Ghost Story Ghost Story

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Blue Fields Blue FieldsGhost Story

6 / 10

Blue Fields

Hace unos días Geoff White rescataba su alter ego más coffe table music, Aeroc, y se marcaba una suite chilloutesca de sandalias de cuero, chilaba y malabares. Servidor ya dio buena cuenta del ligero fiasco. Curiosamente, volvemos a transitar el mismo relato, a sufrir los picores de la misma liendre downtempo, pero esta vez con Mike Shannon como protagonista de la fábula electro-hippy. El DJ y productor canadiense, fundador del sello Cynosure, ha decidido sacar un cepillo para terciopelo y dejar que las cedras acaricien con mimo la pepitilla mental del oyente fumado y sensible. Fuera minimal ketaminado. Fuera palpitaciones bailables. La cosa va de jazz brumoso, electrónica leftfield, dub blanco y trip hop con chorreras.

Para alcanzar su meta, Shannon ha unido bíceps con dos cómplices. El primero, el japonés Takeshi Nishimoto, guitarrista que, según indican los escritos, ha colaborar con John Tejada el proyecto de pop atmosférico I’m Not A Gun. El segundo, la cantante Fadilla, voz cálida de procedencia germano-turca para darle el toque melódico a este humus letárgico. Sí, lo sé: virtuoso de las seis cuerdas, voz femenina exótica, electrónica relajante; la cosa pinta fea, una película que se ha visto cientos de veces. En este sentido, “Ghost Story” no ofrece nada que no sepamos desde la edición de “Blue Lines”. Lo digo, porque “New Shade of Blue” es una fotocopia demasiado granulada y chillona de Massive Attack. En ese terreno, por mucho que aparezca alguna ventosidad digital para darle un poco de contemporaneidad al caldo, los mitos de Bristol ya lo dejaron todo escrito y reescrito.

Nadie dice que la ambientación no esté conseguida. Nivel de producción exquisito, detalles trabajados, teclados oníricos estilo Rivendel, instrumentación elegante, todo está en su sitio para que nos sintamos como en un spa o en el lavabo de Cafè del Mar con toda la bajona. A ello contribuyen atmósferas neblinosas como la de “Seven x Seven”, con una base house slow motion, pellizcos guitarreros al más puro estilo Santana y sintetizadores con más azúcar que una tienda Dunkin’ Donuts. También “The Hive”, el corte en el que minimal y melancolía lounge se funden con mayor claridad.

Sólo algunos despuntes de talento en clave de dub lloroso le dan al álbum cierta entidad. Magnífica e inquietante “Why Continue The Lie”; desgarradora y atenazadora “Bones & Butterflys” –jazz lynchiano 100%–; abisal y tierna “That’s What It Was”… Más allá de algún triunfo ocasional en el tracklist, no son muchos los halagos que uno encuentra bajo las piedras para esta gran redundancia musical abonada a lo que antes se llamaba chill-out y ahora, como el Maligno, responde a una legión de nombres. Para entendernos: el clásico disco que suena en las tiendas de velas perfumadas, sales de baño y pijamas de cáñamo.

Escucha el disco aquí.

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