Go With Me Go With Me

Álbumes

Seapony SeaponyGo With Me

6.1 / 10

Seapony  Go With Me

HARDLY ART

Seapony llamaron a nuestras puertas el verano pasado, más o menos por las mismas fechas en las que Best Coast publicaban su debut, “Crazy For You”. Lo hacían con un EP homónimo que contenía, entre otras, la prometedora “Dreaming”, primera canción que este trío de Seattle escribió. Aunque el compositor Danny Rowland, su novia y cantante, Jen Weidl, y el bajista Ian Brewer se conocieron muchos años antes coincidiendo en distintos puntos de Estados Unidos, no fue hasta 2010 que se establecieron como un grupo propiamente dicho. Por aquel entonces, ese fresquísimo sunshine pop reminiscente de bandas de los sesenta y que contenía retazos de dream-pop, twee y noise-pop estaba en la cresta de la ola, pero han esperado casi un año para publicar su primer disco, “Go With Me”, y seamos honestos, en todo este tiempo multitud de formaciones de nuevo cuño como Wild Nothing, No Joy o Beach Fossils han surgido para llenar un hueco que ya pareció estar a punto de rebosar con Tennis.

La culpa no recae ni mucho menos sólo en el timing, sino en que todas estas bandas que mencionábamos están varios escalones por encima de los de Seattle. Por tanto, “Go With Me” no nos ofrece nada que no hayamos escuchado antes y mejor. Sí, hay una serie de canciones que por su simpleza, desenfado e inmediatez –muchas apenas pasan de los tres acordes y más de la mitad de las piezas del álbum duran menos de tres minutos– valen la pena para alguna tarde de calor. Es difícil no enamorarse de las palmas de la adictiva “So Low”; la adormilada voz de Jen Weidl encandila en “What You See”; y “I Really Do” es la clásica canción de mixtape para regalar a los fugaces amores de verano. No en vano, las letras, aunque empalagosas y cargadas de tópicos (cojamos una sonrojante muestra: “I miss you everyday / I wish you’d stay”), hablan de ellos. Quizá podamos resultar un poco injustos teniendo en cuenta que Bethany Cosentino no es ni mucho menos la mejor compositora que ha dado el indie pop reciente, pero en sus canciones intuimos cierto espíritu irónico y de autocrítica. Y más aún, la prosa de Danny Rowland está muy por debajo de la de The Pains Of Being Pure At Heart (otro de los grupos actuales a los que nos recuerdan, por ejemplo, en “Always”, uno de los platos fuertes del disco).

Hacer de esa simpleza o espíritu humilde, que ellos dicen recoger de grupos como Beat Happening o Young Marble Giants (desde luego, están más cerca de los primeros que de los segundos), el leitmotiv de este trabajo quizá ha sido un grave error. Porque las canciones pasan una detrás de otra como un soplo de aire, no en un sentido positivo, sino que algunos pasajes del disco se hacen repetitivos, y lo peor de todo, la mitad del álbum lo borraremos de nuestra memoria en poco tiempo. Algo que parece que, tarde o temprano, puede acabar ocurriendo con esta sobresaturación de revival sesentero si las bandas no empiezan a ponerse ya las pilas.

Álvaro García Montoliu

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