Gloss Drop Gloss Drop

Álbumes

Battles BattlesGloss Drop

7.5 / 10

Battles  Gloss Drop WARP

El caso de Battles no es el primero ni el último de grupo que debe hacer frente a la marcha, o huida, según los casos, de su miembro más emblemático en el momento más decisivo de su carrera. Y no es el primero ni el último caso en que el drama de la situación de cambio y shock repercute de manera positiva y alentadora en su propio devenir artístico. Cuando Tyondai Braxton anunció que dejaba la formación para dedicarse a sus propios menesteres artísticos muchos pensaron que su futuro estaba en una seria encrucijada y que la continuación de “Mirrored” estaba condenada al fracaso. Suspiremos, porque una vez más la realidad se ha encargado de ponernos en nuestro sitio y nos ha pintado la cara: Battles están más vivos que nunca y su regreso discográfico, el magnífico “Gloss Drop”, pone de manifiesto que no, que no había para tanto y que los supervivientes de la banda han sabido reconducir esta crisis.

De hecho, si uno atiende a los argumentos de este nuevo disco se dará cuenta de que en realidad no hay tantos cambios respecto a su predecesor. Es obvio que la personalidad creativa y expresiva de Braxton impregnaba el sello y los rasgos de sus canciones, y que en detrimento de sus prestaciones el grupo ha tenido que plantearse algunas alternativas sonoras –vocalistas de encargo, simplificación de las ecuaciones instrumentales, más proyección pop, menos rotundidad rock– para salir adelante, en algunos casos incluso ventajosas para su propio interés, pero incluso así estos nuevos Battles siguen manteniendo las señas de identidad más características y reconocibles de su fórmula y consiguen que “Gloss Drop” no esté tan lejos de “Mirrored” como podíamos esperar.

La ausencia vocal de Braxton, una pérdida irreparable por su personalidad inimitable, la han equilibrado con la presencia de Gary Numan –sí, él–, Matías Aguayo y Kazu Makino. Cada uno a su manera aporta frescura y dinamismo al concepto, en una decisión que parece más lógica y racional que la de buscar a algún cantante clónico que se limitara a fotocopiar el original. Para compensar su huida, y la fuerte influencia que este podía tener en la dinámica compositiva del grupo, el resto de componentes han derivado sus intenciones hacia un sonido más liviano, lúdico y agitado (¿bailable?) que no le tiene miedo al descaro pop, a cierta pátina tropicalista y a una panorámica general más desenfadada que, a la postre, nos acaba enseñando una versión menos cerebral y sesuda de ese math-rock que, por suerte, todavía golpea y empuja con la misma fuerza intensidad de antaño.

Julio Pardo

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