Go! Pop! Bang! Go! Pop! Bang!

Álbumes

Rye Rye Rye Rye Go! Pop! Bang!

7.3 / 10

Estados Unidos sigue trastocada. Desde que el gueto empezó a fascinarse por la música de baile más bastarda de los polígonos industriales, el hip hop se ha ido ganando a cambio el corazón de los feligreses del pop cani. Nicki Minaj ya lo dejó claro hace poco en su último disco, Pink Friday: Roman Reloaded: si quieres quedarte con la mayor parte del pastel no sólo debes intentar parecerte a Missy Elliott, sino también ganarte las simpatías de aquellos que babean con la curvilínea figura de Rihanna. Beats pesados, un buen arsenal de estribillos dignos de ser escritos por una niñata de quince años y, en definitiva, un buffet libre de melodías que tanto puede hacer las delicias de las más crápulas de Harlem como de la pija del Upper East Side que busca la mejor compañía en los retretes. Así es “Go! Pop! Bang!”, el esperado debut de Rye Rye, la protegida de M.I.A. que mandó literalmente al cuerno a Blaqstarr después de que éste la catapultara como una gran promesa gracias a aquel “Shake It To The Ground” que tanto daño hizo a nuestras neuronas hace cinco años.

Como buen disco de intención pop (encubierto) que es, siempre hay morralla como “Sunshine”, en el que M.I.A. le echa un cable a sabiendas de que el tema suena a demo, a descarte que por vagancia extrema no ha querido limarse lo más mínimo durante la post-producción. No obstante, mandando esa insulsez hecha canción a la papelera de reciclaje, nos queda un disco frenético en el que tanto se cogen de la mano bombas de sonido B-more y guetto-house como “Dance” o “Drop”; medios tiempos de zorrupismo en vena (lo que ocurre en “Crazy Bitch” con la compañía de Akon), y mamarrachadas ilustradas de dance con dejes tranceros que buscan colarse en los primeros puestos de iTunes y en nuestras perturbadas cabezas cuando, soplando en el alcoholímetro, sólo aparece el logo de Jägermeister. Eso último es lo que ocurre en “DNA” (gentileza del churrero RedOne), el remix de R3hab de ese “Never Will Ne Mine” que se vale del hitazo de Robyn, o ese “Boom Boom” cachondo hasta decir basta que tiene las agallas de reivindicar a los inmortales Vengaboys. Si combinas este disco con un buen machaque en el gimnasio y una dieta sin grasas saturadas, en unos meses te quedas más esquelético que Mario Vaquerizo.

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