de sutileza emocional, de una serenidad expositiva que no pasa desapercibida. Tan sólo “Grow Till Tall” acaba cayendo en la vieja trampaa del crescendo, pero ni con ésas, porque es como si Jónsi hubiera aprendido a condensar en menos tiempo aquello para lo que antes necesitaba el doble de minutos. El post-rock de antaño, ruidoso, de piñón variable, tormentoso y atormentado, deja paso una imagen sonora más nítida, limpia, reconfortante y vitalista. No se esfuma el vaho melancólico que siempre ha acompañado la voz y la forma de componer de Jónsi, pero es una melancolía más energética y poderosa. De la misma forma que se me hace difícil pensar en “Takk…” como una compañía idónea para salir a correr diez kilómetros por la mañana, “Go” sí podría funcionar en ese contexto, por su empuje, por su optimismo honesto, por su joi de vivre melódica, por su innegable perfume veraniego. Mi Nike+ lo está pidiendo a gritos.

El elemento diferencial con Sigur Rós no termina ahí. Musical e instrumentalmente también sobresalen algunas peculiaridades que podrían aportar mucha frescura y movilidad a un futuro disco del grupo. Para empezar, Jónsi se ha desembarazo de las guitarras y la distorsión, algo así como la columna vertebral de la banda. Fuera guitarrazos, fuera descargas de acordes en tensión, fuera pedaleras y fuera feedback furioso. Ganan peso los pianos, los instrumentos de viento, los arreglos de cuerda, algún retoque electrónico y las percusiones. El añadido de la percusión, a cargo de Samuli Kosminen, ya tuvo algo de importancia en “Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust”, y se notó perfectamente en el balance general del disco, pero es que aquí lleva la voz cantante del discurso, sin miedo ni vergüenza, imponiendo un ritmo alto, casi bailable, en los hits más claros del recorrido, las portentosas “Go Do”, “Animal Arithmetic”, “Around Us” o “Boy Lilikoi”, pura aceleración de las pulsaciones y demostración más que palpable de que se puede prescindir de la guitarra eléctrica o la guitarra al uso para generar nuevas bocanadas de emoción pop. La reinvención o maduración de Sigur Rós pasa por la asombrosa sintaxis pop de estos tres fogonazos: si aquí no está el futuro del grupo habrá que pensar en abandonar el pop definitivamente y pasarse al jazz.

La utilización de la voz o de las dobles o triples voces, el peso específico de los arreglos de cuerda, la producción espaciosa, de impecable fondo blanco, la estilización instrumental, la adopción consciente del inglés como idioma expresivo, el mismo sentido de inocencia e ingenuidad y un bagaje que nos deja un mínimo de cinco singles indiscutibles dan alas, vida, sentido y plenitud total a un proyecto que, más allá de su carácter espontáneo y complementario, y por supuesto más allá de sus portentosos acabados y su emoción contaminante, puede acabar convertido en referencia y fuente de inspiración para una nueva etapa de unos Sigur Rós que a estas alturas ya piden a gritos lanzarse, sin titubeos, de cabeza, a la piscina del pop animado.

David Broc

Próximamente en Sónar. Compra aquí tus entradas.

* Escucha el disco en su myspace

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