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Actress ActressGhettoville

8.8 / 10

La música de Actress siempre ha estado envuelta en neblina. En “Hazyville” (2008), su prometedor álbum de debut, ya se identificaban de manera prematura, y no sólo por el título, algunos de los recursos estéticos que cristalizaron en diamante en esas dos obras maestras del techno contemporáneo como son “Splazsh” (2010) y “R.I.P.” (2012), sendas exploraciones de la atmósfera tenue y gomosa, del ritmo inestable capaz de disolverse en cada beat: los tracks de Actress resultaban fascinantes porque su forma era irregular pero sólida, a la vez que su textura era blanda y su efecto narcótico. En cierto sentido, el londinense Darren J. Cunningham se llevaba a su terreno, típicamente inglés, el imaginario mítico del techno de Detroit: consistía en ser más terrenal que espacial, en proyectar viajes por la ciudad solitaria a las cuatro de la madrugada en busca de una cama donde reposar en vez de periplos por la galaxia huyendo de una realidad insatisfactoria en este planeta. Actress es (era) a Moodymann y Theo Parrish lo que Burial a todo el dubstep: música de máquinas con el alma enferma y la herida abierta a la que le hacía falta un tibio baño de vapor.

Entre “R.I.P.” y “Ghettoville” lo que ha ocurrido, aparentemente, es que Actress se ha cansado de muchas cosas. Es difícil penetrar en su pensamiento porque siempre ha sido reacio a las entrevistas, de cada diez que se le pedían concedía media, y las pocas veces que ha hablado ha sido con el mensaje codificado de forma que resultaba casi imposible comprender lo que quería decir de verdad. El cansancio ya estaba anunciado desde el mismo título de “R.I.P.” -sí, aquel tenía que haber sido el último disco, el signo de su descontento era tan evidente que no se le hizo caso, pensando todos que era un simple recurso gráfico o unas siglas en clave-, y antes de lanzarse “Ghettoville” la intención era todavía más diáfana: en la web de Werk se lee que “las máquinas se han vuelto de piedra, la señal escribe el obituario de su dueño. Una dosis ya no calma el dolor, es una maldición frágil. La satisfacción es nula, no hay mordiente, los pseudo artistas crecen sin control, y aún así el camino continúa”. O lo que es lo mismo: Actress parece decirnos que lo deja, que ya no habrá más discos después de este. Al menos no más discos suyos pero sí en su sello. O al menos no más discos como Actress, para renacer cual Fénix.

En ese sentido, “Ghettoville” puede interpretarse como el cierre de un ciclo de seis años en los que la idea de techno abstracto ha cambiado decisivamente gracias al concurso de Actress y su aproximación quebrada al ritmo y a la textura. Y el cierre es todavía más radical que “R.I.P.”: hasta ahora, Actress mantenía una cierta lógica en su producción, nunca dejaba que se le derrumbara el edificio por una pieza mal puesta, aunque ese bloque estuviera corroído por los sulfatos, el agua y el tiempo. Aunque sus formas fueran abstractas, tenían redondeces y puntas, un volumen generoso, sensación de masa condensada. Aquí hay, en cambio, una huida hacia delante que sólo podía producirse por la desintegración de buena parte de su lenguaje. No se comprende exactamente a qué idioma musical se adecua Actress -una rastros de techno y deep house, pero como si hubieran desaparecido tiempo ha y sólo hubieran dejado una ruina-, porque su lenguaje para “Ghettoville” es el de la destrucción y el olvido. Por ejemplo, el comienzo: “Forgiven” empieza como si fuera un viejo disco de Tricky o Techno Animal, con una base perezosa, oscura y pesada sobre la que ondula un bajo que parece pesar una tonelada. Es un engarce elegante y necesario con la tradición de la música británica que remite a la decadencia y el pesimismo urbano, sonidos de aceras mojadas en la noche, de ladrillos grises y visibilidad mermada por la niebla (siempre la niebla). Y luego van sucediéndose piezas que son como viñetas en una novela gráfica sin mucha relación entre sí más allá de la forma y el espíritu. “Street Corp” es una rodaja de bass minimalista y agriado, otro bajo que retumba en los subterráneos y un loop crujiente, como una versión negra como el carbón del sonido de Pole. El dub en su sentido más experimental es mucho más importante en “Ghettoville” que la del techno como abstracción, a pesar de “Rims”, que marca un hito interesante, con su bombo seco, en la variante ralentizada del bombo 4x4 según Andy Stott y otros artistas del sello Modern Love.

En conjunto, “Ghettoville” podría ser un resumen de todo lo interesante que ha dado la música electrónica made in UK en los últimos años: screwed techno, drones sin la carga violenta pero con toda la oscuridad envolviendo sus zumbidos, bajos a paso de tortuga pero con el peso de un mamut, crujidos como de muro agrietado, clubes en la lejanía que palpitan como si fuera un corazón a punto infartar, IDM de otro planeta, house desgastado por la lejía y el papel de lija de los equipos de producción baratos. Cuando el camino parece todavía recién empezado, “Contagious” es como el sonido de una planta de reciclaje de metales a punto de caerse por oxidación, y “Our” el intento de extraer algo de belleza, con un loop grácil, donde sólo parece haber decepción y brazos bajados. “Time” es el sonido de lo estático, no hay avance, es una congelación con pulsos que podrían venir de Mika Vainio, “Towers” es techno acercándose a la temperatura de cero absoluto y “Skyline” su violento contraste, como si Detroit de repente reverdeciera en una rave fantasma -de hecho, el disco parece revivir con el R&B espectral de “Rap” y el hip hop cancerígeno de “Rule”, el ejercicio ambient con sampleo vocal hermoso de “Don’t” y el último fogonazo techno en la espasmódica “Frontline”. Pero el disco ya se ha diagnosticado como incurable: “Grey Over Blue”, en una versión algo más corta y mucho más estática que la del 12”, confirma que todo lo anterior había sido una ilusión, que eran los últimos movimientos de un condenado a muerte.

Actress posiblemente tenga razón en irse. “Ghettoville” es demasiado bueno en un panorama por lo general mediocre, donde cuesta encontrar no ya discos concretos, sino proyectos con personalidad e idea a largo plazo fuera y dentro de la música electrónica. Vuelva o no, cambie o no, la tetralogía que ha firmado quedará para siempre como un momento excepcional en la cadena histórica del techno inglés -llámese inteligente o no, dubby o no, experimental o no-, con un último capítulo mucho más difícil y arisco, quizá más denso y a la vez más fantasmal. Tal como empezó, la carrera de Actress acaba (que sepamos) con una capa de niebla. La niebla, que no deja ver pero que se ve, que se pega la piel de manera imperceptible, que deforma la realidad hasta transformarla en algo inimitable, siempre ha sido la clave de todo.

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