Glow In The Dark Safari Set Glow In The Dark Safari Set

Álbumes

Isan IsanGlow In The Dark Safari Set

7.4 / 10

Isan  Glow In The Dark Safari Set MORR MUSIC

Si apagas la luz y de repente te ves transportado a un mundo onírico, fantástico y de colores brillantes, entonces es que Isan han vuelto a grabar un buen disco. A estas alturas de su carrera, después de trece años peleando por seguir en pie y no desaparecer víctima de las modas, al dúo no hay que pedirles más que se esfuerce, que haga bien su trabajo y que el disco que nos acaben entregando sea fiel a sus señas de identidad: IDM transparente, ingenua y encantadora. Han pasado un total de cuatro años desde “Plans Drawn In Pencil”(Morr Music, 2006) y este “Glow In The Dark Safari Set” llega de manera inesperada porque Isan es de esa gente que no se hacen notar, que se pasean por la escena musical con discreción y que todo lo que graban lo van elaborando con paciencia hasta que están seguros de que está perfectamente acabado y en orden. Pero aunque llegue sin avisar, hay que mantener la costumbre de escuchar todo lo que venga de Isan. No son ni infalibles ni revolucionarios, pero su música conserva la capacidad de transformar el espacio, de hacer que la habitación en la que estás sea más cálida, permite que la memoria retroceda hasta épocas que creías olvidadas y, en el mejor de los casos, te devuelve a los días felices de tu infancia y a aquel verano tan especial. Hay algo que no cambia en lo que hacen Antony Ryan y Robin Saville: siguen siendo maestros de la canción de cuna electrónica. Sus piezas están desbordadas de melodías candorosas, entran por el oído con una finura admirable. Este nuevo álbum no es una excepción.

Lo interesante de “Glow In The Dark Safari Set”, en todo caso, sería cómo el paso del tiempo puede llevar a que tus canciones –sin que éstas haya cambiado– se puedan analizar bajo prismas distintos. Hace poco menos de una década, cuando Isan cambiaron Tugboat por Morr Music, se estaban produciendo cambios de enfoque en la música electrónica de dormitorio: la melodía cobraba más importancia que la complejidad de las construcciones rítmicas, el peso de la influencia del pop se notaba más que el del techno. Era cuando el indie-pop substituía sus guitarras por samplers, cuando sellos como Carpark empezaban a reclamar su espacio. Isan no eran exactamente gente del pop con curiosidad por una electrónica de primera hora de la mañana, pero sí que sabían cómo darle forma a una melodía para que pareciera sacada de una cajita de música, tan frágil que parecía que se fuera a romper. Pero ahora hay motivos para señalar a Isan como precursores de esa palabra que hoy está tan de moda: hipnagogia –es decir, la música que suena como una memoria borrosa del pasado, tan borrosa que se confunden lo real y lo imaginado; no es un revival, sino una recreación desde el presente de música que no se recuerda con exactitud quizá porque nunca se escuchó bien–. El uso de equipo analógico antiguo, o la recreación de las texturas de sintetizadores modulares por medio del software digital, han ayudado a Isan a crearse una doble identidad: la de artesanos de la electrónica infantil y la de conservadores de rasgos de la música cósmica alemana y la library music. Es interesante comprobar cómo donde antes escuchábamos sólo unas notas amable con aroma retro y unos glitches delicados, ahora podemos escuchar la recreación de un mundo sónico ya perdido.

Tomemos como ejemplo “Channel Ten”, la primera del LP: no parece inspirada en los Kraftwerk de “Trans Europa Express”, sino que apunta más allá, es un tributo disimulado en el que los colores han perdido intensidad y las líneas melódicas se han difuminado por el desgaste del tiempo. Ocurre una cosa, sin embargo: si a esto lo vamos a llamar hipnagogia, quizá habría que remontar el concepto hasta Boards Of Canada y los primeros Broadcast –incluso más allá– e incluir a Isan en la breve lista de pioneros a los que ahora se les puede citar como originadores y no como seguidores de la corriente. Porque ellos son los de siempre: hay nanas electrónicas como “Device” –del mismo tipo de las que diez años atrás sabían hacer Leila o Marumari–, hay instantes que incluso se remontan a discos primitivos de sintetizador como los del japonés Tomita “The Axle” podría estar en “Snowflakes Are Dancing” (1974)– o el primero de Suzanne Ciani, alias ‘Lady Buchla’ – “64 Fire Damage” tiene algo de aquel “Seven Waves” (1982) tan romántico, tan ingenuo–, y en general todo el disco transmite esa sensación de sonar después de un mastering a fondo –para darle algo de brillo– después de haber sido rescatado de una tienda de vinilos antiguos en la que hubiera reposado durante treinta años. “Glow In The Dark Safari Set”, como indica su título, destella en la noche y es una excursión a lugares primitivos y puros – “Greencracked”, “Slurs And Slowly”; sólo rompe la simetría el lounge espacial de “Eastside”–; es, en definitiva, un viaje imaginario al país en el que nacen los sueños y los sistemas solares.

Tom Madsen

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