Ghost Blonde Ghost Blonde

Álbumes

No Joy No JoyGhost Blonde

7.9 / 10

No Joy  Ghost Blonde

MEXICAN SUMMER

No Joy es uno de los flamantes fichajes del siempre atento sello Mexican Summer. Son dos chicas, Laura Lloyd y Jasmine White-Gluz, y ambas cantan, tocan la guitarra, son de Montreal, les encanta el shoegaze y, en general, la música que se hacía en los noventa y, además, son grandes amigas. El proyecto surgió, curiosamente, cuando la segunda dejó la ciudad para huir del gélido invierno y trasladarse unos meses a Los Ángeles. Empezaron a escribir canciones en una cadena infinita de mails sobre lo deprimidas que se encontraban por haberse separado. Finalmente, Jasmine volvió, remataron la faena juntas y de ahí salió su debut, “Ghost Blonde”. Unos temas que causaron grandes sensaciones en Bethany Cosentino, que en uno de tantos arrebatos twitteros escribió: “Son la mejor banda de la historia”. De ahí a que se las llevase de gira junto a Wavves.

Sentimos tener que contradecir a la auténtica “California gurl”, pero no, no lo son. Sin embargo, de toda esta escena revival de los sonidos noventeros, es sin lugar a dudas uno de los grupos a seguir (colosal ese cierre infinito). Abren con “Mediumship”, que lo mismo recuerda a los girl groups de los sesenta como a los Pixies. Las guitarras afiladas como cuchillos japoneses que resuenan a lo largo de “Ghost Blonde” las acercan más al shoegaze de los My Bloody Valentine del “Isn’t Anything” o a Ride que a la vertiente más ensoñadora de grupos como Slowdive. Pero éstas también se tornan pesadas como un yunque de Coyote y Correcaminos en piezas como “Maggie Says I Love You”. Ceden el protagonismo al bajo en la brevísima “You Girls Smoke Cigarettes?”, una pieza de twee-pop vigoréxico.

Las chicas a menudo se dejan llevar por el excesivo uso de capas y capas de guitarras aderezadas con multitud de efectos de distorsión. El resultado quizás hubiese salido más áspero si no hubiese estado en el estudio Sune Rose Wagner de The Raveonettes para poner orden y que la mezcla sonase algo más nítida de lo que en principio hubiesen querido las chicas. No cabe duda de que se entendieron a la perfección, pues sus influencias son parecidas. Un buen ejemplo de contención se encuentra en “Indigo Child” y en la primera mitad de “Pacific Bride”. Sin embargo, esta última deviene en un huracán que convierte a las chicas en Kim Gordon. Siguen con las influencias de Sonic Youth en “Hawaii”, otra canción para girar cabezas del revés.

Hay quien pueda empezar a estar cansado de grupos como éste, que tiran del shoegaze y de la baja fidelidad. Algo que en cierto modo puede ser razonable, pues empiezan a ser muchos, y algunos se hacen repetitivos, pero No Joy tienen personalidad propia. Sí, su sonido no deja de recordar a infinidad de bandas de los noventa, pero han conseguido empaparse de toda esa música para ofrecer algo vibrante que, a poco que empiecen a coger tablas sobre el escenario, harán que el público sonría y enfoque su flequillo hasta los pies, mientras les sangran los oídos como si fuese lo más normal del mundo.

Álvaro García Montoliu

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